24 de julio de 2021, 13:54:47
Opinión


Ética y cultura

David Ortega Gutiérrez


Acabo de leer el libro de Francisco José Martín sobre la “Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín” que José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez, junto con lo mejor de la intelectualidad española, organizaron el 23 de noviembre de 1913 en la Real Villa, en apoyo del representante de la conocida Generación del 98 -a pesar de las no pocas tensiones intelectuales con la siguiente joven generación, la del propio Ortega y los novecentistas, la Generación del 14- para postular su entrada en la Real Academia de la Lengua Española. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es una referencia a uno de esos intelectuales, me refiero a Melquíades Álvarez, fundador junto con Gumersindo de Azcárate, un año antes, del Partido Reformista.

Dice así el autor en una cita larga, pero que merece la pena reproducir íntegra: “Los intelectuales novecentistas se movían libremente en ese ámbito y sintieron, desde su fundación, una fuerte atracción hacia el nuevo partido. Álvarez supo ganarse su apoyo con un encendido discurso en el que aparecían la ética y la cultura como ejes para atajar el problema político. Desde la política, quizá por vez primera en España, se reclama la acción transformadora de los intelectuales. Era música para sus oídos. Allí estaban José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Fernando de los Ríos, Luis de Zulueta, Manuel García Morente, Américo Castro, Federico de Onís, Enrique Díez-Canedo, Gustavo Pittaluga, Augusto Barcia, Filiberto Villalobos y un largo etcétera que constituye la plana mayor de la juventud intelectual”.

De entrada llama la atención, en contraste con hoy, el altísimo nivel intelectual que tenía la España de aquel tiempo, y faltan otros muchísimos nombres ilustres como Maeztu, Machado, Salinas, Pérez de Ayala, entre otros que, por ejemplo, colaboraron con los ya citados en octubre de 1913 en el Manifiesto de la Liga de Educación Política Española. Pero, qué me interesa destacar de la cita, sin duda, lo acertado del análisis de Melquíades Álvarez. Curiosamente su análisis perspicaz ha sobrevivido prácticamente un siglo, o visto desde otro punto, nuestra querida España no ha cambiado en exceso en sus problemas políticos de fondo: ÉTICA y CULTURA.

En la vida es fundamental jerarquizar y no perderse en cuestiones superficiales. No se puede parchear continuamente, o aparcar las grandes cuestiones. Tarde o temprano, mejor temprano, tendremos que ir a la raíz de los problemas. La resignación y la falta de pulso que hoy se percibe en nuestra vida pública sigue precisando, una centuria después, de una apuesta fuerte y decidida por la ética y la cultura, sin estos dos pilares poco o nada podemos hacer. Necesitamos personas preparadas en los puestos públicos importantes, de lo contrario España irá languideciendo paulatinamente, tal y como podemos constatar en la actualidad. Pero las cosas necesariamente no tienen por qué ser así. El progreso siempre surge de los insatisfechos, de los inconformistas que con inteligencia y generosidad, actúan para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Ética significa responsabilidad, vocación de servicio a los demás, visión de conjunto, sentido del deber, capacidad de sacrificio. Cultura supone un cierto bagaje de la vida, un actuar prudente, pasión por aprender, humildad, conocimiento de la historia, espíritu de grandeza, que no de soberbia.

Es lo que en el fondo demandan los ciudadanos, y el primer partido político que ande ambos caminos de manera decidida y constante, acabará por hacerse con el poder en las Instituciones, pues los ciudadanos cada vez tienen más claro qué quieren y qué no quieren. Por cierto, todo llega para quien sabe esperar, al final Azorín entraría en la Real Academia Española once años después, en 1924.
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