22 de octubre de 2020, 3:04:48
Opinión


Aún podemos estar peor

Enrique Arnaldo


Me están arrebatando las ganas de escribir. Y, a cambio, se me hace más atractiva la vocación de eremita separado del mundanal ruido y de la idiocia ambiente. Pero dudo que sea capaz de encontrar una cueva inmunizada de la nube nuclear y suficientemente alejada de la zona de guerra que otra vez nos vuelve a pillar a tiro de obús.

Mientras tanto me dedicaré a hacer encuestas entre los alumnos de varias decenas de Universidades españolas, algunas de las cuales han decidido lanzar a sus profesores a buscar a lazo estudiantes dispuestos a matricularse de lo que sea visto que se les están quedando vacías las aulas (algún día alguien acometerá la reconversión universitaria como en tiempos se hizo la industrial). La lectura de la última de las encuestas publicadas en un diario de difusión nacional provoca sarpullidos en cualquier cuerpo medianamente sensible. Hubiera debido producir dimisiones en cadena, empezando por la del Ministro de Educación, pero no ha pasado nada, como siempre en nuestro país (tampoco en Japón en donde no hace mucho tiempo, ante una crisis un poquito gorda de cualquier empresa, el jefe se hacía el hara-kiri en un santiamén, o sea que tampoco en los sitios civilizados pasa nada).

¿Y por qué se pone Ud. tan dramático?. Ya les he contado muchas veces que lo peor es preguntar, que –como dice nuestro sabio refranero- el que pregunta “se queda de cuadra” o, incluso mejor, descuadrado, fuera de sitio o sin sitio. A algún genio se le ha ocurrido someter a los estudiantes de las Universidades españolas (apréciese el matiz de que no se habla de “universitarios” sino de estudiantes de...) a la inconstitucional tortura de responder algunas cuestiones de culturilla general. Y entre las mismas cuántos países integran la Unión Europea, o cuántas y cuáles provincias componen la Comunidad de Castilla-La Mancha, quién fue Winston Churchill o cómo se llama el Vicepresidente de los Estados Unidos. Es todo para tocar las narices, pues ya me dirán para qué cuernos hace falta a nadie saber esas memeces cuando, además, todo se encuentra en google. Pues sí no tiene otra explicación que estas encuestas se hacen para molestar a estos chavales a los que las seis reformas educativas que llevan sobres sus espaldas han dejado sencillamente exhaustos. Les cuento las respuestas. Bueno mejor que no. Ya se las imaginan.

Lo peor no es el altísimo porcentaje de fallos ni tampoco la multiplicación de respuestas disparatadas. Lo que nos lleva a la reflexión, a la melancolía, a la depresión, o a tirar la toalla, es el elevado nivel de aciertos a las otras preguntas, las que se refieren a cómo se llama el hijo de Belén Esteban y Jesulín (el 86,6 por 100 contestan que “Andreíta” y ¡aciertan!) o a quién ganó Gran Hermano 1 (el 55,7 por 100 nada menos de los encuestados saben que lleva por nombre “Ismael Beiro”, ¡increíble pero cierto!, es prácticamente el mismo porcentaje que conoce que la capital de Marruecos es... Rabat). Propongo sustituir en los planes de estudio la Lengua y la Literatura por la Historia ilustrada (por Jorge Javier Vázquez y Kiko Matamoros al alimón) de los programas culturales del corazón. Son nuestra forma de entender la cultura, la de verdad, la que merece un inmediato reconocimiento como grado universitario de no menos de 500 créditos de los de Bolonia.
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