28 de noviembre de 2020, 17:24:24
Opinión


Hay recursos para mejorar la educación pública

Alieto Guadagni


Todos los discursos políticos enuncian la necesidad de mejorar la educación en Argentina, si bien algunos plantean la escasez de recursos para reforzar los presupuestos fiscales. Pero la verdad es que no hay tiempo para perder, porque en diciembre del año pasado la sociedad argentina fue informada acerca del retroceso en la calidad educativa, cuando se hicieron públicos los resultados correspondientes a la Prueba Pisa que abarco a 65 naciones, entre ellas países l como Chile, Uruguay, México, Colombia, Brasil y Perú. Los resultados son preocupantes, ya que: 1) Comparando las pruebas del 2000 y el 2009 somos el segundo país con mayor retroceso en el mundo, si bien hay un ligero repunte entre el 2006 y el 2009. En la prueba de Lenguaje ocupamos el lugar 58, por detrás de todas las naciones latinoamericanas con excepción del Perú, pero que fue el país junto con Chile, que más progresó en el mundo.

2) El puntaje de nuestros adolescentes de 15 años de edad esta más de un 20 por ciento por debajo no de los mejores países, sino del promedio de todas las naciones .

3) El promedio de nuestros puntajes es muy bajo pero existe una gran variabilidad entre las escuelas, lo cual indica que además tenemos una enorme desigualdad por razones socio-económicas, que atención es la mayor de toda la América Latina, región no caracterizada por su equidad distributiva. Una de las razones del deterioro es que los alumnos (principalmente en las escuelas estatales) tienen muy pocas horas efectivas de clase, ya sea porque nunca se cumplió el calendario de 180 días o porque tampoco se avanzó en la ampliación horaria de la jornada escolar (como dispone la ley). Todo esto ha causado un éxodo de la escuela estatal, que se evidencia a partir del 2003, cuando se inicia un nuevo proceso de pase a escuelas privadas, ya que en el 2009 se matriculan en las escuelas primarias estatales 248.400 alumnos menos que en el 2002.

Esta declinación cuantitativa se suma así a la disminución en la calidad. Esto significa que mientras en el 2002 apenas uno de cada cinco alumnos de nivel primario asistía a escuelas privadas en el 2009 esta proporción trepa a uno cada cuatro. Esto ocurrió no solo porque la matricula total en las escuelas privadas aumento entre el 2003 y el 2009 (casi 18 por ciento), sino porque- como hemos dicho - por vez primera se reducía la cantidad de alumnos en escuelas primarias estatales .En esta inédita declinación de la matricula estatal es importante el comportamiento de las familias al inicio del primer grado. Ingresan a primer grado en la escuela estatal en el año 2009 casi 80.000 alumnos menos que en el año 2002, mientras que las escuelas privadas incrementan su matrícula inicial en más de 35.000 niños.

Son muchas las familias pobres que están preocupadas por el futuro de sus hijos y afrontan los costos de escuelas privadas. Existen evidencias que durante el año 2010 habría tenido lugar un repunte en la matricula estatal, motivada por el régimen de Asignación Universal por hijo implantado en el 2009. Debemos esperar las cifras del 2010 del Ministerio de Educación para tener una cuantificación de este repunte. Si queremos la igualdad de oportunidades es imperioso fortalecer la escuela estatal, para ello es esencial asegurar un calendario escolar de 190 días de clase (como muchos países de América Latina) y la jornada extendida, como marca la ley a por lo menos el 30 por ciento de los alumnos. Esto significa multiplicar, comenzando por los alumnos más pobres, cinco veces la cantidad de alumnos beneficiados (pasando de 200.000 a un millón). Claro que esto cuesta plata, pero esta meta deseable no es ni imposible ni está fuera de nuestras posibilidades presupuestarias, pero alcanzarla exigiría decisiones de política fiscal. Existen dos fuentes para este financiamiento educativo, que estaría orientado a una auténtica “igualdad de oportunidades” entre niños que asisten a escuelas privadas y estatales. La primera es dejar gradualmente de subsidiar los consumos de servicios públicos de los grupos de ingresos medios y altos, aquí hay mucha tela para cortar teniendo en cuenta que este año estos subsidios fiscales cruzaran la barrera de los 50.000 millones de pesos.

La otra fuente de recursos es cambiar de métodos para contratar obras públicas y decidir grandes compras a proveedores externos; seguramente podríamos financiar la escuela con jornada extendida a centenares de miles de niños pobres si paramos los sobreprecios y las decisiones ilegales en la elección de obras y contratistas privados simplemente por su cercanía a quienes detentan el poder de decisión (esto se llama “capitalismo de amigos”). Qué tal si ahora cambiamos la brújula y nos dedicamos como sociedad a mejorar en serio la escuela, la plata esta y aún estamos a tiempo.
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