24 de enero de 2020, 7:25:20
Opinion


XXV Aniversario de los Boineros

Antonio D. Olano


Si en el tango se nos dice que “veinte años no es nada” suponemos que Discépolo no hubiese tenido inconveniente en aumentar cinco años más y que su colaborador y portavoz de sus versos, Carlos Gardel, modifique el texto. Porque la cuestión es “Volver” que, para refrescar mí memoria y alegrarme los oídos, que no son sordos para lo óptimo, me canta por teléfono la Gardel del tango, Perla Cristal. (Que, por el mismo precio, es una de las más importantes actrices, natural e injustamente, más desaprovechada. Y es que la calidad, el talento y en este caso también la belleza, molestan a los mediocres.

“Volver” pudo ser cantada, con acompañamiento de la Tuna, por Pîlar Jurado, esa excepcional soprano y compositora, que es la primera mujer que estrenó e interpretó una Opera en el maravilloso y hoy controvertido “Teatro Real”.

El acontecimiento, XXV aniversario de la celebración de “Los amigos de la boina” tuvo como escenario el restaurante más antiguo del mundo, fundado el Siglo XVII y que hoy sigue fiel al nombre primigenio, “Sobrinos de Botín”. En uno de sus antañones y mágicos salones se constituyó, hace veinticinco años una agrupación conocida como “Los amigos de la boina”. Un grupo que ha ido creciendo y, además ramificándose en diversas regiones españolas, entre ellas el País Vasco, Navarra lugares en las que este cubrecabezas toma el nombre de chapela.

Entre los fundadores figuraban Alfredo Amestoy- ¡un genio anda suelto!- Pepe Díaz, el pintor de paredes que en París se hizo artista grande y que hoy está en una residencia intentando restañar una memoria gravemente herida, Miguel Gila y Manolo Summer, ya desaparecidos del mundanal ruido; pero no de las memorias que siempre recordarán a estos magistrales hombres. También debe figurar tallado en genio Antonio González, universitario, dibujante, y patrón del secular navio, “Botin” que es punto y aparte. Su universalidad solamente puede ser comparable a la de “Casa Paco” y, , a “Lucio” lugares sitos en el Madrid de los Austrías y a los que se desplazan los extranjeros que los apuntan en la Agenda, a la manera que remarcan otras visitas, verbigracia el Palacio Real, las Vistillas, el Museo del Prado.

Además de unos asados insuperables –cochinillos y corderos -e n “Botin” es imprescindible la actuación de tunas universitarias. Los tunos cantaron para la Reina Sofia, Orson Welles, Grahan Green. Sofia Loren, Ava, Taylor. Y a Botin los recuerdan en sus escrito Pérez Galdós, Azorin, Baroja, Cela, Green. Desgraciadamente no lo pintó don Francisco de Goya que se ganó los primeros cuartos de su aventura madrileña, fregando platos en aqueste lugar.

En el aniversario, mucha vida vivida en años veinticinco, se le impuso la bina a un ya mítico galeno, Claudio Mariscal. Que también cantaba en la Tuna.

Presente Guillermo Sunmers, que dibujó a su hermano Manolo tirándose en paracaídas, desde celestiales espacios, para estar presente en el aniversario. Miguel de la Quadra Salcedo, el Marco Polo de nuestro tiempo. Alfonso Arteseros, que pasó episodios de “España en la memoria” a un magnífico tomo y lomo guía imprescindible para sus seguidores televisivos que ya suman millones.
Guarda cuidadoso, Angel Manuel perejil que da color y sabor a todas las salsas y muñidor de las mejores culturas madrileñas. Luis Cepeda, la gastronomía es él.

Nos lo pasamos en grande. A toda madre que suelen decir los amigos mexicanos.

Lo más importante es que la boina, orgullosa y hermosa corona para todos los que la usamos sigue viva, colea en toda la geografía española (Cuenca, Lugo Cataluña…)

Faltaro esas voces flamenco que nos debe Escudero, capitán de “Torrres Bermejas”- Los cantes más o menos “jondos” también pueden ser acompañados por la pua y las panderetas, aprovechando que pasa la Tuna.

Amestoy nos debe la histori0a, desde que la boina se posó en nuestras testas, de la Boina. Rafael Flores, “El alfaqueque” un libro con duende de la historia del “Garbanzo de plata”..Que se desperecen y escriban que para eso son maestros. El madrileñismo tiene historia que, felizmente, seguirá escribiéndose en el Siglo XXI, en el que este cronista, como amigos tantos, ya está jugando la prórroga.
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