24 de octubre de 2019, 2:01:36
Sociedad

CINCO BODAS EN DIEZ AÑOS


Los bodas reales del último decenio, una ruptura de la tradición


En los últimos diez años las casas reales de Europa han visto como sus herederos se unían en feliz matrimonio con parejas que no siempre han encajado con los requerimientos reales. La primera de ellas, entre Hakoon de Noruega y Mette-Marit en 2001, estuvo envuelta en polémica debido al inconveniente pasado de la novia. Sin embargo, Hakoon no fue el último en introducir un "plebeyo" en su familia y los enlaces que siguieron en el primer decenio del siglo XXI han demostrado que la monarquía europea se moderniza.


VICTORIA DE SUECIA Y DANIEL WESTLING, UNA BODA "VERDE"

La princesa heredera Victoria de Suecia y su prometido, Daniel Westling, se dieron el "sí, quiero" en una ceremonia celebrada en la catedral de San Nicolás de Estocolmo el 19 de junio de 2010.

La Casa Real sueca resaltó que atendiendo a razones medioambientales, durante los festejos no se lanzarán fuegos artificiales, ni globos ni confeti, por deseo expreso de los novios. La boda "verde", como bautizaron algunos medios suecos, culmina una historia de amor que comenzó en 2001, cuando Daniel, de 36 años, era entrenador personal de Victoria, cuatro años menor, en un gimnasio de Estocolmo.

La relación fue recibida con escepticismo por familiares y amigos, especialmente por el rey Carlos XVI Gustavo, debido al origen modesto de Daniel, pero tras años de especulaciones, el compromiso oficial de la pareja se anunció en marzo del año pasado y un mes después se fijó el día de la boda.


Tras una breve prédica, apenas media hora después del inicio de la ceremonia, el arzobispo Anders Wejryd, cabeza de la Iglesia luterana sueca, los declaró marido y mujer. Al intercambiarse los anillos de boda, Victoria y Daniel, muy sonrientes toda la boda, no pudieron evitar las lágrimas de emoción.

Wejryd, que ofició la ceremonia acompañado por otros tres pastores, recordó al ya matrimonio en un nuevo sermón más largo que aunque su unión es "única", no deben olvidarse de pensar en la familia y en el resto de la sociedad. El arzobispo provocó las risas de Daniel al llamarme por primera vez príncipe, título que ha adquirido automáticamente al casarse con la heredera de la Corona sueca, de 32 años y 4 menor que él.

Daniel Westling recogió a la novia en la mitad del pasillo, hasta donde la había acompañado su padre, el rey Carlos XVI Gustavo, y continuó con ella hasta el altar. El deseo inicial de la novia de que fuera su padre quien la acompañara al altar, generó polémica porque es contrario a la tradición sueca y cuestiona la igualdad de sexos, según sus críticos. Ante el revuelo originado, la Casa Real optó porque el rey hiciera la mitad del trayecto y que Daniel acompañara a Victoria al altar.

Durante la ceremonia, la Real Filarmónica mezcló música tradicional y moderna, incluido un tema expresamente compuesto por el ex miembro del cuarteto sueco Abba Benny Andersson. Al finalizar la ceremonia, Victoria y Daniel iniciaron un recorrido en carroza abierta por el centro de Estocolmo, que contemplaban miles de personas y que los llevará más tarde al Palacio Real, escenario del banquete nupcial.


FEDERICO DE DINAMARCA Y MARY DONALDSON

El príncipe Federico, heredero de Dinamarca, y la australiana Mary Donaldson se convirtieron el 14 de mayo de 2004 en marido y mujer en una ceremonia que entusiasmó a los daneses, conmovidos por la espontaneidad de la pareja.

La boda se celebró siguiendo el rito luterano y fue oficiada por el obispo de Copenhague, Eik Normann Svendsen, quien en su homilía dijo a los contrayentes que la sociedad danesa"confía en que están preparados" para asumir "las grandes obligaciones" que conlleva su posición y que son "consolidar y renovar los valores daneses".

El príncipe se mostró emocionado desde antes de ver a su novia y se le empezaron a saltar las lágrimas cuando sonó la marcha de Haendel que anunciaba la llegada de su prometida.

El otro gran momento fue la llegada de Mary Elizabeth Donaldson a la catedral, que desveló el misterio del traje, un modelo muy favorecedor del diseñador danés Uffe Frank, de satén color perla entallado con mangas tres cuartos de estilo medieval y escote con ligera chimenea que dejaba los hombros al descubierto.

Tanto impacto como el traje de la novia causó el de su padre, John Donaldson, que acudió con falda escocesa pues es originario de Edimburgo. Otros miembros de la familia Donaldson, que vino al completo, también lucieron el traje tradicional de Escocia.

Gran parte del día, el cielo permaneció encapotado y hasta se levantó un viento de lluvia durante la ceremonia, pero cuando los novios abandonaron la catedral salió el sol y el paseo pudo hacerse en coche descubierto para deleite de los daneses.

El día culminó con la comparecencia de los desposados en el balcón del Palacio Real de Amalienborg, desde donde saludaron, primero solos y luego acompañados por sus padres. Allí, Mary, que durante toda la ceremonia había sido muy reservada, sorprendió dando un apasionado beso a su flamante esposo.


FELIPE DE BORBÓN Y LETIZIA ORTIZ, UNA BODA PASADA POR AGUA
Felipe de Borbón y Letizia Ortiz contrajeron matrimonio el 22 de mayo de 2004 en una jornada en la que la lluvia dificultó el guión de los actos previstos, pero no impidió que los madrileños, casi un siglo después de haber sido testigos en sus calles de la última boda real, expresaran su afecto a la pareja.

"No puedo ni quiero esconderlo, imagino que salta a la vista: Soy un hombre feliz. Y tengo la certeza de que esta condición me la da sentir la emoción de ver y protagonizar la realización de un deseo: Me he casado con la mujer que amo", dijo el Heredero de la Corona en el brindis del banquete de boda.

"Conjugar la razón con la fuerza del amor y del sentimiento ha sido siempre un objetivo en mi vida", agregó Felipe de Borbón, antes de añadir que "estamos celebrando hoy que Letizia y yo unamos nuestras vidas en una comunión de amor, responsabilidad, trabajo, respeto y entrega mutua".

La boda de Felipe de Borbón, de 36 años, y la periodista Letizia Ortiz, de 31, se inició sobre las 09:00 horas de la mañana y tuvo tres escenarios principales: la catedral de La Almudena, donde se ofició la ceremonia; el Palacio Real, que albergó el banquete, y la Basílica de Atocha, donde la novia entregó su ramo.
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Letizia Ortiz llevó un vestido del modisto español Manuel Pertegaz, en color blanco roto, con cuello en pico y cola bordada de 4,5 metros y tejido en seda natural tramada con hilos de plata fina. Una diadema de estilo imperio de platino y brillantes que la Reina Sofía lució el día de su boda sujetaba un tul de seda natural de tres metros de largo.

El novio, con el uniforme de gran etiqueta del Ejército de Tierra, de color azul oscuro, recibió con un beso a su prometida a los pies del altar de la catedral antes del inicio de la ceremonia que ofició el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela.

Ya en el banquete, Juan Carlos I deseó a su hijo una vida "colmada de felicidad y entrega mutua" y mostró su convencimiento de que a los recién casados les "anima la pasión de servir" a España. También se dirigió a la Princesa de Asturias a quien "recibimos -dijo- con los brazos abiertos y con el mayor cariño en el seno de nuestra familia".


GUILLERMO DE HOLANDA Y MÁXIMA ZORREGUIETA, UNA BODA SALPICADA DE POLÉMICA

La argentina Máxima Zorreguieta y el príncipe Guillermo de Holanda sellaron el 2 de febrero de 2002 su unión con cinco besos en el balcón del Palacio del Dam, al término de la ceremonia que les convirtió en marido y mujer tras un noviazgo salpicado de polémica por el pasado político del padre de la novia.

La novia vestía un diseño del modisto italiano Valentino, en seda de color blanco y de corte clásico y discreto, al que no restaban sobriedad ni la cola en seda y tul bordada a mano, ni tan siquiera la corona y los pendientes de brillantes. El príncipe Guillermo, quien, siguiendo el rito protestante, llevó a la novia del brazo al altar, vestía el uniforme de Capitán de la Marina holandesa.



Feliz y sonriente, la pareja se dio un emocionado "sí" en la iglesia e intercambió los anillos, de platino, diamantes y esmeraldas, ante más de 1.700 ilustres invitados: miembros de las Casas Reales de todo el mundo, amigos de la familia de Máxima y representantes de las principales instituciones del país.

La reina Sofía de España, sentada en primera fila junto al príncipe Felipe, muy cerca de la reina Beatriz y del príncipe Claus, pudo posiblemente ver cómo se deslizaban por las mejillas de Máxima emocionadas lágrimas mientras sonaban las notas de un tango compuesto por el legendario argentino Piazzola.

Poco antes de que se celebrara la boda religiosa, el Príncipe heredero, de 34 años, y Maxima, de 30, -que se conocieron hace tres años en una fiesta en Sevilla (España)- sellaron su unión ante la ley en el edificio de la antigua Bolsa de Amsterdam, en una breve ceremonia celebrada por el alcalde de la ciudad, Job Cohen.

Los grandes ausentes fueron los padres de la novia, una decisión tomada por su progenitor, Jorge Zorreguieta, para atajar la polémica que se levantó en círculos políticos holandeses cuando se supo que había sido secretario de Estado durante la sangrienta dictadura de Jorge Videla (1976-1981).

Cuando Guillermo sea coronado rey, el Gobierno de turno deberá decidir si Máxima adquiere el título de reina, privilegio que no han tenido los consortes de las soberanas en las últimas generaciones.

HAKOON DE NORUEGA Y METTE-MARIT, LA PRIMERA DE LAS BODAS DEL NUEVO MILENIO

El príncipe Haakon, heredero de la corona noruega, y Mette-Marit se casaron el 25 de agosto de 2001 en la catedral de Oslo en medio del fervor sus compatriotas que presenciaron el "sí, quiero" a través de grandes pantallas de televisión instaladas en las calles.

Más de 800 personas vivieron en directo la ceremonia en la catedral de la capital noruega, originalmente una fabrica de ladrillo del siglo XVII, de extremada sencillez ornamental, que fue decorada por el ayuntamiento con cientos de rosas. Los novios no llegaron juntos a la Catedral, tal y como manda la tradición noruega, sino que cada uno lo hizo acompañado de su "Forlover" -padrino de boda-, a lo largo de un recorrido punteado por miles de banderas noruegas y cientos de miles de flores.

El novio recibió a Mette-Marit con un furtivo beso a las puertas de la Catedral, y ésta, muy sonriente, saludó efusivamente al público que la aplaudía y vitoreaba. La novia llevaba el velo que usó en su boda Marta de Suecia, abuela de Haakon, en 1929, y lucía un elegante y sencillo vestido de crepe y tul, obra de un poco conocido modisto noruego.
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