15 de octubre de 2019, 18:46:19
Opinion


PSOE: ajuste de cuentas en Cataluña y Madrid



El otrora poderoso “aparato” del PSOE ya no es lo que era. Férreamente controlado por Alfonso Guerra, primero y, sobre todo, por José Blanco, después, nada escapaba al poder de Ferraz. Pero cuando vienen mal dadas, las tornas suele cambiar. Fiel reflejo de ello es lo que ha pasado últimamente con las listas electorales de Barcelona y Madrid. En la capital, Tomás Gómez ha laminado a todos los que en su momento apoyaron a Trinidad Jiménez para colocar a los “suyos”, con el consiguiente malestar de Lissavetzky y compañía. En Barcelona, será Jordi Hereu quien dispute la contienda por la alcaldía de la Ciudad Condal, en detrimento de la candidata del “aparato”, Montserrat Tura. Se da la circunstancia de, en ambos casos, Ferraz había apostado por un caballo que, finalmente, no salió ganador, al menos a nivel interno.

El caso catalán es paradigmático del temor que produce a los socialistas barceloneses el doble efecto contagio entre los desmanes del tripartito -del que Tura fue parte activa- y del gobierno central, con José Luis Rodríguez Zapatero. Dos tremendos lastres de los que Hereu intenta como puede zafarse, aunque no es fácil. Lo de Madrid es diferente. Comunidad y ayuntamiento están gobernados desde hace tiempo por el PP con sólidas mayorías absolutas. Ello ha desembocado en el curioso fenómeno de los “paracaidistas” -la andaluza Trinidad Jiménez fue el último ejemplo-, que tan mal sabor de boca ha dejado al socialismo madrileño. Un socialismo que, de la mano de Tomás Gómez, ahora ajusta cuentas con quienes intentaron moverle la silla desde Ferraz, sin conseguirlo.

Nada que objetar a que cada uno incorpore a su equipo a aquellas personas de su estricta confianza. Pero que luego no intenten vender al electorado falsas imágenes de buen ambiente y serenidad. Ese mismo argumento que alguna vez el PSOE ha utilizado contra Rajoy –y con razón, dicho sea de paso- acusándole de no saber poner coto a los díscolos de su partido, se vuelve ahora en su contra, cuando asistimos a una suerte de “sálvese quien pueda, y a poder ser, sin Zapatero”. Diera la impresión de que ahora los socialistas intentan concurrir a los próximos comicios borrando en la medida de lo posible cualquier nexo de unión con un pasado demasiado reciente como para ser olvidado. Los “éxitos” de Zapatero, el tripartito y los “paracaidistas” madrileños son parte del legado presente del PSOE, y ello debe ser tenido en cuenta por el electorado a la hora de votar. Es legítimo para todos, socialistas incluidos, que uno quiera librarse un presente incómodo. Y es posible hacerlo. Para ello hay que renunciar a él convirtiéndolo en pasado. Si los socialistas quieren alejarse ahora de Zapatero, lo más honesto es que se libren de él. En otro caso, su destino aparecerá irremediablemente anclado en el del actual Presidente.
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