20 de septiembre de 2021, 9:29:41
Opinión


Berlusconi nombra sucesor

Andrea Donofrio


Esta semana, la Cámara de los Diputados italiana aprobó la llamada Prescripción breve, que permite reducir los tiempos de prescripción de los juicios a aquellas personas que no hayan sido condenadas nunca. De este modo, se cancelaría de facto el proceso Mills en que resulta implicado Silvio Berlusconi, razón por la cual la oposición y el Consejo Superior de la Magistratura definen la ley como una “amnistía disfrazada”.

Resulta paradójico e inquietante que la aprobación de esta norma haya tenido paralizado al Parlamento italiano durante semanas. La situación resulta aún más anómala si se considera que se ha detenido no sólo la actividad del poder legislativo sino también del ejecutivo, ya que durante varios días, el Gobierno en pleno ha tenido que asistir a la discusión —y votación- dentro del hemiciclo parlamentario. Y esto para aprobar una ley que, según su promotor, el Ministro de Justicia, afectaría solo al 0,2% de los juicios que esperan sentencia.

Una vez más la acción del Gobierno carece de la necesaria transparencia, invitando a facciosas especulaciones políticas. Mientras el país aspira a un gobierno fuerte y efectivo, que actúe de forma decidida y emprenda las reformas ineludibles, el Presidente se preocupa por aplicar con urgencia una ley que no aparece en su programa político, ni tendrá trascendentales repercusiones en la vida de los ciudadanos. Aún desafiando la impopularidad, la aprobación de esta ley, fuertemente auspiciada por el Gobierno, sirve al Ejecutivo para desafiar y establecer su supremacía sobre el poder judicial y el legislativo. El Gobierno Berlusconi desea provocar un desequilibrio de poder a su favor, abogando por la existencia de una jerarquía, en contra de la independencia de cada figura institucional. Por un lado, se trataba de subordinar la Magistratura –acusada de ser como las Brigadas Rojas- a la propia voluntad, demostrando la capacidad de modificar las normas para erigir un Gobierno legibus solutus. Por otro, el Gobierno ha puesto al Parlamento, cuya actividad resultó bloqueada, a su servicio y al socorro de una única persona para poder cumplir su plan en este perverso juego de poderes. Esto no impide que se perciba a un Ejecutivo donde gobierna la confusión y los intereses particulares, inconsistente políticamente aunque suficiente numéricamente para prolongar su agonía, que improvisa respuesta-tapón frente a la exigencia de reformas concretas.

Más que proceso breve, en realidad parece una “impunidad breve en el menor tiempo posible”. Merece la pena recordar que se considera que Berlusconi ya ha aprobado más de 30 leyes de inmunidad “ad personam”, para librarse o posponer los múltiples procesos en que está implicado. Esta nueva ley contiene tantas anomalías que sería ridículo que el Colle (es decir el Presidente de la República) aceptase firmar un expediente jurídico ideado para “castigar a los magistrados”, neutralizar la oposición y engañar nuevamente a la opinión pública, distrayéndola de los reales problemas del país.

Berlusconi ha politizado el conflicto contra la Magistratura y la oposición, consiguiendo ganar la guerra parlamentaria. Sin embargo, el resultado acarrea una secuela de perplejidades, venenos e incertidumbres. El cavaliere no puede seguir anhelando sobrevivir por encima de la ley, contraponiendo su propia legitimidad institucional a la de las instituciones, cuestionando constantemente el Estado de derecho. La estrategia del “conflicto permanente”, la idea del “liberalismo para una sola persona” premian su astucia y la protección de sus intereses particulares, pero alejan una vez más al Gobierno de los reales intereses del país (economía, crecimiento, lucha contra la criminalidad, etc.).

La decisión de forzar la aprobación de esta ley podría tener consecuencias sobre la popularidad del actual Gobierno ya que dejaría sin proceso a los responsables de las tragedias del accidente ferroviario de Viarreggio, los fraudes en la reconstrucción de la zona de L' Aquila después del terremoto de 2009 o cientos de delitos de cuello blanco que han arruinado a miles de italianos. Por eso, quizá anunció que no volverá a presentarse en las elecciones de 2013, proponiendo como su sucesor al actual ministro de Justicia, Angelino Alfano. Considerando su arraigo al poder, resulta difícil creer que el cavaliere nombre un delfín, siendo más probable que elija un testaferro. Una especie de títere que poder manipular para seguir mandando. Berlusconi abogaría por una “sucesión guiada”, sin abandonar del todo el escenario político. Sin embargo, como el mismo ha declarado, “todo dependerá de cómo vayan las encuestas”: por eso parece que las palabras sobre una posible sucesión hayan sido enfatizadas y sus declaraciones deben ser circunscritas. Dentro de su partido hay una guerra intestina para la sucesión, unas intrigas comparables a las que había poco antes de la muerte de Stalin. De momento, Berlusconi lucha por seguir, sin resignarse a su declive, apostando por “institucionalizar” su anomalía a costa de los italianos y forzando la intervención del Jefe de la Republica para defender los principios del Estado de derecho, la Constitución y la dignidad de un país.

Ps. Puede que Ruby participe al Gran Hermano Vips de Gran Bretaña: ¿llamará Berlusconi para votarla?
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