18 de octubre de 2019, 8:01:52
Opinion


El verdadero enemigo del cine español



El todavía presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, decía el domingo en su discurso en la gala de los Goya que el cine español no debe temer a Internet. En efecto, el enemigo del cine español no son las descargas ilegales, ni los “internautas” que se apostaron en la puerta del Teatro Real para mostrar su descontento con la Ley Sinde, ni las películas americanas. El auténtico enemigo del cine español es él mismo o, a juzgar por las cifras, el propio público español. Y es que el que debería ser su caladero natural da la espalda a los cineastas españolas con unas cifras preocupantes.

La industria cinematográfica española sobrevive a base de subvenciones que son mayores que lo que recaudado. El pasado año las películas españolas recaudaron 69,7 millones de euros frente a los 89,39 que recibieron en forma de subvenciones. Además, los ingresos en taquilla bajaron un 34% en comparación con 2009.

Decir que el cine español se limita a películas politizadas y comedias intrascendentes sería simplista y falso. Como bien se vio en la gala de los Goya, la creatividad y el talento están a la orden del día en nuestro cine. Sin embargo, bien es cierto que salvo excepciones, los cineastas aún no han sabido –o querido-conectar con el público. Por supuesto que lo comercial no tiene por qué ser sinónimo de calidad. Pero eso no es excusa para que los cineastas olviden que el público es el objetivo último de su trabajo y que de la misma forma, la marginalidad no garantiza vanguardia y calidad. Todo esto, además, adquiere mayor importancia cuando la industria se sostiene con dinero público algo que, en general, no suele ayudar a crear proyectos competitivos.

El verdadero examen de conciencia que ha de hacer el cine español no reside en su postura hacia Internet sino en solventar el enorme abismo que le separa de su público natural, el español. El cine español debe aspirar a ser competitivo, apostar por nuevos contenidos y temas, por películas que puedan competir frente a frente con el todopoderoso cine americano sin complejos ni escudarse en papá Estado. Hay ideas, hay calidad y hay ganas. Ahora sólo falta cambiar la actitud victimista por la del luchador. Esa es la única forma de convertir en rentable una industria deficitaria que hoy por hoy, no nos podemos permitir.
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