19 de octubre de 2019, 21:36:26
Opinion


El espíritu de Vistalegre

David Ortega Gutiérrez


El pasado domingo 3 de abril UPyD tomó la alternativa en la plaza de toros de Vistalegre en Madrid. Era nuestro primer gran acto político, nunca hasta ahora habíamos superado las mil o mil doscientas personas. Nos fuimos a más de 6.000, pero siendo importante el número de ciudadanos que nos quisieron acompañar, para mí lo más ilusionante fue el espíritu que se vivió en Vistalegre, algo que trataré de explicar, pero que sólo pueden saber con certeza los que estuvieron allí.

Lo primero que destacaría sería la ilusión que el ciudadano va recuperando por la política. Esto es muy difícil y a su vez muy importante, la resignación es la muerte de la creatividad, de la libertad, de las ganas de vivir, de soñar por los proyectos que uno tiene. Vistalegre fue una bocanada de aire fresco, de alegría, de pluralidad, había gente muy distinta, pero lo relevante era que nos unía las ganas de cambiar las cosas, de estar hartos de estar hartos y tomar cartas en el asunto. De remangarse, de ponerse manos a la obra. En Vistalegre el protagonista no fue UPyD o sus afiliados, fueron los ciudadanos que llenaron la plaza, pagaron 1 euro simbólico y dijeron: voy a acercarme a Vistalegre a escuchar, a ver qué alternativa ofrecen estos ciudadanos que en menos de cuatro años han hecho un nuevo partido político.

En segundo lugar se habló de política con mayúsculas, de los problemas de fondo, de las posibles soluciones, no se insultó a nadie, no hubo discusión de “patio de colegio” a la que nos tienen acostumbrados los partidos políticos tradicionales. La injusticia del sistema electoral, la imprescindible despolitización del poder judicial, la racionalización del Estado autonómico, la necesaria recuperación de competencias en materias claves como la educación o la sanidad, la despolitización de las cajas de ahorros, la dignificación de la política, etc., fueron parte de los temas que desgranaron los distintos oradores, muy diferentes todos, pero llenos de sentido común, sinceridad, rigor y transparencia, algo de lo que nuestra vida pública está muy necesitada.

Tercero, el ambiente era verdaderamente festivo, alegre, sin consignas ni sectarismos, no se era anti-nada, más bien proactivos, preocupados por una situación muy difícil que precisa que los ciudadanos comiencen a reaccionar, a tirar ellos también del carro de la vida pública. Estamos pasando de la indignación a la acción eficaz, eso es bueno. Una de las claves de la mañana fue la llamada al voto útil, al voto comprometido, al voto que no va contra nadie, sino a favor de unas ideas en las que se cree. Un voto de cambio, no de resignación ante el mal menor. Un voto que ponga las raíces necesarias para, con mucho esfuerzo y sacrificio, esta es la realidad, enderezar nuestra muy castigada vida política e institucional. Un voto con sentido de Estado frente a una clase política perdida sobre sí misma, enroscada en la lucha por el poder al precio que sea.

Concluyo, Vistalegre ha sido ya un pequeño trozo de historia de la vida política de nuestra querida España, tiempo al tiempo. Es cuando los ciudadanos poco a poco van viendo que las cosas pueden cambiar, si todos arrimamos el hombro por el camino de la honestidad, de la transparencia, de afrontar los problemas de fondo que tenemos, de romper un status quo que el bipartidismo reduccionista ha impuesto con un pacto de hierro, que sólo los ciudadanos podemos romper. El espíritu de Vistalegre sin duda se va a ir contagiando, y la gente decente, las personas de bien van a comenzar a reaccionar ante esta tomadura de pelo en que se ha convertido nuestra vida política en muchos aspectos. La resignación comienza a dar paso al compromiso, al vamos a cambiar las cosas que no nos gustan. Vistalegre es ya la responsabilidad del ciudadano que empieza a implicarse con decisión y esto supone que realmente las cosas pueden empezar a cambiar.
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