26 de enero de 2020, 1:34:55
Opinion


Los toros riqueza cultural

Antonio D. Olano


Los franceses han declarado a los toros bien y riqueza cultural. Sus plazas de toros se llenan y van en aumento. Hasta el punto de que económica y artísticamente están superando a los resultados que se obtienen en los coliseos españoles y es que nuestros compatriotas en vez de sumar restan tenemos bien cerca la decisión de parlamentarios catalanes que decidieron suprimir la Fiesta en su territorio. Y no porque acusasen muestras de crueldad. Sencillamente porque la Fiesta es española. Como españoles son y seguirán siendo esas buenas gentes catalanas.

La españolidad se ha convertido en un pecado para los cretinos que quieren desterrar. La prohibición de los toros sería equivalente a que no pudiesen circular por las autovías vehículos que se hayan construido en el resto de España o semejante a la prohibición del empleo de la penicilina porque Fleming, el descubridor, era británico y no de Perellada. Por estas mismas razones deberían suprimir el consumo de viandas de otras regiones. Estoy seguro de que pronto se rectificara está bien que se administren las autonomías. Pero resultaría grotesco que las vías ferreas se prohibiesen porque los raíles hayan sido fundidos en los altos hornos bilbaínos.

Una cosa es administrase a si mismos y otra no admitir los beneficios que recibe del mismo país en los que son participes los regionalistas. Ya es el próximo gobierno español el que debe enderezar entuertos. Es demasiado hermosa y noble Cataluña para que la aíslen y desbaraten los tontos del pan con tomaca (por cierto mi costumbre diaria en mis diarios desayunos).

El reciente Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa, encabeza la campaña contra la prohibición de los toros. Ha dicho que al nacionalismo hay que combatirlo. El próximo gobierno de Mariano Rajoy ha hecho público su deseo de que los toros sean patrimonio nacional en toda España. Suponemos que un Gobierno de la nación está muy por encima de lo que piensen los reyezuelos que quieren apoderarse de los inexistentes “reinos de taifas”.

La fiesta lo es desde hace varios siglos. Otra cosa es que el público acuda a los festejos por real decreto. Convendría que tuviésemos bien claro lo que es la libertad y no su fantasma condenado por otro español preclaro y muy taurino: Luis Buñuel.
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