20 de enero de 2020, 11:10:58
Opinion


Indignados con razón



Las perspectivas del colectivo 15-M y demás “indignados” que acampan desde la víspera de las elecciones en Plaza Cataluña y la Puerta del Sol no están del todo claras. Inicialmente, todo iba a acabar el lunes 23, tras la celebración de los comicios locales y autonómicos, pero no ha sido así. Este pasado fin de semana, de hecho, se han llevado a cabo asambleas para ver cuál es la línea a seguir a partir de ahora. Sea como fuere, lo cierto es que hay un antes y un después de este tipo de movilizaciones. Son y han sido parte activa de ellas personas descontentas de la actual situación económica, política y de crisis de valores del momento. También oportunistas y militantes de izquierda que, visto lo visto en estos últimos años, no se resignan a que haya una alternancia democrática y están dispuestos a todo con tal de impedirlo.

Pero que nadie se lleve a engaño: son muchos, muchísimos más, los españoles indignados que no se dedican a ir de camping ni a extorsionar a los comerciantes de la Puerta del Sol. Gente que ha perdido su empleo, que tiene una pensión mínima y que, pese a contar con una excelente formación académica, ve ante sí un futuro laboral más que sombrío, manejado por profesionales de la política sin oficio ni beneficio. Que asiste con una mezcla de enfado y vergüenza al deplorable espectáculo de los casos de corrupción política, que ve la flagrante politización de la justicia y que siente en carne propia los devastadores efectos de una crisis que no parece tener fin. Es lógico que estén indignados, pese a no exteriorizarlo de forma teatrera. Y a ellos es a quien han de dirigirse los políticos a partir de ahora. Los cuales deben tomar buena nota del sentir de una ciudadanía hastiada de demasiadas cosas.
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