18 de septiembre de 2021, 5:50:12
Opinión


Sarkozy visita Tokio

Hidehito Higashitani


El presidente francés, Nocolas Sarkozy, visitó Japón el pasado día 31 de marzo y se entrevistó con el primer ministro Kan para ofrecer su apoyo en la crisis de la central nuclear de Fukushima originada por el terremoto y el tsunami que azotaron la región de Tohoku el 11 de marzo.

El dirigente francés, que vino acompañado de unos expertos de la compañía nuclear francesa Areva dispuesta a proporcionar la ayuda técnica para la estabilización de la central de Fukushima, resultó ser el primer jefe de estado extranjero en visitar Tokio desde la catástrofe ocurrida en marzo. En el curso de la conversación mantenida entre los dos mandatarios por un espacio de tiempo muy reducido –su visita a Japón duró sólo tres horas escasas- Sarkozy propuso a Kan que trataría el accidente nuclear de Fukushima como uno de los temas principales de la cumbre G-8 que se reunirá en Deauville en la región francesa de Baja Normandía entre los días 26 y 27 del próximo mes de mayo, de lo que Kan se mostró muy satisfecho y manifestó su conformidad.

En la rueda de prensa conjunta después de la conversación mantenida entre los dos, Sarkozy declaró que se trataba de una visita de “solidaridad con el pueblo japonés” y con estas palabras parecía presumir –por lo menos a mí me pareció- de ser el primer mandatario extranjero que viene a manifestar en persona su buena voluntad de ofrecer ayuda a Japón. Al mismo tiempo, hizo un llamamiento de la necesidad de una reforma global de las normas de seguridad de todas las centrales nucleares existentes en el mundo. Y añadió: “No tenemos muchas más opciones si queremos reducir las emisiones de dióxido de carbono”, manifestando de esta forma su intención de no renunciar a los planes nucleares.

Bien es sabido que Francia es una de las mayores potencias nucleares del mundo. Tiene el segundo mayor número de centrales nucleares -59 en total- después de EEUU y unos 80 % de su energía eléctrica proviene de ellas mientras Japón obtiene el 30% siendo el tercer país del mundo con más reactores, 54 en total.

Pues bien, la verdad es que a primera vista me ha parecido algo chocante esta precipitada visita del presidente francés porque Sarkozy, a diferencia de su antecesor Jacques Chirac que era un gran amante de la cultura japonesa, no ha prestado hasta ahora demasiada atención a las relaciones bilaterales con Japón. Antes bien, se le consideraba aquí en Japón hombre de gusto ‘anti-nipón’ como lo demuestra su conocido comentario sobre el ‘sumo’ calificando este deporte tradicional japonés de ‘poco intelectual’.

Entonces, ¿por qué ese entusiasmo de Sarkozy para visitar a Tokio con tanta precipitación?

El verdadero objetivo de la visita relámpago de Sarkozi se puede adivinar con relativa facilidad hasta para un ignorante de la política internacional como yo: proponer a Kan la solidaridad bilateral para fortalecer y seguir con la política nuclear llevada a cabo hasta ahora por los dos países. Porque mientras no se resuelve el problema de Fukushima, esto puede acarrear a Sarkozy muchos problemas nada agradables para la política nuclear francesa.

Pero he aquí un problema grave para el pueblo japonés para poder aceptar gratuitamente la intención del presidente galo. Es que ahora ya después del incidente de la central nuclear de Fukushima, el pueblo japonés se mantiene de momento en una postura más bien prudente. Es decir, prefiere sellar y congelar -por lo menos hasta que se resuelva el problema de Fukushima- ese plan nuclear y deliberar con prudencia en busca de una posible vía más idónea para un país como Japón que está geográficamente expuesto al peligro de seismo y de tsunami más que ningún otro país del mundo por estar rodeado del mar por los cuatro costados.

Y además lo que más me chocó fue las siguientes palabras del primer ministro Kan pronunciadas en la misma rueda de prensa conjunta al agradecer la visita de Sarkozy tomándola sencilla e ingenuamente como una muestra de buena voluntad y de cariño al pueblo japonés: “El amigo que nos visita en un día de lluvia es un amigo de verdad.”

Pero, un momento por favor, Señor Ministro. ¿Es que no se da cuenta usted de que esa frase refranesca a lo Sancho sacada de algún libro no va con la verdadera intención de su homólogo francés? Es verdad que nosotros agradecemos de corazón todos los apoyos ofrecidos por el gobierno francés para frenar esta crisis nuclear. Pero no se olvide por favor de que ese amigo suyo galo que nos visita es un decidido promotor de la política nuclear y piense en cuál será el verdadero motivo que le trajo a estas tierras.
¿Se ha olvidado acaso el señor Kan de que Francia fue uno de los primeros países, nada más ocurrir el desastre de la crisis nuclear de Fukushima, en exigir a sus ciudadanos que se ausentaran de Japón y en enviar aviones para evacuarlos? Creo sinceramente que llamarle al señor Sarkozy ‘verdadero amigo’ es algo precipitado y demasiado ingenuo.

Un amigo de verdad a lo mejor lo tendremos que buscar en otras esferas bien distintas. He aquí un buen ejemplo de ello: El Sr. Karannagoda, nuevo embajador de Sri Lanca en Tokio recién nombrado, acaba de tomar posesión de su cargo en su embajada a pesar de que algunos países habían abandonado la ciudad por el supuesto temor al peligro radiactivo. Había sido comandante de marina de aquel país isleño del Océano Índico y se había dedicado a socorrer a los damnificados del tsunami producido por el terremoto de Sumatra-Andamán en 2004. Ahora comenta en Tokio que les toca esta vez ayudar a los japoneses que en aquella ocasión les habían apoyado a sus compatriotas.
“Yo he sido destinado a Tokio –comenta él- en este preciso momento para mostrar nuestra solidaridad con Japón. A los compatriotas míos residentes en Japón he dado la instrucción de que quedaran en este país para ofrecerles de cerca a los japoneses cualquier ayuda que ellos necesiten.”
Ahora el gobierno de Sri Lanca ofrece unos 800 mil dólares para ayudar a los damnificados japoneses de Tohoku. No digan, queridos lectores, que frente a los 600 millones de dólares que había donado el gobierno japonés en 2004 para el terremoto de Sumatra-Andamán, los 800 mil dólares es una cantidad insignificante. Lo que cuenta es, no la cantidad del dinero ofrecido, sino el poder de la amistad que les lleva a estar junto a los amigos que se encuentran en apuros.

Y un ejemplo más. El profesor Mark Williams de la Universidad británica de Leeds comentaba hace unos días en la prensa japonesa lo siguiente: “Tenemos 29 estudiantes nuestros estudiando en Japón en estos momentos. Pero yo personalmente no querría exigirles que vuelvan inmediatamente a Europa aunque sé que lo han hecho algunas universidades europeas. Prefiero que ellos se queden en Japón con los japoneses con ese espíritu de ‘gaman’ (paciencia) y que tengan una bonita experiencia de convivir con ellos arrimándoles el hombro para hacer renacer las ciudades de las ruinas del desastre.”

Menos mal. Por fortuna parece que seguimos contando con muchos amigos de verdad.
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