22 de octubre de 2019, 20:38:53
Opinion


Mourinho y Guardiola: el primitivo y el dandi

José Lasaga


Aunque no soy aficionado al fútbol, no pude sustraerme la pasada noche del miércoles 20 de abril a la presión ambiental y me dispuse, con cierto escepticismo, a ver el partido de la final de la copa del rey entre el Real Madrid y el FC Barcelona. El partido resultaba entretenido… a ratos. Por debajo de la repetición y de las interrupciones del juego emergían acá y allá algunas manifestaciones de destreza, habilidad y energía. Pero también había mucho movimiento rutinario, característico de las actividades mecánicas. La atención se me distraía en mil detalles. Uno de ellos fue el pañuelo que Guardiola lucía en el bolsillo superior de su chaqueta: un filo de blanco incandescente sobre el paño oscuro. Me pareció elegante. Mourinho vestía un traje azul marino con camisa desabrochada, por supuesto sin corbata. Observemos de pasada que se deja ver con cierta frecuencia en chándal.

Y una cosa llevó a otra y no pude dejar de imaginar que, de alguna manera, el juego de cada equipo reflejaba la mentalidad de su respectivo entrenador, sus virtudes y vicios, en fin, que atribuí una especie de carácter moral a cada uno de los entrenadores como esos que se encuentran descritos en los moralistas del siglo XVIII: el del “primitivo” al portugués, el de “dandi” al catalán.

Justificar estas atribuciones analizando sus respectivos estilos en declaraciones y ruedas de prensa es fácil. Guardiola se sirve esencialmente de la ironía, marca de fábrica del dandi. Suele ser amable pero distante; inflexible cuando hay que serlo, pero siempre dentro de las formas corteses. “Mou” es seco y cortante. Prefiere el sarcasmo a la ironía y no se siente incómodo apabullando al prójimo, rasgos inconfundibles de quien confía más en la fuerza que en el ingenio. Más difícil –y divertido—fuera hallar la correspondencia entre el carácter de uno y otro y la forma de juego de sus respectivos equipos. Pero honradamente, no se me ocurre cómo. Mi ignorancia en esto del futbol es insuperable. Aventuraré que, al parecer, el futbol que exhibió el Barcelona fue de control, combinaciones elegantemente geométricas y pases medidos, mientras que el de los blancos fue esencialmente de fuerza y velocidad.

Seguiré por otro camino. Describiré los rasgos predominantes en ambos caracteres morales y dejaré al lector –si lo hubiere—la tarea de hallar su correspondencia con el estilo de juego respectivo. Las virtudes por excelencia del dandi son la arrogancia, es decir, la falta de miedo, el control de las emociones, inseparable de la elegancia, la ligereza y la destreza. Algo de esto se pudo adivinar en los fugaces momentos en que el Barcelona controló el partido. Quizá el defecto principal del dandi sea la incapacidad para el sufrimiento. (Esto se vio al final: Guardiola reprimió mal su desazón ante una derrota no esperada. Sus pupilos también, un poco patéticos). El primitivo tiene a su favor una fuerza sencilla y una confianza sin complejos, no reflexiva. Quizá sabe sufrir y esa es la baza de su superioridad. Tiene tesón, resistencia y, por supuesto, es un luchador de fondo. Cuando el tiempo reglamentario terminó con empate a cero y hubo que ir a la prórroga, los entendidos debieron pronosticar que iba a ganar el Madrid.

Y así fue. El Madrid ganó con un espléndido gol del bárbaro favorito de “Mou”, un muchacho con tanto poder muscular como escasa capacidad para la frase feliz, cosa fácil de observar en sus balbucientes declaraciones, a las que, cosa sorprendente, es aficionado. Nadie podrá cuestionar el acierto en el planteamiento estratégico del vencedor. Ya se sabe, el triunfo confiere legitimidad. Pero nada está decidido. Hay otros dos partidos por delante y lo que se juega es más valioso para los clubes y sus respectivas aficiones. Será interesante ver si Guardiola tiene capacidad de improvisación e inventa algo capaz de descolocar al adversario. Debe recuperar la iniciativa que la derrota les ha arrebatado a los que se creyeron invencibles. Tiene que deslumbrar para impedir que la fuerza imponga su lógica sencilla.

Mourinho ha encontrado su forma de jugar al Barcelona de Guardiola: sólo tiene que permanecer fiel al mismo… y esperar. El futbol, es un deporte de cierta complejidad. Intervienen factores como el árbitro y no se ve con malos ojos el engaño, la trampa y la simulación. Esto hace que el azar tenga un peso considerable en el resultado. De ahí que los haya inesperados, lo que los expertos suelen resumir con una divertida tautología: “futbol es futbol”, dicen con aire de estar iniciados en los “misterios”. En consecuencia, es difícil hacer un diagnóstico. En la medida en que los equipos jueguen de forma semejante a como lo hicieron el pasado miércoles, me inclino a pensar que finalmente se impondrá la fuerza, pero el dandi, con su pañuelo inmaculado y su estilo de juego nos habrá robado el corazón.
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