27 de septiembre de 2021, 10:07:47
Opinión


Pemán: un escarnio a su memoria

José Manuel Cuenca Toribio


Sólo en dos ocasiones escuchó en directo el cronista al gran orador gaditano. En ambas, sus discursos constituyeron refulgentes tributos a la elocuencia de cuño decimonónico y castelarino. El elogio entreverado de un punto crítico de los autores romanos al distinguir a los vates y retores meridionales de Hispania como “faciles in verbis”, y el más abierto ataque unamuniano a los poetas y escritores sureños y mediterráneos de imantados hasta la extenuación por el culto a las formas, parecían hechos a la medida de la dionisíaca oratoria del autor de El divino impaciente. Frondosa, abundante, burilada, gráfica y un si no es tópica en algunos pasajes, la palabra oral del fecundo escritor de la Bahía semejaba adaptarse más al mitín y al discurso que a la conferencia, género el más cultivado en la última etapa de su biografía por obvias razones de contexto político y social. En esta su segunda navegación intelectual, su nombre llegó a identificarse en extensos sectores de la vida nacional con el orador por antonomasia de la España de la posguerra. Aunque el trato privilegiado que le dispensaran las musas desde la juventud descepara casi por entero cualquier vedetismo en su conducta, la accesibilidad de su carácter – de la que tantas veces se quejara, sobre todo, en los días de la guerra civil- lo convertía en presa fácil para todos los organizadores de actos de algún porte y empaque, abiertos o clausurados por su infatigable verbo.

Para asombro de los laudatores tempori acti y como fiel e insuperable espejo de los nadires alcanzados por la cultura de la España de los inicios del siglo XXI, la pluma que más recientemente ha intentado reconstruir los principales hitos de la trayectoria biográfica del oceánico escritor declaraba, en inefable confesión a uno de sus entrevistadores, que, al emprender tamaña tarea, desconocía por entero la faceta oratoria de su personaje...

Desde parámetros de normalidad crítica e intelectual resulta difícil entender la incuria a que ha descendido la edición en España para que una relativamente acreditada mansión consagrada a la publicación de textos de vario tenor, pero de expresa voluntad de rigor y excelencia, haya encargado a tan intonsa autora la honrosa labor de repristinar la figura y obra de unos de los escasos escritores con vocación y cochura totalizadora del siglo XX español. Aun recordando la inepcia y desmaña que, globalmente, presiden hodierno el quehacer cultural de las esferas conservadoras de nuestro país –tan romas para las llamadas del espíritu como sensibles a la atracción del poder y el dinero-, se hace arduo comprender un hecho como el mencionado. Bien que si se quiere limitado a los círculos y ambientes tradicionales, las secuelas del citado ejemplo afectan al planeta entero de la raquítica cultura nacional de la hora presente, casi completamente estragada por la desidia y la manipulación. Ni siquiera los muchos denostadores de la obra pemaniana todavía activos en el escenario de las letras y crítica hispana. –siquiera sea en términos residuales por simple motivo generacional- podrán alegrarse del escarnio a que con gran frecuencia se ve sometido por sus herederos oficiales, en el trigésimo aniversario de su fallecimiento, quien fuese para ellos el intelectual orgánico por excelencia del franquismo.
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