23 de octubre de 2019, 10:33:51
Opinion


Un contenido miedoso con la libertad

Juan José Laborda


Acabo de ver en televisión la comparecencia de Carme Chacón renunciando a presentarse a las elecciones primarias para ser candidata a la presidencia del Gobierno. Hubiera dicho que me desconcertaba sino me hubiese causado un cierto enfado. Especialmente porque su comparecencia me pareció que tenía los rasgos que han separado a los electores del mensaje y de los representantes del Gobierno socialista.

Sin pretensión de hacer un análisis sistemático (que lo merece pues contiene los elementos claves del fracaso socialista), apuntaré algunos.

La reducción de la actividad política a las apariciones en los medios de comunicación, incluyendo los trasmitidos por internet. Carme Chacón ha dado su rueda de prensa explicando una decisión que deberían haberla conocido los miembros del Comité Federal. Ese órgano, que se sigue considerando el más importante del PSOE después de su Congreso Federal, se reunirá el sábado para darse por enterado de algo que le afectaba esencialmente, y que fue anunciado a la prensa dos días antes.

Los órganos representativos del partido, donde sus militantes desempeñan sus funciones democráticas, sucumben ante una política virtual, y que se impone siempre a cualquier opinión diferente. Según la mayoría de los analistas, Carme Chacón ha renunciado a presentarse porque el presidente Zapatero se lo ha pedido, ante el riesgo cierto de que el Comité Federal del sábado, rechazase las primarias, y convocase, en su lugar, un Congreso Federal, eligiendo un nuevo secretario general del Partido Socialista.

Un respeto a las formas hubiese debido conducir a que Chacón anunciase su renuncia, en todo caso, en una nota de prensa. El dramatismo de su comparecencia, de sus gestos ante las cámaras, en mi opinión, la han perjudicado, y lo que es más serio, han trasmitido las incoherencias de la situación política del presidente Zapatero, y de su gobierno.

Carme Chacón ha manifestado que desde febrero tenía la voluntad de presentarse a las elecciones primarias. Salvo que sea un lapsus, o que yo no la haya entendido bien, en febrero no se sabía que Zapatero renunciaría el 2 de abril. Parece que Chacón fue la persona que conoció la confidencia del presidente, y que éste anunció misteriosamente a los periodistas durante la copa navideña en La Moncloa.

Se explica el dramatismo de su rueda de prensa.

El argumento central de su exposición contenía tres ideas: peligraba la unidad del partido; afectaba a la credibilidad del presidente del Gobierno; y ponía en riesgo la estabilidad de su ejecutivo. Literalmente dijo: “en los últimos días hemos asistido a una escalada que pone en riesgo la unidad del partido, la autoridad del presidente y secretario general, nuestra imagen colectiva como partido, e incluso, la estabilidad del Gobierno”.

Esta parte de su discurso es la que me ha enfadado.

Me rechina su contenido miedoso con la libertad. No es la cultura que recibimos de aquellos que conocieron a Fernando de los Ríos, Julián Besteiro o Indalecio Prieto, como por ejemplo, Ramón Rubial. Si la unidad del partido está en peligro, lo razonable es dar un paso adelante para defenderlo, en lugar de dar pasos atrás (son sus palabras), callando su voz y las de los demás que opinaban lo mismo.

La idea, y la frase, “nuestra imagen colectiva como partido” me enerva bastante. La relaciono con algo que me preocupa mucho: la anulación del pensamiento individual, a causa de una equivocada apelación a la disciplina de los militantes; algo que conduce a que las decisiones de los dirigentes (“la autoridad”) se asuman sin ninguna oportunidad de crítica. La pluralidad, ese principio que está protegido en la Constitución, empieza por el respeto y el aprecio de cada pensamiento individual. Un partido político en nuestro tiempo, debe ser un grupo de hombres y mujeres que pensando de manera diferente, sin embargo, pueden ponerse de acuerdo en unas ideas y en una acción política.

Contra esto protestaron los acampados en las plazas españolas, y a causa de estos comportamientos dejaron de votar muchos ciudadanos a los socialistas.

Los demás párrafos del discurso de Carme Chacón reinciden en la misma lógica. Lo que la lleva a no separar las instituciones constitucionales (la presidencia del Gobierno), de los órganos partidarios (la secretaría del partido). Parece lógica que la preferencia de celebrar un Congreso convenza más que convocar elecciones primarias, en estas circunstancias post-electorales. Pero esa discrepancia dentro del partido, no puede afectar al Gobierno, en ningún momento, y menos, en su etapa final.
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