14 de diciembre de 2019, 4:38:42
Opinion


Auge y declive de Occidente

William Chislett


La hegemonía mundial de los países de Occidente está llegando, tras 500 años de liderazgo, a su fin. En 2010, China superó a Estados Unidos, por primera vez desde el principio del siglo XIX, como primera potencia manufacturera del planeta, según un reciente estudio privado, mientras que el país latinoamericano más destacado fue Brasil, en el sexto lugar. El informe, de Global Insight, señala que la producción manufacturera china representó el 19,8% del total mundial en 2010 frente al 19,4% de los Estados Unidos.

En comparación con las civilizaciones de Oriente, Europa en el sigo XV era un lugar atrasado. En el año 1500 los futuros países imperiales de Europa ocupaban solo el 10% de la superficie mientras que en 1913 11 países, incluyendo Rusia y los Estados Unidos, controlaban casi tres quintas partes del territorio y generaban casi el 80% de la producción global. ¿Por qué la civilización occidental llegó a dominar el mundo y por qué está empezando a perder su papel predominante? El historiador británico Niall Ferguson, en su nuevo y fascinante libro, Civilization: The West and the Rest (“Civilización: El Occidente y el Resto del Mundo”), publicado por Allen Lane, ofrece seis razones por el auge de la civilización occidental.

Estos factores han sido: (i) La competencia, porque dio lugar a los estados-naciones y al capitalismo. (ii) Ciencia, que proporcionó, entre otras cosas, una ventaja militar sobre el resto del mundo. Todos los descrubimientos significativos en matemática, astronomía, física, química y biología ocurrieron en Europa occidental. (iii) Derechos de propiedad, porque el estado de derecho creó la base para una forma de gobierno representativa más estable (la Democracia). (iv) Medicina, porque mejoró la salud y la esperanza de vida en los países occidentales y en sus colonias. (v) La sociedad consumista, como punto central de una economía y sin la cual hubiera sido imposible sostener la Revolución Industrial y (vi) La ética del trabajo, un marco moral.

El libro dedica un capitulo a cada uno de estos elementos que Ferguson llama, en la jerga informática, “killer applications” (literalmente, aplicaciones asesinas, en el sentido que dejan a las otras fuera del mercado). Un ejemplo moderno de una “aplicación asesina” es el correo electrónico que sustituyó en gran parte al correo tradicional.

A diferencia del famoso libro “Civilización: Un Punto de Vista Personal” (desde la caída el Imperio Romano hasta la época industrial) de Kenneth Clark, publicado en 1969 conjuntamente con una serie pionera de la BBC de 13 episodios (el primero de los llamados “blockbusters”), Ferguson incluye a España en su libro.

Clark, un historiador de arte, se concentró casi exclusivamente en el arte visual. El único país no europeo incluido en su libro era los Estados Unidos y la curiosa omisión de España significaba no decir ni una sola palabra sobre Velázquez, Goya y El Greco ni de la contribución de la civilización islámica a Europa Continental.

Mientras los héroes de Clark son Miguel Ángel, da Vinci, Durero, Turner y Delacroix, la mirada de Ferguson es mucho más amplia y práctica. “Mi idea de civilización se basa en las cañerías tanto como en los contrafuertes, si no más, porque sin la eficacia de las obras públicas las ciudades son trampas mortales, que convierten ríos y pozos en paraísos para las bacterias del cólera”.

El libro esta lleno de datos para ilustrar la supremacía del Occidente y el retraso del resto del mundo. Por ejemplo, el único libro del Occidente que se tradujo a un idioma de Oriente Medio hasta el siglo XVIII fue un tratado sobre cómo tratar la sífilis. Es de suponer que la excepción se debió a que ésta enfermedad de transmisión sexual afectó a muchas personas de la élite social. El mundo musulmán tenía una reverencia religiosa por el arte de la caligrafía e imprimió muy pocos libros, algo que aún sucede hoy en día en algunos países de Oriente Medio.

La “exportación” de la cultura española al Nuevo Mundo a través de sus conquistadores tuvo mucho menos éxito que la “exportación” de la cultura británica a los Estados Unidos, a pesar de ser la América española mucho más rica en recursos naturales. Para Ferguson, la razón esencial de esto es que los Estados Unidos crearon una democracia basada en derechos de propiedad (pero sólo para blancos durante siglos), mientras que en América Latina la propiedad perteneció primero a la Corona española y luego fue concentrada en manos de unos pocos. Simón Bolívar distó mucho de ser un George Washington.

Con respecto al consumo, la Unión Soviética creó su propia bomba atómica, pero el paraíso de los trabajadores no fue capaz de replicar los vaqueros Levis 501 (la empresa fue fundada en 1853), los pantalones más famosos y vendidos del mundo hechos por un fabricante que empezó diseñando monos para obreros. Fueron tan deseados en la Unión Soviética que el término “delitos de vaqueros” surgió en referencia a “violaciones de la ley motivadas por un deseo de utilizar cualquier recurso para obtener artículos fabricados de denim –tela vaquera-.”

El éxito de China se debe hasta cierto punto a su versión en las últimas décadas de las seis “aplicaciones asesinas”. Es demasiado pronto para proclamar su victoria pero ha dejado de ser el aprendiz del Occidente. La pregunta para el futuro es si la debilitada civilización del Occidente se hundirá, como otras en el pasado. Personalmente, lo dudo.

China es hoy la número uno en producción manufacturera, pero lo hizo con 100 millones de trabajadores en este sector en comparación con solo 11,5 millones en los Estados Unidos.

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