22 de septiembre de 2019, 20:19:00
Cultura

crítica de cine


En el centro de la tormenta: thriller ambientado en los escenarios del Katrina


El veterano director francés Bernard Tavernier firma con “En el centro de la tormenta” su primera película rodada íntegramente en Estados Unidos, una acción policiaca que se desarrolla en los escenarios más castigados por el paso del huracán Katrina, el condado de Louisiana, en el mes de agosto de 2005.


La cinta ha tardado dos años en llegar a España, pero lo cierto es que todo el periplo vivido por el filme protagonizado por Tommy Lee Curtis ha sido extraño y demasiado largo. Desde su rodaje en 2007, las desavenencias del director galo con su productor norteamericano, Michael Fitzgerald, fueron las principales causantes del mismo. De hecho, el productor acabó editando en EEUU una versión de la película, de 102 minutos de duración, directamente en DVD, mientras que Tavernier estrenaba la suya, de 117 minutos, en el Festival de Berlín, y que es la que finalmente acaba de llegar a nuestras salas cinematográficas.

Con un guión que incluye fantasmas de héroes de la Guerra de Secesión, la cinta narra la obsesiva investigación del detective Dave Robicheaux, creado por la pluma del escritor de novela negra James Lee Burke, a raíz de la aparición de los cadáveres brutalmente mutilados de varias jóvenes de la región. El policía, interpretado por un Tommy Lee Jones demasiado previsible, por conocido en ese tipo de papeles de hombres duros dispuestos a dejar de lado la cordura con tal de seguir su buen olfato, convierte el caso es una especie de vendetta por algo que ocurrió en el pasado. Desde que, cuando era tan sólo un niño, presenció el asesinato de un hombre negro que, atado con gruesas cadenas, intentaba huir de sus perseguidores blancos armados hasta las cejas, la imagen había quedado relegada en algún rincón de su cerebro, pero nunca había sido olvidada. Coincidiendo con los asesinatos de las chicas, un famoso actor de Hollywood, que rueda, junto a su también famosa esposa, una película en la zona, descubre los restos de un cadáver que aparenta llevar muchas décadas en el pantano y que Robicheaux está convencido que pertenece a aquel hombre que vio asesinar ante sus propios ojos. Y claro, no puede dejar pasar la oportunidad de averiguar, por fin, la identidad de esos hombres armados a los que su mente infantil no supo colocar un nombre, ni tan siquiera un rostro.

Es, quizás, la relación entre el policía y el actor, a quien da vida Peter Sarsgaard, el elemento que aporta más credibilidad y algo de originalidad al demasiado manido guión de thriller protagonizado por un antihéroe capaz de todo por descubrir al malo. Porque, aparte del hecho de que la acción tenga lugar en la zona todavía en reconstrucción asolada por el Katrina, ni siquiera esos fantasmas consiguen aportar un poco de tensión a una intriga que no lo es tanto, ya que, desde el primer momento, el policía tiene claro contra quien tiene que dirigirse y, por lo tanto, el espectador, básicamente también. Es, por tanto, la faceta más humana de personajes que, en realidad, sólo están ahí para “acompañar” al detective, la que resulta decisiva para que el filme no quede irremediablemente sin mimbres con los que construir un aceptable cesto. Por ello, además de la relación que entabla el policía con el alocado actor, que vive al límite abusando del alcohol y de su fama y juventud y a quien acaba acogiendo en su casa, nos encontramos con una esposa comprensiva pero firme a la hora de controlar los delirios de Robicheaux, a una hija adoptada, al amigo y camarada, con quien comparte sus obsesivos secretos. Y un secundario de lujo para completar el elenco: el siempre impecable John Goodman, que se mete en la piel del odiado adversario del detective.
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