20 de enero de 2021, 17:06:01
Opinión


Bildu: la tormenta perfecta

Francisco Jose Llera Ramo


Después de discutir si eran galgos o podencos y de hacerles la ola gratuitamente, dejándoles expedito el camino para convertirse en el azote vasco de la seudodemocracia española, para unos (120.000 incondicionales proetarras), y en los grandes pacificadores de la bestia noqueada, para otros (otros 150.000 bienintencionados de EA, EB, Aralar o que se habían ido desperdigando en los últimos años), llega la gran sorpresa de la noche del 22-M: Bildu se convierte en el segundo partido del País Vasco con el 26 % de los votos y a solo 5 puntos del PNV, que siempre se ha considerado invencible y con derecho indiscutible a la primogenitura vasca. Pero, no solo eso, sus más de 270.000 votos le permiten ser el primero en número de concejales (casi 1.000), el que más ayuntamientos controla por mayoría absoluta (74), siendo la lista más votada en otros 22 y empatando en su cómputo total de ganancias con las del PNV, a quien le disputa el territorio. Pero su joya de la corona es ocupar la primera posición en el Ayuntamiento de San Sebastián y, sobre todo, en la cámara foral de Guipúzcoa, lo que le permite aspirar a regir ambas instituciones, con espanto de muchos de los que les hicieron el recibimiento con ramos de laurel. Y todo ello, sin programa, salvo que consideremos tal cosa la retórica antisistema tradicional de este mundo (presoak kalera, independentzia eta sozialismoa) o las pegatinas, que, a favor de los presos de ETA, lucían sus interventores, militantes y simpatizantes el día de la votación en urnas, plazas y tabernas. Mayor claridad de objetivos y convergencia estratégica con los terroristas, imposible.

Muchos en el PNV (sobre todo, los empresarios y no pocos altos cargos o los simples contribuyentes a la Hacienda Foral), cuyos dirigentes dicen haber hecho lo “inconfesable” para que el zorro entrase en el gallinero, están aterrados de la que les viene encima y del riesgo serio para muchos de sus intereses y proyectos más importantes (incluido el TAV o el puerto exterior de Pasajes, entre otros). Aralar ha visto como su apuesta seria y contrastada contra el terrorismo de ETA y a favor de la independencia y el socialismo por la vía democrática se ha quedado casi sin votos, por su huida a quienes no han querido hablar del pasado, pero jalean a quienes lo han protagonizado: los terroristas condenados. EB también se ha centrifugado en su complacencia y coqueteo acomplejado e incomprensible con el nacionalismo totalitario (recordemos Mondragón). Pero, hasta mis compañeros Eguiguren y Odón Elorza se alarman ante el estropicio y tratan de decir que una cosa era dejarles concurrir y otra que puedan hacer valer sus votos en las instituciones para hacerse con el poder que, teórica y formalmente, les corresponde (¿ ingenuos ?). Y todos, como imbéciles (perdón), esperando que el oráculo de ETA emita su comunicado valorando las elecciones desde alguna madriguera recóndita (o, a lo mejor, desde algún despacho de nuestra universidad pública), por si nos puede dar las claves de cómo nos van a perdonar la vida por haber sido tan buenos.

Y, ahora, a retratarse todos los que durante las últimas tres décadas han tenido que hacer como que todo era normal en medio de la ignominia y la limpieza étnica, unos beneficiándose y otros sufriéndola. Solo un acuerdo, casi imposible e impensable, de geometría variable entre PNV, PSE-EE y PP puede impedir que el sector soberanista del PNV, cegado por la ambición de poder o por el resentimiento antiespañol, consume el estropicio para repartirse con Bildu todo el poder foral y la mayor parte del municipal, incluido el Ayuntamiento donostiarra. No tiene nada de extraño que quien fue capaz de sellar con ETA-Batasuna la alianza más ignominiosa y perversa de la historia europea desde la República de Weimar (Lizarra o Estella en 1998), sin haberse retractado de ello todavía, pacte ahora con Bildu, sin mirar al pasado y con un simple cálculo de poder presente y convergencia estratégica futura. Pero, se equivocaría gravemente y, si no, al tiempo.

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