22 de septiembre de 2021, 23:46:17
Opinión


Querido Jordi

Juan José Solozábal


Acabo de ver Bucarest, la conmovedora película que sobre Jordi Solé Tura ha realizado su hijo Albert .Como seguramente sabrán el político catalán sufre de la enfermedad de Alzheimer: es emocionante encontrarse con la vitalidad de Jordi Solé, con su alegría de siempre y no poder identificar su objeto, la materia secreta de su referencia, impenetrable ya para nosotros.


La película que se dedica a contar la peripecia del político catalán plantea, es cierto que con delicadeza y todo afecto, una interrogante bien dura sobre el coste de la militancia en la clandestinidad, visto no desde el desengaño ni el fracaso político del protagonista, que además en el caso de Jordi Solé no se produjeron, sino desde la perspectiva de la familia del activista, que ha tenido que cargar con un peso a veces insoportable, consistente en duras condiciones de vida, en las que los afectos han debido superar dificultades y pruebas casi imposibles.


Pero la película logra transmitir la mejor imagen de Jordi, la del intelectual comprometido, capaz, como era su caso, de seducir por su coherencia vital y la exactitud de sus análisis. De sus cualidades intelectuales se ofrece un generoso testimonio en la película por parte de Manuel Jiménez de Parga y Salvador Giner que detallan la brillantez universitaria de Solé y sus dificultades para hacerse un hueco profesional en la Universidad del franquismo, tan llena casi de mediocridades como de intrigantes. No tengo que explicar el atractivo de una cabeza tan libre como clara para muchos de quienes pensábamos en entrar en la vida académica.


Además, el testimonio de Solé ayudó a mi generación a adelantarnos lo que en un nuevo tiempo político debería ser la posición de Cataluña, su contribución a una España pluralista y federal. Su libro Catalanismo y Revolución burguesa contextualizaba el nacionalismo catalán, especialmente en la formulación canónica de Prat de la Riba, pero deducía del mismo un significado popular o nacional, el catalanismo, del que ninguna forma democrática y pluralista, por ejemplo el marco federal, podría prescindir. Nadie como Solé diferenció entre nacionalismo y federalismo, y esta contribución suya resulta capital en el análisis de cualquier modelo territorial para España.

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