5 de diciembre de 2019, 21:38:35
Opinion


Elecciones y Evangelio

Norberto Alcover


Soy un rotundo partidario del humanismo cristiano como resultado irreversible de la Encarnación del Hijo de Dios en Jesús de Nazaret. Desde mi Antropología me resulta imposible formularme la realidad humana de cualquier otra forma que no sea ésta. La misma que defendiera, tan a costa de su vida, el grandísimo Aldo Moro, completamente abandonado por sus compañeros de partido por innobles razones de poder y además de un oscuro sentido cristiano de la vida, que no era tal. Andreotti al fondo. Y algunos monseñores. Nunca Pablo VI.

Pero a la vez, y un tanto en la estela del Vaticano II, sobre todo en la Gaudium et Spes que regula las relaciones entre la Iglesia y la sociedad contemporánea, defiendo la urgencia de que partido político alguno se apropie del Evangelio como metodología axiológica y práctica de su programa electoral. Por la sencilla razón de que, como nos demuestra la reciente historia, la aceptación de determinados principios evangélicos coexiste, por la prisión de la estrategia partidista, con la negación de otros de la misma relevancia. Que algunos importantes miembros eclesiales defiendan lo contrario, no conmueve ni convicción al respecto.

La Iglesia en cuanto tal, desde mi punto de vista, está en su derecho, llegados determinados momentos electorales, de indicar las cuestiones que juzga sustanciales en cuanto parte de la sociedad misma, pero de tal manera que partido alguno pueda apropiarse de sus planteamientos. Como tantas veces sucediera con anterioridad. En este sentido, sus mensajes preelectorales harán bien en formularse teniendo muy presente la necesaria estrategia histórica. La misma que utilizara Jesucristo: declarar la verdad pero desde una absoluta independencia.

Humanismo cristiano, por supuesto. Decantamiento partidista, en absoluto. Las realidades temporales tienen su propio dinamismo.
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