19 de junio de 2021, 21:08:38
Opinión


Jorge Semprún: un exiliado español en Europa

Juan José Laborda


La figura de Jorge Semprún la relaciono con dos ideas, en principio, opuestas: exilio y Europa. Pero esa contradicción se asocia con la vida de Semprún. El ha sido un europeísta convencido y militante. No hace muchos años reunió una serie de escritos suyos en un libro con un titulo expresivo: “Pensar en Europa”. Pero su compromiso con Europa, con los ideales de la Unión Europea, procedía de sus experiencias con un continente en el que personas como él estuvieron condenadas a exiliarse.

Nieto de Antonio Maura, su padre fue embajador de España en Holanda. El hijo del embajador republicano ya no pudo regresar a su país, al Madrid que siempre añoró. Estudió en Francia, pero aprendió otros idiomas europeos. La caída de las democracias ante los diversos fascismos le llevó a afiliarse al partido comunista. Primero España, luego Francia, toda la Europa continental estaba en la órbita del hitlerismo.

Ya no pudo exiliarse otra vez. Detenido y torturado, fue internado en un campo de concentración: Buchenwald, un lugar horrible, que estaba al lado de Weimar, la localidad en que se proclamó la república alemana, y que fue la Corte donde vivió Goethe muchos años. Los nazis lo sabían. Buchenwald era una grotesca broma homicida, lo mismo que la leyenda que figuraba a la entrada del campo de concentración: “A cada uno lo que se merece”. El mismo cruel estilo de la que se leía en el campo de exterminio de Auschwitz: “El trabajo te hará libre”.

Su conocimiento del idioma alemán le permitió sobrevivir en ese campo. Hace poco tiempo, Semprún acudió a Buchenwald para conmemorar el 65º aniversario de su liberación por el ejército norteamericano. Pronunció un discurso en el que recordó dos cosas. Que fueron dos soldados judíos, de origen alemán, los primeros americanos que entraron en el campo. Y que él formó parte de los prisioneros que salieron de Buchenwald para combatir a los nazis.

En la Francia liberada, él siguió siendo un exiliado español. Su obra literaria se alimenta de sus dos vivencias esenciales. El drama de los campos de concentración, y sus luchas políticas para lograr que España dejase de ser una reminiscencia de la Europa totalitaria. En estos últimos años, tuve el privilegio de conversar con Semprún en Madrid y en París. Poseía, desde luego, una de las memorias europeas que se escuchaban con más interés. Y al tiempo, conservaba la originalidad rebelde que se halla en toda su obra literaria.

“El largo viaje”, “La escritura o la vida”, y “La autobiografía de Federico Sánchez”, quizás sean los títulos más significativos. Son obras de un español, pero que condensan los grandes dilemas que Europa tiene desde aquellos años terribles.

La condición de exiliado caracterizó a muchos españoles universales. En los siglos XIX y XX constituyen un grupo que nos singulariza como nación. Pero el exilio viene de antes. La Inquisición fue la causante de la huida al extranjero de muchas personas. La libertad de pensamiento les puso a muchos ante el bárbaro dilema del exilio o la cárcel, donde eran juzgados sin ninguna garantía jurídica. Pensar podía ser delictivo, y ante ese tipo de delitos, por definición, se estaba a merced de la subjetividad de los poderosos.

Cuando se aprobó la Constitución vigente, se señaló que era la primera vez que no había exiliados españoles fuera de nuestras fronteras.

Fue y sigue siendo verdad.

En ese contexto se entiende que Jorge Semprún fuese nombrado ministro de España, en el gobierno de Felipe González. Un exiliado que regresa para dirigir su país, fue, también, un símbolo de los nuevos tiempos de tolerancia y democracia. Al parecer le preguntaron si conservaba su pasaporte español, pues la ley establecía que un ministro debía tener la nacionalidad española. Supongo que ahora bastará con que acredite que tiene un pasaporte europeo.

Lentamente, nos vamos acercando a las épocas en las cuales los reyes nombraban ministros procedentes de cualquier país. La aristocracia del pensamiento y del saber. La libertad de pensamiento tiene una sustantiva relación con la supresión de las fronteras. Ese fue el ideal de los humanistas europeos.

A esa clase de personas pertenecía Jorge Semprún.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es