23 de septiembre de 2019, 13:03:01
Mundo

Los sondeos vaticinan un fuerte retroceso de la izquierda liderada por Sócrates


Portugal acude a las urnas para decidir su futuro con la crisis económica y la fractura social como telón de fondo


Este domingo, algo más de nueve millones de portugueses están llamados a las urnas en una de las jornadas electorales más decisivas de su historia. La delicada situación económica que padece el país vecino ha sumido a Portugal en una fractura social que no se producía desde la Revolución de los Claveles de 1974. Aunque los sondeos muestran una apretada pugna entre el socialista José Sócrates y el socialdemocráta Pedro Passos Coelho, se prevé un fuerte retroceso de todos los partidos de izquierdas.


Con el rescate de la Unión Europea empezando a sanear las maltrechas arcas lusas, Portugal afronta este domingo una jornada electoral crucial para el devenir social y político del país. En las decimocuartas elecciones democráticas que vive el estado tras el levantamiento de abril de 1974, conocido popularmente como la Revolución de los Claveles, y que logró derrocar a la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar, nuestros vecinos están llamados a renovar los 230 escaños parlamentarios y a elegir un nuevo primer ministro.

En una campaña electoral cuyos protagonistas han sido la austeridad de los partidos y el duro cruce de acusaciones entre las dos grandes formaciones que se han alternado en el poder desde 1974, el Partido Socialista (PS), encabezado por el primer ministro en funciones, José Sócrates, y la oposición del Partido Social Demócrata (PSD), de Pedro Passos Coelho, el temor se centra en el alto índice de abstención que se prevé.


De izquierda a derecha, Jerónimo de Sousa (PCP-PEV), Francisco Louca (BE), Pedro Passos Coelho (PSD), José Sócrates (PS) y Paulo Portas (CDS-PP).


No hace ni cinco meses que los portugueses tuvieron que votar en las elecciones presidenciales, en las que renovó su cargo el socialdemócrata Aníbal Cavaco Silva, y donde se registró una abstención del 30 por ciento, diez puntos inferior a la de los anteriores comicios legislativos de 2009, cuando alcanzó un techo histórico del 40 por ciento.

Para intentar combatir el inmovilismo electoral y con el objetivo de sumar el mayor número de adeptos posibles, ambos líderes se han lanzado a la caza y captura de votantes en la formación contraria. Mientras Passos Coelho instaba esta misma semana a los socialistas a dejar su formación por considerar "muerto" al PS, Sócrates calificó de "patética" la estrategia de desgate puesta en marcha por el PSD.

La apatía, el desánimo y el pesimismo se han hecho fuertes entre el electorado luso al calor de la mala situación económica que vive el país y del creciente descontento con la clase política. La campaña electoral de las dos grandes formaciones se ha centrado en tratar de trasladar un sentimiento de optimismo, si bien, tanto Sócrates como Passos Coelho son conscientes de que, sea cual sea el partido victorioso, su labor estará muy condicionada por los requisitos impuestos por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional para continuar ayudando económicamente al país. De este modo, muchos analistas le restan importancia a las elecciones al considerar que, gane una formación u otra, Portugal será tutelado desde fuera.

Además, otro de los grandes temores de los analistas lusos gira en torno a la posibilidad de que ninguna de las dos grandes formaciones obtenga la mayoría suficiente para gobernar. Y es que los partidos minoritarios, dos coaliciones de izquierdas y los democristianos ostentan una horquilla de votos superior al 30 por ciento y se antojan cruciales para la formación de un nuevo gabinete.

Retroceso de la izquierda
Aunque son cinco los candidatos que han copado el debate electoral, Pedro Passos Coelho (PSD), José Sócrates (PS), Jerónimo de Sousa (PCP-PEV), Francisco Louca (BE) y Paulo Portas (CDS-PP), sólo los dos primeros tienen opciones reales de hacerse con la victoria. Eso sí, ninguno de los sondeos les otorga una mayoría absoluta y, de hecho, de materializarse los pronósticos, ni siquiera alcanzarían el 40 por ciento de los votos. Con este panorama, los pactos de gobierno se prevén inevitables.

Si los sondeos aciertan, Pedro Passos Coelho ganaría las elecciones con un apoyo cercano al 37 por ciento de los votos. El escenario más probable es el de una alianza con los democristianos del CSD-PP liderados por Paulo Portas, ex ministro de Defensa entre 2002 y 2004. Si bien no sería la primera vez que ambas formaciones pactan, la escasa popularidad de Portas y saber que tiene la llave de un nuevo gobierno podría obligar a Passos Coelho a hacer dolorosas concesiones en forma de carteras ministeriales importantes.

Mientras, el declive de la izquierda portuguesa es evidente. Los sondeos sólo apuestan por una ligera mejoría de la coalición formada por comunistas y verdes, que se harían con 17 escaños. Además, los socialistas de Sócrates y los marxistas del Bloco de Esquerda, liderados por Francisco Louca, sufrirían un importante varapalo.

Especialmente duro sería el castigo para la formación del actual primer ministro dimisionario, que, de liderar un gobierno de coalición, pasaría a ser la segunda fuerza más votada con una pérdida de más de una veintena de parlamentarios. Así, el PS conservaría apenas 74 escaños de los 230 asientos con los que cuenta la cámara lusa.

Crisis y fractura social
Una vez se hizo oficial el plan definitivo de rescate financiero aprobado por la Unión Europea para intentar sanear las cuentas lusas el pasado 16 de mayo, los dos grandes partidos se enzarzaron en una dura batalla dialéctica culpándose los unos a los otros de la crisis con vistas a las elecciones de este domingo.

Tras intensas negociaciones a tres bandas entre el gobierno portugués, las autoridades comunitarias y los responsables del FMI, el montante total del rescate se fijó en 78.000 millones de euros durante los próximos tres años, 12.000 millones de los cuales ya han sido transferidos. Mientras tanto, el desempleo alcanzaba cotas históricas en Portugal. A día de hoy, el paro luso se sitúa por encima del 12 por ciento (700.000 personas).

De este modo, a la crisis de gobierno surgida después de la dimisión el pasado mes de marzo de José Sócrates tras el rechazo del PSD a aprobar su plan de reformas económicas, se le suma una grave crisis social que ha tenido fiel reflejo en las numerosas y masivas concentraciones populares que se han registrado en las principales ciudades del país. De hecho, agrupados en torno al movimiento 'Geraçao á rasca', 300.000 jóvenes portugueses se han echado a la calle en los últimos días al estilo de los que lo han hecho en la Puerta del Sol de Madrid para pedir reformas laborales. No obstante, Portugal arrastra un desempleo juvenil cercano al 30 por ciento.



Pero el descontento social no se ciñe de manera exclusiva a los jóvenes. Los dos grandes sindicatos del país, CGTP y UGT, ya han condenado en numerosas ocasiones las políticas económicas del gobierno de Sócrates (recortes en los salarios y en los subsidios sociales y aumento de impuestos) y han anunciado paros generales para los próximos meses. Sin embargo, el grueso de las críticas sindicales se centran en el Partido Comunista-Verde y en el Bloco de Esquerda, a los que acusan de inmovilismo y connivencia con el ejecutivo central.

Con este panorama, y pase lo que pase este domingo, el gabinete electo se enfrentará a una tarea titánica por intentar revertir la tendencia negativa en la que está sumido el país vecino. El alto índice de desempleo, los recortes de gasto generalizados impuestos por Bruselas y el FMI y la desconfianza creciente en la clase política son sólo tres de los frentes que deberá encarar el nuevo ejecutivo, una labor que podría verse entorpecida si no se logra formar una alianza sólida entre los partidos ganadores.
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