16 de septiembre de 2019, 10:09:43
Opinion


Blanco White: un combatiente de la intolerancia

William Chislett


España tiene una larga historia de personas que por razones de toda índole, y generalmente por factores políticos, marcharon voluntariamente o por la fuerza de su país para vivir exiliados en otro. Este éxodo empezó, según contó Gregorio Marañón en una conferencia dada en Paris en 1942, después de llegar allí él mismo como refugiado, “con la unión de Castilla y Aragón, y cuando en 1492 el último rey musulmán perdió Granada”, y terminó con el fin de la dictadura de General Franco en 1975.

Según cuenta el historiador Henry Kamen en su libro “Los desheredados” (El País-Aguilar, 2007), entre 1492 y 1975 unos tres millones de españoles no tuvieron mas remedio que abandonar su país por razones políticas o económicas, sin contar con otras que formaron parte de un proceso regular de emigración.

Hoy, España es un país de inmigrantes. En muy poco tiempo, España ha pasado de ser país de emigración a ostentar la tasa de extranjeros más elevada sobre el total entre los grandes países europeos, tanto en lo que se refiere a población total como a población activa en el mercado de trabajo.

Uno de los exiliados más curiosos fue José María Blanco y Crespo (1775-1841), conocido como Blanco White. Hijo del vicecónsul inglés en Sevilla, se ordenó sacerdote, pese a sus dudas al respecto. Tras una crisis espiritual se marchó a Madrid. Allí le alcanzó el estallido de la Guerra de Independencia en 1808, se declaró patriota y colaboró en la redacción del Semanario Patriótico de su amigo Manuel José Quintana. Su ideología liberal hizo considerarle persona non grata por la Junta Suprema de España. En 1809 nació su hijo ilegitimo Fernando. Blanco no se enteró de su existencia hasta 1812, cuando ya se encontraba en Inglaterra para no volver, y mandó recogerle para reconocerlo y educarlo allí.

Abandonó la observancia católica e ingresó en la iglesia de Inglaterra haciéndose ministro de su nueva confesión. En los últimos años de su vida abandonó el anglicanismo y se adscribió al Unitarismo (una corriente de pensamiento teológico que rechaza el dogma de la Trinidad y afirma la unidad de Dios).

Desde las páginas de su revista londinense El Español, bien vista y fomentada por las autoridades inglesas y prohibida en España –tanto en la parte Josefina como en el Cádiz de las Cortes-, se mostró crítico con las autoridades españolas y muy comprensivo con los revolucionarios hispanoamericanos que empezaban a levantarse contra España. Escribió varias obras en inglés incluyendo Letters from Spain en donde, al lado de páginas costumbristas como las descripciones de Semana Santa y de las corridas de toros, critica acerbamente la intolerancia y el atraso de su país.

La tan interesante vida de White esta contada de una manera ejemplar en la biografía del historiador ingles Martin Murphy, El ensueño de la razón, publicada en mayo por Renacimiento y bien y fielmente traducida por Victoria León. La primera edición inglesa del libro (Blanco White: Self-Banished Spaniard) fue publicada en 1989 por Yale University Press. En esta ocasión, Murphy ha actualizado su propia obra.

White creyó que el Cristianismo en su auténtica forma era fundamentalmente antinatural y antisocial y consagrado a la auto-aniquilación antes que a la realización de la potencialidad individual. En Observations on Heresy and Orthodoxy rompía con la Iglesia Protestante, convencido de que cualquier forma de ortodoxia, la protestante y británica igual que la católica y española, tendía a la intolerancia y a la persecución.

En uno de los pasajes de Letters from Spain cuenta la historia de un Jesuita que una vez, en su juventud, fue convencido en un momento de “alegría pasajera” para que diera unos pasos de baile por cortesía con las damas. Pasados los años, y a su debido tiempo, sus amigos esperaban verle elegido Provincial de Andalucía. Pero Roma eligió a un hombre de inferiores cualidades, y ante las protestas “el General ordenó a su secretario que respondiera por escrito con esta palabras: ‘No puede ser. Bailó en Granada’ ”.

White fue mucho más conocido en su país de adopción que en España, donde estuvo arrinconado durante siglo en el olvido. No fue hasta los años 70 del siglo XX cuando otros exiliados posteriores, como Juan Goytisolo, empezaron a llamar la atención de sus logros. La placa puesta en su casa natal en Sevilla en 1984 recuerda “Una vida dedicada a combatir la intolerancia”.

Ojalá que el libro de Murphy haga a White más conocido en su país de origen y que llegue a un público más amplio en estos tiempos de intolerancia.

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