9 de diciembre de 2021, 8:46:20
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Carl Gustav Jung: Sobre el desarrollo de la personalidad


Carl Gustav Jung: Sobre el desarrollo de la personalidad. Edición de Lilly Jung-Merker y Elisabeth Rüf. Traducción de Jorge Navarro Pérez. Trotta. Madrid, 2010. 208 páginas. 19 €


Este volumen, que hace el número 17 de la Obra completa de Carl Gustav Jung (1875-1961) editada por Trotta, es una colección de trabajos, a cual más interesante, sobre la psicología infantil, que el lector disfrutará junto al tono veraz y sencillo, propio del maestro, que no pierde el tiempo ni lo hacer perder. Por ello, merece ser destacada también la lograda traducción.

Parte Jung de que analizar a un niño es sumamente difícil pues su psique es parte de la atmósfera de la psique de sus padres. Esta vinculación conlleva que el niño padezca, por una suerte de extraordinaria contagiosidad, los estados emocionales de sus padres. De forma especial, los complejos y problemas no resueltos; pues, aunque los disimulen y vivan de espaldas a ellos, el niño los detecta: vive en un estado de participation mystique con sus padres. De modo que las influencias más fuertes no proceden del estado de consciencia de sus padres, sino de su trasfondo inconsciente, de su vida no vivida.

Dada lo anterior, entiende Jung que los trastornos nerviosos y psíquicos de los niños se deben a trastornos de la esfera psíquica de sus padres; y que son mucho menos la expresión de su propio ser o de una enfermedad genuina que el reflejo de influencias perturbadoras de sus padres. Por ello, “cuando un médico se encuentra ante el trastorno nervioso de un niño, lo correcto será que trate primero a los padres”.

Naturalmente es imposible que los padres no tengan ningún complejo, eso sería sobrehumano, pero los padres deberían aceptar sus dificultades anímicas con la mayor sinceridad, por el bien de sus hijos; pues el trastorno del niño suele desaparecer en cuanto los padres se deciden a arreglar su propio trastorno. “Lo único que puede salvar a un niño de sufrir un daño innatural es que los padres detengan su inconsciencia (…) Desde todos los puntos de vista, que los padres hablen claramente de sus problemas es mil veces mejor que dejar que sus complejos se propaguen por lo inconsciente”.

Pues el efecto venenoso no surge del conflicto ni dificultad visibles, sino de los inconscientes o mantenidos en secreto. “La problemática reprimida atraviesa hasta las paredes más gruesas del silencio y entra en el alma del niño. El niño está desamparado ante la influencia anímica de sus padres y copia el auto engaño, la falsedad, la hipocresía, la cobardía y la auto justificación egoísta, igual que la cera copia el sello que estampamos con ella”. Así, recomienda Jung que los padres desplieguen su personalidad y su ley propia; lo cual tiene un efecto curativo sobre la persona.

Todo ello se desencadena sobre otro principio de base: que el ejemplo es el mejor maestro; como, el mejor método educativo, que el educador esté educado. De poco sirven los discursos buenos y sabios, ni las órdenes. Lo que aprende, lo que copia el niño es la actuación, la vida real de los padres. “Los niños tienen un instinto casi inquietante para percibir los abismos de bondad y maldad del alma humana”, para distinguir lo auténtico de lo falso y, en suma, para detectar las deficiencias personales del educador. Por ello, “quien quiera educar tiene primero que educarse”; de lo contrario el educador empezará a corregir en los niños los errores que no corrige en sí mismo, lo cual es desastroso y naturalmente lo contrario de la educación.

Por Isabel Ferreiro
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