20 de noviembre de 2019, 23:53:04
Opinion


15-M. Lenguaje y revolución

Mariana Urquijo Reguera


Antes o después, en todo medio de comunicación que se precie, producto de un instinto defensivo, encontramos algún artículo o voz criticando al movimiento 15-M por su uso del lenguaje. Se llevan las manos a la cabeza por el empobrecimiento del lenguaje que parece apreciarse en las nuevas tecnologías que ayudan a los revoltosos indignados.

Sesudos de diferentes ámbitos se lamentan por la pérdida de complejidad lingüística que se produce en el breve espacio de 140 caracteres. Y entonces me vienen a la mente las greguerías de Gómez de la Serna que describen con agudeza incuestionable la realidad, tal como “En lo que más avanza la civilización es en la perfección de los envases” o “El capitalista es un señor que al hablar con vosotros se queda con vuestras cerillas” y esta impecable: “El dinero huele a vagabundo”; todas caben en un twit y llenan la cabeza de frescura, de agilidad, de inteligencia, de intuición y de sabiduría. Más allá. Para el escéptico del verso breve, Nietzsche es en sí mismo un buen argumento. Sus aforismos no solo eran una elección formal, sino una forma de pensar intuitiva e inteligente, llena de fuerza y como tal, a trompicones. Breve y concisa, la envidia de bloggeros y twitteros del siglo XX.

No hace la extensión al sabio ya que no por mucho desbarrar se dice nada claro. En carteles, lemas y pancartas en los últimos días he visto y sentido la expresión de grandes verdades de la humanidad: sus dolores, sus sufrimientos y sus contradicciones. Certezas contemporáneas que demuestran el ingenio, la ironía, sagacidad e inteligencia de una sociedad con ganas de hablar alto, no porque alguien superior deba escucharlos, sino para que su voz llegue tan lejos como la propia sociedad esté dispuesta a atender y a responder. Dialogar, compartir, escuchar, hablar, criticar, construir, pero sin enrollarse, que el tiempo es poco y el futuro apremia.

Es quizá este un tiempo de más aforismos y menos verborrea. Que las putas no son las madres de los políticos ni se puede desperdiciar tanto pan para tanto chorizo, que “no somos antisistema, sino que el sistema es anti-nosotros”, un nosotros que se proclama “Rebelde sin casa” ya que si “Confías en un banco, acabarás durmiendo en él”. Ea, el pueblo dixit. El pueblo habló y tiene mucho que decir-decir-se y eso es ya una revolución en sí misma.
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