18 de noviembre de 2019, 7:44:23
Opinion


La tragedia sísmica de Japón y el fetichismo nuclear



Ayer nos sorprendió la triste noticia del fallecimiento de un operario en la central nuclear de Fukushima…por un accidente laboral que no nuclear. La sorpresa viene de que, por ahora, prácticamente no ha habido víctimas causadas por contaminación de la central. De hecho –y tras no pocas angustias y grandes esfuerzos- la verdad es que el riesgo nuclear está siendo controlado. Y lo cierto, pues, es que la central nuclear, a pesar de estar situada en una zona contraindicada y de alto riesgo, ha resistido un seísmo que dobla en escala el de Lorca y un maremoto de una violencia devastadora.

Es notable, sin embargo, que los medios en general, y los europeos en particular, han dejado pronto de hablar de la verdadera tragedia del seísmo: más de diez mil muertos y una cifra aún mayor de desaparecidos. Ese drama ha cedido pronto en importancia mediática a las vicisitudes de la central atómica, preocupantes sin duda, temibles por sus posibles consecuencias, pero de un impacto y trascendencia muy inferiores a los daños fatales causados por la acción directa del terremoto y del maremoto que sacudieron al Japón. La desproporción en el tratamiento de ambos temas no deja de impresionar, en la misma medida que preocupa el sesgo y el sectarismo al tratar determinados asuntos que llevan anejos una fuerte carga política y valorativa. En suma, en el análisis de demasiados problemas, sobra fetichismo y faltan análisis ponderados.
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