20 de octubre de 2019, 23:31:16
Opinion


Referéndum nuclear en Italia

Andrea Donofrio


Durante el domingo y el lunes, en Italia se vota un importante referéndum sobre el regreso a la energía nuclear, la privatización del agua y la gestión de los acueductos, la abrogación de la ley del Legítimo Impedimento, que ha permitido, en diferentes ocasiones, a Berlusconi no acudir a los procesos penales invocando compromisos de gobierno. Como suele pasar en Italia, cualquier consulta se convierte en una prueba política, una evaluación sobre la acción del actual presidente del Gobierno, personalmente interesado por la posible derogación del Legítimo Impedimento ya que perdería, de esa manera, una de sus “excusas favoritas” para ausentarse de sus juicios. Por eso, se politiza el voto popular, presentándolo como una nueva prueba para el Gobierno, convirtiendo la consulta en “votar a favor o en contra” del cavaliere. Tras el duro revés electoral de las semanas pasadas, la oposición espera darle una “segunda estocada” electoral, un nuevo castigo en las urnas para ponerle, aún más, contra las cuerdas.

De especial interés resulta la votación sobre el tema nuclear, ya que la construcción de nuevas centrales nucleares era parte del programa electoral del partido de Berlusconi, y que ha sido suspendido tras la tragedia de Fukushima. La reintroducción de la energía atómica representaba una de las propuestas emblemáticas del actual Gobierno: sin embargo, como confesó descaradamente en presencia de Sarkozy -con el que Berlusconi había pactado la construcción de las centrales-, Berlusconi quiere posponer la discusión sobre el tema, temiendo el enorme rechazo provocado por los recientes accidentes. Las palabras del mandatario suenan a moratoria encubierta, a prorroga disfrazada, a un aplazamiento de la decisión hasta que la opinión pública sea menos desfavorable. Tanto es así, que el Gobierno intentó parar el proceso electoral incluso legalmente, mediante un recurso que fue desestimado por el Tribunal Constitucional. El temor a que “pasada la tormenta” el Gobierno pudiera seguir adelante con la implantación de las centrales, convenció al Tribunal para que no retirase el referéndum.

No obstante, el mayor reto para los organizadores es alcanzar una participación del 51% para que el referéndum resulte valido. De hecho, el resultado del mismo no parece en juego (se prevé un amplia victoria del sí), mientras preocupa y mucho alcanzar la cuota establecida por Constitución ya que, desde 1995, no ha habido consulta popular válida. El Gobierno apuesta por el abstencionismo, alimentando la indiferencia y subrayando que el clima primaveral “es para ir a la playa, no a votar”. Se trata de fomentar la incertidumbre, quitar importancia a la consulta, definirla como “externa a los intereses de los ciudadanos”. A tal propósito, resulta lamentable la postura de la RAI1, la televisión de Estado, pagada por todos los contribuyentes italianos: sus noticiarios, ya cuestionados por la falta de pluralismo y la manipulación de la información al burdo estilo de una dictadura, han evitado explicar lo que se vota, anunciado mal las fechas en diferentes ocasiones, han alimentando la confusión y faltado a uno de los deberes principales de una fuente informativa: informar de manera objetiva e imparcial.

La apuesta italiana para la energía nuclear puede parecer anacrónica si tenemos en cuenta que países como Alemania y Suiza anuncian el cierre progresivo de sus centrales. Merece subrayar que a la vez, anuncian que aumentarán sus inversiones en las energías renovables y en la búsqueda de nuevas energías: en Italia el problema resulta doble ya que por un lado falta un debate serio sobre el tema, poniendo de manifiesto las ventajas y los riesgos relacionados con la energía nuclear y, por otro, en ningún momento se plantean nuevas inversiones en fuentes alternativas.

La actitud de Berlusconi puede parecer paradójica ya que, acostumbrado a subir los tonos de la contienda, esta vez invita a la calma: no obstante, es parte de su estrategia, la de siempre, jugar con las pasiones de los italianos. En lugar de provocar, esta vez invita al torpor, a procrastinar la decisión, a subestimar la importancia de la votación y del tema que trata. Incluso se pueden considerar irresponsables sus palabras sobre las cuatro preguntas del referéndum, definidas como “inútiles” y afirmando que, pese a su cargo público, no votará –al igual que varios ministros y otros miembros del Gobierno-. ¿No sería más serio y responsable que invitase a votar declarando su preferencia? ¿Puede un Presidente boicotear la consulta, animar a la gente a irse al mar en lugar de ir a votar? No se trata de un voto de derecha o de izquierda, sino de un derecho de todos los ciudadanos. Los efectos del voto durarán más de una legislatura.
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