25 de febrero de 2020, 6:42:22
Opinion


Ni violencia de género, ni violencia machista; simplemente instinto animal no mitigado

Rafael Canomanuel


Continuamente estamos escuchando opiniones sobre este gravísimo problema con el que se enfrenta nuestra sociedad, pero desgraciadamente nadie acierta a determinar la causa y fundamentalmente buscar la solución. Las campañas que se utilizan, desde mi punto de vista sin sentido alguno, no han hecho sino agravar la situación y aumentar el número de víctimas.

Hablar de violencia de género o de violencia machista no es más que una necedad porque no se puede culpar ni al género ni al macho de lo que es simplemente: la consecuencia de un instinto natural, no mitigado.

No voy aquí a esbozar una teoría sino a constatar unas realidades que, como muchas otras, mantenemos relegadas a un segundo plano, sin darnos cuenta de su importancia a la hora de convivir con los demás:

El ser humano, es, un animal; puede ser algo más, pero no se puede negar que somos también animales, mamíferos pertenecientes a la familia de los homínidos. Como animales, somos además territoriales, es decir necesitamos y por consiguiente, luchamos por nuestro propio espacio. El macho de nuestra especie, es además polígamo, este hecho no viene al caso aunque sí afecta y es importante recordárselo al que no lo sepa, sobre todo a las mujeres.

El ser humano, es uno, por no decir el animal más sanguinario que existe en nuestro planeta.

Los seres humanos, matamos diariamente a millones de otros animales para sobrevivir o divertirnos y, lo que es peor, somos capaces de matar también a los de nuestra propia especie sin motivo o justificación. Obviar esto, no es más que dar la espalda a nuestra realidad, que es justo lo que estamos haciendo. Por eso no encontramos explicación a muchas de nuestras acciones y comportamientos. Nos llevamos las manos a la cabeza por cosas sin importancia, olvidándonos de las atrocidades que algunos de nuestra especie, nosotros mismos o nuestros semejantes hemos podido cometer y sin duda cometemos todos los días.

Aquí me gustaría mencionar de soslayo a los que ingenuamente repudian la fiesta nacional de los toros, como algo grave, cuando ellos mismos, se están comiendo todo tipo de animales. Y se olvidan de las guerras, las matanzas y los asesinatos que continuamente estamos viviendo. Las guerras mundiales, genocidios, masacres, asesinatos y las continuas noticias de los telediarios nos recuerdan cada día la atroz realidad de la condición humana.

Pues, para todos ellos y para los ingenuos que piensen en la bondad de nuestra especie déjenme que les haga una afirmación que aunque parezca exagerada es una realidad constatable:

SOMOS LA ESPECIE MÁS SANGUINARIA QUE HA VIVIDO NUNCA Y VIVE SOBRE EL PLANETA.

Tenemos que tener este hecho indudable muy presente, para no sorprendernos de otros comportamientos a los que no encontramos explicación.

El ser humano se mueve por muchos factores: Educación, cultura, tradición, religión… etc. etc., pero sobre todo por sus instintos. La formación puede relegar a los instintos a un segundo plano, o mitigar su efecto, pero estos no desaparecen, los tenemos ahí, subyacentes y dispuestos a emerger en cualquier momento, si las condiciones son propicias para ello.

¿Como podemos evitar o intentar resolver el grave problema de la mal llamada violencia de género o violencia machista?, muy sencillo, simplemente siendo conscientes de nuestra propia realidad:

Somos bestias, territoriales y sanguinarias.

Tenemos que educar a nuestras mujeres en esta realidad. Es importante que sepan a lo que se exponen cuando entran en el territorio del macho humano, es importante que sepan de qué animal se trata, y de lo que este es capaz de hacer para proteger lo que cree que es suyo.

Hoy día, las relaciones se hacen sin ningún tipo de garantías, las parejas se unen prácticamente sin conocerse. Antiguamente se daba mucha más importancia al matrimonio, o a la pareja; había una relación prematrimonial, de noviazgo donde las parejas aprendían a conocerse mutuamente. Los familiares, conocedores de la importancia se involucraban en la relación para apoyarles y ayudarles. Cualquier enlace, era una fiesta para todos, fundamentalmente, porque se daban cuenta de la importancia de la misma, se era consciente del riesgo y se temía al fracaso. Todo eso ha desaparecido dejando al descubierto la efimeridad de las relaciones entre hombres y mujeres, entre el macho y la hembra.

Si esta es la principal causa que provoca el problema del que estamos hablando. ¿Cuál sería la solución?

La mujer debe conocer en todo momento, el peligro al que se enfrenta al iniciar una relación con el hombre. La hembra humana necesita utilizar todos los resortes que la naturaleza le ha dado para conocer y examinar a su pareja antes de elegirla para convivir con ella. Aventurarse en el territorio del macho sin conocer este peligro puede ser mortal, como, desgraciadamente lo está siendo cada día para muchas desafortunadas.

Es necesario, conocer en profundidad a la persona elegida, como importante es convivir antes de iniciar una relación más intensa, para constatar las afinidades o descubrir las carencias de la pareja. La naturaleza ha dotado a las hembras con muchos recursos para no verse sorprendidas y someter el instinto agresivo del macho, pero a la mayoría no les da tiempo a utilizarlos. Es necesario, en definitiva, reconocer el peligro para luego evitar verse sorprendido por él. No se puede mirar a otro lado y conformarse con un conocimiento superficial del contrincante, hay que estudiarlo y reconocerlo a fondo antes de entrar en su territorio porque, una vez dentro, será difícil dar marcha atrás.
La sociedad debe advertir a la mujer del peligro existente, no para meter miedo, sino para constatar el hecho indudable de esta realidad. No por ello debemos renegar de nuestra condición, de nuestro género o de nuestra especie. Simplemente debemos conocer lo que somos.

La educación, es muy importante a la hora de someter al instinto. Pero cuando parejas de muy diferentes condiciones sociales, culturales, religiones o tradiciones se encuentran, es importante que se den un plazo para conocerse en profundidad, antes de iniciar una relación, que puede acabar como están acabando tan trágicamente muchas de las que conocemos atraves de las noticias prácticamente a diario. La naturaleza ha dotado a las mujeres con algunos sentidos capaces de reconocer y evitar el peligro, pero necesitan algo de tiempo para este reconocimiento y no se lo están tomando.

Educar a la mujer en su propia realidad y no dar la espalda a esta, es lo fundamental para evitar este gravísimo problema. No debemos hablar de violencia de género o echar la culpa solo al macho. Debemos mantener muy presente nuestra condicion de animales con instintos, de animales territoriales capaces de lo peor si se dan las circunstancias; de seres feroces y sanguinarios. No debemos olvidar que nos movemos por instintos que aunque a veces sometidos por la educación subyacen y pueden surgir en cualquier momento de forma terrible. No hablemos solo de violencia; hablemos de lo que en realidad somos que es mucho peor:

Bestias sanguinarias capaces de cualquier barbaridad para cumplir con la naturaleza.

Si no olvidáramos nuestra condición y tomáramos medidas para evitarlo, sería más difícil vernos sorprendidos por la tragedia. Dar la espalda a la realidad no nos ayudara a resolver el problema.

Antes de iniciar cualquier aproximación al territorio del macho humano hay que dejar un tiempo prudente para examinar y estudiar bien a la fiera que se encuentra dentro de él. Las mujeres nunca deberían rebasar el borde antes de tener la certeza de que la bestia sanguinaria que lo controla está sometida por la cultura, la educación o quizás por el amor. La hembra debe ser consciente del peligro que corre si no lo hace; una vez dentro de su territorio, si el animal no está sometido, domesticado, las consecuencias, como estamos viendo todos los días pueden ser fatales.

Quien quiera creer que crea y quien no; que no se sorprenda por las consecuencias.


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