28 de enero de 2020, 15:30:02
Opinion


Arteseros: España en su memoria

Antonio D. Olano


Alfonso Arteseros es un fenómeno de popularidad, difícilmente repetible. Sin duda debe su nombradía a la disciplina que aplicó desde la Música, entonces encajada en el “pop” o suyo es la ironía. Más la ponderación y sumado ese delicado equilibrio que hace al escritor al caminar por el filo de la avala, sin hacer ni hacerse daño. La sangre, felizmente no derramada, la acumula en sus recuerdos, en su documentación iconográfica y en su filmoteca.

Su espacio dominical, con nocturnidad y sin alevosía, ha pasado de costumbre a vico o virtud nacional. He tenido la satisfacción, y la paciencia, de acompañarle por las calles de diversas ciudades españolas. Primero le invade a uno, no contaminado por la envidia, de saborear ese paraíso llamado popularidad. Después, rodeados por sus entusiastas que no le dejan andar dos pasos, medita uno en torno al peso de la púrpura. Que a los vamos envanece y a los que se conforman con lo que han merecido, hace pasar por más humildes.

Ya es u tópico en desuso afirmar que vale más una imagen que mil palabras. Quedémonos en el fiel de la balanza. Os dos platillos, en perfecto equilibrio, cargados por las instantáneas en movimiento del aun joven historiador. Historiador y objetivo, lo cual se asemeja a una paradoja. Arteseros sabe donde pone la mirada. Después el bien hacer televisivo aporta lo demás.

Ya está en las librerías ese extenso tomo, de ancho lomo, titulado “España en mi memoria” que firma Arteseros. Visto y no visto porque los compradores se disputan el denso e intenso contenido de sus páginas. Ilustradas con cien fotografías del entrevistador y sus entrevistados. Ni el uno ni los otros se atragantaron con sus opiniones, sus verdades que, sin duda alguna, desenredan el ovillo de los acontecimientos todavía cercanos. Tan próximos que uno tiene que ingeniárselas para evitar las arcadas, las vomitonas que le producen tantas manipulaciones de hechos tan cercanos y que contados por los monederos falsos tratan de hacernos comulgar con ruedas de molino. Arteseros les arrancó la careta de la manipulación y los enfrenta a la verdad desnuda. Y así rompe audiencias llevando a su “España en la memoria” millones de personas que tienen como vicio ver espacios de “Intereconomía” en donde colaboran verdaderos gigantes de la comunicación. Muchas veces cuestionados porque ponen ante es espejo de buen azogue a tantos falsarios que arrojan el espejo cuando deberían haber prescindido sus rostros y actitudes farisaicas.

En Literatura solamente existe un género válido, el que enseña y divierte. Voltaire descarta el aburrimiento. De la misma manera los libros se dividen en dos clases: el que nos aburre y duerme y se nos atraganta con sus páginas inocuas llenas de hastío, Y nos hace dormir inmediatamente. El otro tipo de literatura es la que muestra Arteseros en el primero de sus tomos. Son las páginas que te desvelan, que algunos lectores devoran hasta llegar al final.

Eso es lo que ocurre con Alfonso Arteseros que a más popularidad opone mayor sencillez. Una humildad verdaderamente humilde porque a veces los humildes que se visten con piel de idem son los más vanidosos.

Este libro va precedido por un prólogo importantísimo de un importante sociólogo y gran intelectual: Amando de Miguel. El mismo ironiza de su cualidad, añadida a sus otros y grandes méritos. Prologuista era don Gregorio Marañón y, como ocurre con Amando o Jardiel Poncela, (por sus prólogos los conoceréis) a los autores y también a los “prologados” los acompañan, les hacen de guía en el camino que conduce al éxito.

Lo he pensado y lo he pasado muy bien con unos textos que fueron, son o serán imágenes.

La verdad se muestra al desnudo. Claro que sin autosuficiencia, sino con la suficiencia que al autor le da el saberse en disposición de revelar muchas verdades. El y sus “con la tan difícil “hora de la verdad “cómplices” que son sus amigos los que hicieren historia y la historia los hizo.
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