24 de enero de 2020, 7:43:47
Opinion


Frau “pepino”

Francisco Jose Llera Ramo


Quiero comenzar advirtiendo que nadie vea atisbo alguno de machismo en el encabezamiento femenino anterior, porque, de no ser por la casualidad, lo mismo podrían ser frauen und herren los aludidos. Obviamente, me estoy refiriendo a la Senadora o Consejera para la Salud y la Protección del Consumidor del Gobierno de la ciudad-estado hanseática de Hamburgo, la socialdemócrata Cornelia Prüfer-Storcks. Por cierto, Hamburgo es uno de los 16 estados federados de la RFA, la segunda área metropolitana de Alemania, tras Berlín, con casi dos millones de habitantes y el segundo puerto comercial europeo, tras Roterdam.

Tomo lo que le ha sucedido a nuestra protagonista como una metáfora de lo que cada día sucede con nuestra clase política occidental, fijándome en los efectos colaterales de la crisis sanitaria producida por la bacteria ”E.coli” enterohemorrágica (EHEC) 0104:H4. Vaya por delante la alarma global por una contaminación alimentaria, que ya se ha llevado por delante más de una treintena de vidas humanas, sobre todo, de alemanes y llegó a contagiar a más de 3.000 en distintos países del norte de Europa. Ante la primera detección del problema, lo primero que se le ocurre a la responsable política, suponemos que mínimamente asesorada (se supone que el Instituto de Higiene de Hamburgo), es advertir a la población del riesgo sanitario y su posible causa alimentaria, lanzándose a identificar unos pepinos españoles como los probables causantes de la contaminación. Han tenido que pasar semanas y acumularse casos y evidencias hasta que el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos identificase la causa de tal contaminación en unos brotes vegetales germinados de una plantación de Bienenbüttel en Baja Sajonia, o sea de la propia Alemania.

La primera cuestión que se nos plantea es si están nuestros políticos, o políticas, preparados para una crisis de mayor envergadura, a la vista de lo sucedido. Imaginémonos, por un momento, algo mucho más grave como una crisis sanitaria en un mundo tan volátil como el nuestro, producida, por ejemplo, por un ataque terrorista de tipo bacteriológico. Algo no descartable y que el político de turno debería contemplar en sus hipótesis antes de alertar a la población y adoptar las medidas de emergencia, empezando por las de evaluación científica del problema. ¿Cuál es el protocolo que ha seguido la Sra. Prüfer-Storcks ? ¿ Es o ha sido el exigible a un responsable público en una sociedad desarrollada ? Todo apunta a que el protocolo ha sido el de “dar palos de ciego”, basándose en pruebas preliminares sin la solvencia exigible.

La segunda cuestión afecta a la política de comunicación. En este caso, además, nos encontramos con una profesional que había ejercido el periodismo en Dortmund antes de dedicarse a la política. Y,tampoco, es una novata, puesto que, aunque llega al gobierno de Hamburgo tras el cambio de mayoría en las elecciones de febrero, ya había ejercido como Secretaria de Estado de Sanidad y Agricultura en su Estado natal de Renania del Norte-Westfalia. Presionada por la opinión pública, se precipitó en dar una respuesta fácil, que aliviara la ansiedad de una población alarmada y desviara la presión y la atención hacia otro sitio.

La tercera cuestión, afecta a la confusión entre un diagnóstico certero y una información proporcionada y veraz con el objetivo de proteger a la población, limitando la extensión del contagio o la epidemia, y la salida fácil del “chivo expiatorio”: el pepino español y con él todas las frutas y hortalizas procedentes de nuestro país.

La cuarta cuestión, afecta a la evaluación de riesgos y costes, no solo de las medidas directamente sanitarias o de protección de la población, si no de la propia estrategia de información o comunicación: la cuarentena a este tipo de productos provenientes de un país.

En quinto lugar, como estamos en una sociedad global y en un área metropolitana y desarrollada de alta movilidad de la población, la alarma desborda el ámbito local hamburgués y llega a todos los rincones. La consecuencia: cierre de fronteras para los productos hortofrutícolas españoles (incluida la caída del consumo interno de estos productos) y pérdidas multimillonarias.

Una cuestión no menor es ¿por qué España o cualquier otro país del Sur ? ¿Xenofobia o simple estereotipo coyuntural o cultural? Pero, en la gestión pública y más en las relaciones internacionales, sobre todo, entre socios, esto, sencillamente, intolerable. Finalmente, otro estropicio funcional de la Unión Europea, que no tiene capacidad de reacción ante instancias políticas nacionales o locales. Pero, lo mejor de todo ha sido la forma de salir indemne y con el respaldo conservador de Berlín (la lealtad federal por encima de todo) de una gestión, a todas luces, desastrosa y que debería haber acabado, como mínimo, en dimisión. Pero, también en Alemania, a los políticos les cuesta dimitir como una forma exigible de responsabilidad.

¿ Quién paga, entonces, la irresponsabilidad?

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