23 de septiembre de 2021, 21:32:50
Opinión


Encuestas dirigidas por organismos inútiles

Enrique Arnaldo


Malamente pero he logrado sobrevivir hasta la fecha desconociendo la existencia de una Agencia Española de Evaluación Calidad (Aeval), que parece ser depende de un Ministerio que se denomina ni menos ni más que de Política Territorial y Administración Pública. Si, con excepción de los que trabajan en él (y no todos), nadie sabe para qué sirve dicho Departamento Ministerial, qué quieren que les comente de la tal Agencia que cuenta hasta con una Presidenta desde el 2008.

Pues a lo que vamos. Esta Agencia –prescindible, pues Vd. y yo hemos conseguido mantenernos impertérritos durante no menos de toda nuestra vida años- publica un informe anual en el que analiza el grado de satisfacción de los ciudadanos en relación a 44 servicios públicos. No se incluye que sepamos en esa relación ni al consabido y citado Ministerio de Política Territorial y Administración Pública ni tampoco a la Agencia, quizás por el temor de sus responsables de, ante la unánime respuesta de los encuestados, ver amortizado su puesto o (superpuesto, pues probablemente tiene atribuido el nivel de alto cargo).

La gente parece ser que está muy contenta con los transportes públicos, y en particular con el Metro y con el Ave (veremos si el lobby catalán logra paralizar la construcción del que nos llevaría a Extremadura). También con la Sanidad tanto respecto de la atención hospitalaria como de la asistencia en los centros de salud.

La sorpresa, con la metodología empleada y con la propia encuesta, nace de los datos referentes a la educación. Según el informe de la Agencia nada menos que el 62 por 100 de los encuestados está satisfecho con el sistema de enseñanza público. ¡Con la que está cayendo!. Puede que se hayan olvidado del decepcionante informe Pisa que ponía la educación española a la altura de los países emergentes. Y también de que algunas Comunidades han debido aprobar leyes para reforzar la autoridad del profesor y que la mayoría esté superada con los elevados porcentajes de fracaso escolar y el bajísimo nivel de exigencia. Pero todo ello la Agencia no lo refleja. Vive en su pedestal y en su atalaya privilegiada y olvida que la fobia de los españoles es hacia los organismos inútiles, el despilfarro, la ostentación, el ornato, el gasto innecesario, el amiguismo... y, por supuesto, hacia Agencias que se permiten pontificar a la carta desconociendo hasta el campo en el que operan.

El suspenso que se permiten dar los de la Agencia a la Administración de Justicia, como si de un servicio más se tratara, olvida la enorme desproporción entre los medios puestos a disposición de ésta y los que cuentan la Sanidad o la Educación o la Agencia Tributaria. Sus presupuestos y los de Justicia no admiten comparación. Me parece decepcionante poner en el mismo nivel valorativo “servicios” tan dispares. Mientras que otros han tenido la fortuna de que se abordara su reforma estructural y su adecuada dotación, la Justicia sigue estando en las antípodas, simplemente porque sigue marginada. Aunque formalmente investida por la Constitución de la condición de Poder del Estado, en realidad su modelo organizativo, su dotación de medios personales y materiales, sus reglas de funcionamiento, etc. son tan primitivos e insuficientes que está muy lejos de tener la posibilidad de cumplir eficazmente su función. Se han puesto algunos parches y unas pocas pegatinas, pero –y no por culpa de la Justicia- la frustración ha hecho mella. Pero, claro, la famosa Agencia esto no lo sabe. Aunque debería saberlo.
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