18 de enero de 2020, 10:54:29
Opinion


Los nuevos censores prohíben fumar en el escenario

Enrique Arnaldo


Cuando leí la noticia me estremecí de risa, me entraron escalofríos de risa que se repetían. De pronto despareció y me sumí en el bochorno indignado ante el papanatismo y la ridiculez de un país de nuevos censores que deciden por decreto que no se puede fumar ni siquiera aunque lo exija el guión.

No dejemos de reconocer a estos fanáticos del prohibicionismo que operan con enorme delicadeza y consideración, pues no envían a los carros de combate a arrasar los centros de perdición ni gasean a los infractores del fumeteo. Les advierten mediante cartas que amablemente encierran amenazas de que caerán todas las penas del infierno (la sanción económica por fumar en lugar indebido es muy superior a las multas aplicadas a la mayor parte de los delitos y faltas).

Una de estas cartas fue remitida a los productores del musical “Hair, Love & Rock Musical” que se representa en el Teatro Arnau de Barcelona. Una denominada Agencia de Salud Pública del Ayuntamiento catalán les recriminó POR FUMAR EN EL ESCENARIO, advirtiéndoles del riesgo de sanción en el caso de que continuaran con semejante práctica. Y eso que los actores (presuntamente infractores) recrean el movimiento hippie de los sesenta que quemaba de todos menos tabaco.

Que se sepa aún no se ha personado la Guardia Urbana para cerrar el teatro y conducir detenidos a las mazmorras a semejantes presuntos delincuentes que violan frívolamente la ley anti-tabaco. No lo descarten, señores, porque se han dedicado inusitados medios de inspección a la vigilancia de su cumplimiento. No lo descarten, señores, porque si hasta un profesor universitario parece ser que ha pegado a un alumno renuente a pasar por el aro, qué no harán los guardianes de la nueva decencia por hacer cumplir los dictados de quiénes nos pretendan salvar. Los viejos portaestandartes de los panfletos a multicopista del “prohibido prohibir” vuelcan ahora sus esfuerzos en garantizarnos nuestro bienestar al modo y manera que ellos entiendan.

No es mi intención hacer sangre y voy a evitar todo comentario sobre las palabras de la Ministra de Sanidad, Leire Pajín, que animaba a los actores a hacer que fumas sin fumar del mismo modo que simulan su muerte (cuando todo el mundo sabe que no se mueven).

Pero me van a permitir que dé un tirón de orejas a los susodichos productores de “Hair”. Han caído en la trampa y se han excusado diciendo que los pitillos eran de herbolario y no de estanco (por cierto, con ello se ahorran una pila de impuestos). Pues no, señores, no tienen que bajarse los pantalones ante los fantoches del neotorquemadismo dándoles explicaciones sobre lo que tiene lugar en un escenario, altar de la libertad de expresión, de la que se han olvidado los acomodaticios inquisidores. No me choca en absoluto la indignación de Albert Boadella, en cuyo impresionante espectáculo sobre Amadeo Vives, se fuma y se huele incluso a tabaco, a tabaco de liar.

En fin, siempre nos quedará Berlín y la Berlinale en la que se ha exhibido el documental de Isabel Coixet sobre el Juez Garzón. No quedan localidades en los próximos cinco años para verlo. Se están organizando manifestaciones con el fin de que se habiliten nuevas salas de exhibición ante tamaño éxito cinematográfico.
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