12 de diciembre de 2019, 0:20:11
Opinion


Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset y Octavio Paz en la actualidad

Juan Federico Arriola


Tres maestros de la palabra y el pensamiento, tres voces sensatas, tres hombres incomprendidos en su tiempo. Miguel de Unamuno, conocedor de diversas lenguas, escritor en todos los géneros literarios, filósofo en el sentido nominal y real, es hoy un autor necesario para comprender a Europa, a España y al País Vasco. Es claro que los ultranacionalistas vascos no lo quieren, que los españoles e iberoamericanos no acabamos de conocerlo y comprenderlo, que los europeos saben de sus vinculos con Kierkegaard, Pirandello y Croce. Unamuno se adelantó a Sartre, Heidegger y Camus. Es un pensador existencialista apartado del racionalismo y del nihilismo. Don Miguel es personaje de sus novelas y obras teatrales, como si fuese un Platón moderno que se adentra en sus entes de ficción. Es un espectador atento como Aristóteles.

Es el funcionario universitario e intelectual valiente que se enfrentó a Millán Astray. José Ortega y Gasset, es una de las plumas más exquisitas, claras y profundas de la lengua castellana. Ante todo pensador, conocedor de la naturaleza histórica del ser humano. Había dicho en voz alta: "Eso no, eso no", pero al igual que a Unamuno, a Ortega y Gasset en tiempos de la República no lo escucharon y el desastre promovido por los radicales de varios bandos se dio como una guerra civil que ha dejado huellas indelebles. Unamuno y Ortega y Gasset no viajaron nunca hacia México, el pensador bilbaino incluso nunca estuvo en el continente americano. Sin embargo, sus pensamientos y sus letras han trascendido a toda Hispanoamérica. Ellos están vivos en ambos lados del oceáno Atlántico. Cuando leo a Unamuno y a Ortega y Gasset tomo el pulso de España y sus latidos se escuchan en América, continente que debió llamarse Colombia en honor a Colón.

Por su parte, Octavio Paz, el gran poeta mexicano es un heredero más que de Unamuno, de Ortega y Gasset a quien consideraba uno de sus maestros. Su poesía es más filosófica de lo que el propio Premio Nobel de Literatura en 1990 pudo haber sospechado. Sus poemas y ensayos están llenos de intuiciones filosóficas: el lenguaje, el silencio, el signo, el símbolo, la naturaleza humana, etcétera. Paz tampoco fue escuchado. ¡Qué tristeza tendría hoy don Octavio de ver a su patria sacudida por la violencia! El poeta soñaba con ver un sistema democrático eficiente y pacífico y la verdad es que esas características no las tiene la débil democracia mexicana. Paz quería expulsar a los demonios de la corrupción y del autoritarismo. Y por eso en su última aparición pública en diciembre de 1997 invocó a Sócrates, el fundador de la Ética. Ah, si México tuviese un Sócrates que sacudiese las conciencias de la clase dominante. Unamuno, Ortega y Gasset y Paz están vivos en sus páginas y en sus lectores. En sus obras literarias y filosóficas he podido aprender mucho de España, México y la naturaleza humana.

A los tres rindo homenaje. De los tres he escrito ensayos individuales sobre sus pensamientos. Ortega y Gasset aprendió de Unamuno, Paz aprendió de ambos, más en particular del pensador madrileño, Savater aprendió de Paz a quien llamó educador y yo he aprendido de todos ellos en sus discusiones interminables. ¡Cuánto podemos todavía aprender de nuestros escritores y filósofos principales! En España no debe repetirse una guerra civil, en México tenemos que salir de las arenas movedizas de la violencia, narcotráfico y corrupción. A Unamuno le dolía España, pues a mi me duele México; a Ortega y Gasset no le gustaba el rumbo que tomaba la República, pues a mi no me gusta la desviación de la democracia mexicana hacia el desastre; a Paz no le gustaban las dictaduras, a mi tampoco me agrada ninguna, como tampoco las democracias deficientes, incluida la estadounidense donde la clase dominante hace imperar sus caprichos y sus intereses más allá de las fronteras de Estados Unidos.

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