12 de noviembre de 2019, 14:49:29
Opinion


El retroceso de la energía nuclear

Alieto Guadagni


En las últimas dos décadas el mundo vivió una era de “renacimiento nuclear”, estimulada por los mayores precios de los hidrocarburos y por la creciente lejanía de Chernobyl (grave accidente nuclear en el año 1986). Lideraron este renacimiento Estados Unidos, Francia y Japón; la mitad de los 450 reactores nucleares existentes en el mundo están en estos tres países. Más del 70 por ciento de la energía eléctrica en Francia es de origen nuclear, en Japón casi la tercera parte y en Estados Unidos el 20 por ciento, son cifras altas si se tiene en cuenta que la electricidad generada por vía nuclear es apenas el 15 por ciento del total mundial. Antes del reciente accidente de la planta Fukushima existían iniciativas para construir 60 plantas nuevas, 40 de ellas en Asia y 10 en Rusia; la meta china era ambiciosa ya que añadirían 27 plantas nuevas a las 13 existentes.

En América Latina el desarrollo nuclear es modesto, 3 plantas en Brasil, 3 en México y 2 en Argentina (en los próximos meses se habilitara una tercera denominada Atucha 2). Si bien Argentina tiene ya una larga tradición nuclear de más de medio siglo la generación nucleoeléctrica es reducida: 7 por ciento del total de energía eléctrica mientras la hidroelectricidad llega en épocas de abundante agua a superar el 40 por ciento. La evaluación final del accidente en Japón no ha concluido aún, pero es previsible anticipar que, por el peso de la opinión pública, se reduzca sensiblemente el actual ritmo de expansión de la energía nuclear. No todos los países afrontaran este nuevo escenario de la misma manera, Rusia podrá recurrir a su abundante gas, Estados Unidos tiene carbón y ahora también mucho más gas, China posee grandes reservas de carbón. Pero grandes consumidores como Europa y Japón no poseen recursos fósiles y es razonable pensar que en el futuro treparan sus costos por importar energía. Los mayores precios previsibles para las energías de origen fósil tenderán a estimular, vía mayor competitividad relativa, diversas formas de energía renovable, pero no parece que el balance neto será todo lo positivo para controlar eficazmente la amenaza del cambio climático. La importante cuestión a definir es saber si el previsible retroceso nuclear (energía limpia en términos de emisiones de dióxido de carbono) es cubierto por más energía” limpia” o por más consumo de carbón, petróleo y gas, fósiles altamente contaminantes. Recordemos que el Departamento de Energía de Estados Unidos recientemente había estimado que las actuales emisiones de CO2, alrededor de 30.000 millones de toneladas treparan, si seguimos como hasta ahora, a 43.000 millones hacia el año 2035.

Estas emisiones anuales serían muy superiores al nivel máximo de emisiones consistente con un incremento de la temperatura global que no supere los 2 grados centígrados. Por su parte, la Agencia Internacional de Energía nos informa que para preservar el planeta estas emisiones no deberían superar los 22,000 millones de toneladas. En este escenario, bautizado” 450 ppm” (limite critico a la concentración de gases en la atmosfera), la energía nuclear jugaba un importante papel ya que duplicaba hacia el 2035 su importancia relativa en el consumo de energía mundial llegando al 10 por ciento del total, mientras las renovables treparían al 22 por ciento y las fósiles caerían del actual 85 por ciento a un 68 por ciento. Ahora bien, todas estas estimaciones deberán probablemente ser revisadas; pero esperemos que el retroceso nuclear no signifique agravar el cambio climático, lo más sensato sería sustituir la merma previsible en la energía nuclear no solo con energías limpias sino principalmente con una mayor conservación y eficiencia en el consumo de todas las formas de energía, aquí hay aún mucho por hacer.
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