26 de febrero de 2021, 3:56:36
Opinión


Galileo y el sistema de la estrella HD 10180

David Felipe Arranz


Es la noticia científica del año; los científicos han descubierto una estrella análoga al Sol situada a 127 años luz de distancia, en la constelación de Hydrus. Hasta la fecha, los astrónomos han localizado cerca de quinientos planetas que orbitan alrededor de estrellas similares al Sol, aunque están bastante seguros de que ninguno de ellos alberga vida, tal y como la conocemos… salvo en el sistema de la estrella HD 10180, donde todavía hoy se siguen descubriendo planetas que podrían aproximarse a la Tierra.

El objetivo de esta búsqueda es detectar un planeta apto para la vida y la constitución de una colonia en el espacio, tras el fallido experimento de Biosfera 2 en el desierto de Arizona, una iniciativa que hace veinte años pretendió recrear unas condiciones de vida óptimas en mitad del desierto de Arizona, con la participación de ocho voluntarios, y que finalmente no funcionó porque las plantas no fueron capaces de mantener el aire puro. Pero… ¿qué ocurrió con la convivencia de sus habitantes, encerrados durante meses en una superficie similar a dos estadios de fútbol? También fueron incapaces de convivir y se dividieron en dos facciones que aún hoy, dos décadas después, siguen cerrando sus filas.

Ciertamente, Leibniz teorizó en el siglo XVII que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, aunque cada día los medios desmientan con hechos aquellas proposiciones filosóficas. Fue Voltaire en su Cándido el que se mofó del matemático –hizo un daño a la obra de Leibniz que ha llegado hasta nuestros días–, si bien Bernard le Bovier de Fontenelle reforzó las teorías del autor de la Teodicea con una extraordinaria obra, Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos habitados, un valiente ensayo escrito en francés –no en el latín oficial– y temprana obra en la defensa de la teoría heliocentrista de Copérnico y la posibilidad de existencia de vida similar a la nuestra. A pesar de todo, Leibniz parte de una atractiva sentencia del Timeo, en el que Platón afirma que “el demiurgo quiso que el mundo fuera el mejor posible”.

Platón, Leibniz y Fontenelle abrían una puerta a la posibilidad de que ninguno de los infinitos mundos posibles (potenciales o verdaderamente reales) fuera malo. También en el siglo XVII, Galileo Galilei, que además de un investigador brillante era un hombre de ingenio y muy mordaz –escribió un tratado contra el uso obligatorio del birrete y la toga en la Universidad–, dedicó toda su vida a las matemáticas y a la observación de los astros… y soñó con otros mundos que veía a través del telescopio que había mejorado en su estudio: descubrió los cuatro satélites de Júpiter, las fases de Venus, la cualidad irregular de la superficie de la Luna, las manchas solares, y un largo etc. Fue la libertad de pensamiento instaurada en la República de Venecia la que le dio alas durante los dieciocho años en los que impartió clases en la Universidad de Padua.

Galileo cuenta en el Sidereus nuncius que el sistema copernicano había superado al aristotélico y tolemaico, vigentes hasta la fecha. Giordano Bruno fue más allá postulando la posibilidad de que nuestro mundo no fuera el centro de las atenciones de Dios en Sobre el infinito universo y los mundos y la Inquisición lo quemó vivo en febrero de 1600, episodio que hizo retroceder a Galileo cuando hubo de declarar ante el Santo oficio y retractarse tras considerarse sus ideas heréticas en 1615. Galileo esquiva la vigilancia en El ensayador (1623) y apuesta por una ciencia moderna frente al viejo saber medieval, bajo la especie del diálogo literario.

Debemos mucho a la firme apuesta de Galileo por la ciencia experimental, matemática y racionalista; a los postulados de Leibniz y de Fontenelle. A través de inolvidables ensayos –que jamás abandonan el canon, a pesar muchos de ellos de formar parte de índices inquisitoriales durante mucho tiempo– todos lucharon por la defensa de posturas muy arriscadas en su tiempo, un esfuerzo que les ocasionó multitud de críticas y de dificultades.

Decía al comienzo que es la noticia científica de 2011. Acaso nuestro escepticismo e indeferencia actuales no sean sino el resultado de que hayamos dejado que nuestra capacidad de asombro se esclerotice: nuestra mayor barrera puede que sea precisamente el hecho de que muy pocos soñemos ya con que en un lejano sistema hermano al solar, el de la estrella HD 10180, pueda existir un hálito de vida… y de esperanza. Porque el universo sea, por qué no, el mejor de los mundos posibles.
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