10 de diciembre de 2019, 18:14:45
Opinion


Orlando Zapata, otro exiliado cubano en Miami



Este jueves llegó a la ciudad de Miami (Florida, EEUU), la familia del opositor cubano Orlando Zapata, quien murió tras las rejas en 2010 por una larga huelga de hambre que llevó a cabo en contra del trato que el régimen totalitario de los hermanos Castro le daba los presos políticos de ese país. Sin proponérselo, con su muerte el disidente se ha convertido en uno de los símbolos de lucha contra una dictadura que se niega a morir y busca mecanismos burocráticos para su supervivencia.

Zapata -convertido en cenizas, pisa un suelo que le dará la libertad- no pudo besar en vida a sus seres queridos, en especial a su madre, la Dama de Blanco, Reina Luisa Tamayo, que es quizá la que más ha sentido el peso del presidio y agonía que afrontó su hijo. El mismo Gobierno de La Habana le tachaba de “delincuente” por la simple acción de manifestarse contra la represión del politburó cubano. Sin embargo, dicha libertad descubierta, posee el sabor agridulce de aquellos que se ven forzados a dejar a su país para vivir en el exilio.

Los miles de cubanos, y descendientes de cubanos, que viven lejos de la Isla, esperan pacientemente a que llegue el día en que pueda liberarse de sus cadenas para convertirse en un país democrático en donde manifestarse no sea un sinónimo de “delinquir”. Mientras llega el día en que ese anhelo pueda materializarse, un panteón albergará las cenizas de Orlando Zapata. Otro apátrida de los Castro que observará a su amada Cuba desde la distancia.
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