26 de enero de 2020, 1:26:35
Opinion


La Marcha de las putas y de los puteados

José Antonio Ruiz


Los experimentos sociológicos extrauterinos, fuera del tubo de ensayo del laboratorio, utilizando como cultivo sociedades aborregadas, con menos cerebro que una cobaya, son una bomba de relojería de explosión retardada. Que se lo digan a Hitler, Mussolini, Stalin, Mao o Pol Pot.

La «Marcha de las putas» recorre México, Canadá, Francia y Reino Unido reivindicando su decencia, faltaría más. Pero la que todavía está por llegar es la «Marcha de los puteados», los verdaderos indignados por estos hijos de la gran, putones verbeneros, que se han venido arriba, envalentonados al abrigo de la impunidad del laissez faire. Ministerio del Interior, de Coros y Danzas.

El asedio. Arturo Pérez Reverte. España: ciudad sin ley, como el Oeste americano. España, favela ibérica, desahuciada, chabolista, esvástica y secuestrada. ¡La plaza es mía! -Grita el loco de Cinema Paradiso.

Son días de tribulación y desconcierto. Rubalcaba, que no es el legado de Zapatero sino viceversa, tampoco es Azaña: Ley de vagos y maleantes. El ruido de la calle. Raúl del Pozo. El muy jodido piensa como los demonios pero escribe como los ángeles. Te quiero.

Caos económico, político e institucional. Crisis de Gobierno y de Estado. «Tribunal Constitucional secuestrado», se lamenta el tal y cual Eugenio Gay, casualmente el mismo día en el que unos aprendices de dictadores preocupados por la fiesta del Orgullo Gay de Chueca, los muy machotes, marcando paquete, le montan una cacerolada a Gallardón a las puertas de su domicilio, con su perro como testigo de cargo, aunque quienes ladraban eran los cenutrios.

Ley Pajín, de Muerte Política Digna. Secuela metafórica de película chusquera de serie B: ZP, “cadáver político” en estado terminal, de cuerpo ¡Presente! Retíresele el gotero de la paciencia y aplíquese la dimisión asistida, a la vista de que el susodicho se ha pegado como una lapa-zapa, con super glu, a la mecedora, y no hay manera de despegarlo ni con una espátula antiadherente. De paso, ábrasele una oficina de ex premier jubilado en el Valle de los Caídos, junto a los restos mortales del Caudillo, a quien esta progresía nuestra de chichinabo camino lleva de convertir en inmortal. España entera es un osario de sueños rotos.

Incapaz de velar por los intereses de los vivos, Zetapé sigue obsesionado con los muertos, cuando resulta que son los únicos que tienen la vida resuelta. Tontuna necrofílica elevada a la enésima potencia. Propaganda de Estado para tontos del culo pirulo. Al tiempo, la inseguridad jurídica en este país alcanzará tales cotas confiscatorias, que no estaremos tranquilos ni tapiados en el nicho, criando champiñones bajo una losa de granito made in Guadarrama.

Volverán las oscuras golondrinas y los profanadores de tumbas. Eclipse de luna y de la razón. A punto está de volver a aparecérsenos Ángela Merkel disfrazada del Conde Drácula, para recordarnos que somos unos primos de riesgo, carne trémula mortal. ¡Peeedrooo! (Almodóvar).

Si la dimisión al unísono del Trío la, la, lá del Constitucional al menos fuera fruto tardío, como el árbol del membrillo de Antonio López, de un ataque postrero de remordimiento por la ignominia de Bildu, hasta podría tener un pase. Pero ni por esas. El presidente del chiringuito, como el caballo de Atila, allí por donde pasa no vuelve a crecer la hierba, como en el Vicente Calderón. 313.000 individuos, a quienes deseo larga vida, no tienen ningún derecho a vivir en democracia. Más de uno, y de dos, y de tres, merecería llevar una pulsera localizadora.

Cierto que ZP no tiene la culpa de la muerte de Kennedy, aunque también estaría por ver de aplicarse una revisión de la memoria histórica yanqui. Pero lo que tampoco tiene es la solución a los problemas que él mismo ha creado o agravado durante su calamitosa gobernación. La matraca demagógica de que se queda por el bien de España para culminar su furor reformista no la sostiene en pie ni un fornido portero de discoteca. Digo yo que a estas alturas del despropósito las reformas las debería dejar para su chalé de pensionista, y pagarlas, por supuesto, con su dinero.

Debe ser que la noche me confunde como a Dinio y empiezo a sufrir alucinaciones como Julio Feo, porque he visto en el periódico la publicidad de una agencia de viajes que ha ideado como eslogan el reclamo publicitario «Mil destinos para desaparecer», y en la primera persona que he pensado ha sido en Zapatero y en la canción de La Barbacoa de Georgie Dann. Ahí va mi primer euro para la cuestación.

Si fuera consciente de los peligros que le acechan, a no más tardar le pediría prestado el helicóptero a Arturo Mas y me marcharía a Canadá a avistar ballenas, porque como se quede aquí en Madrid, practicando el submarinismo en la piscina de Moncloa, se lo van a comer crudo los tiburones de Ferraz (como a los Borbones los bribones de la Universidad Autónoma), y a nosotros las pulgas saltarinas del cirque du soleil.

Mucho me temo, no obstante, que el presidente, fiel a su condición de extraterrestre a quien lo que opinan los demás se la refanfinfla, sigue prefiriendo el avistamiento de ovnis y a punto está de sentirse abducido por las visiones del profeta Ezequiel, el mismo que en forma de aviso dio la exclusiva de la destrucción inminente de Jerusalén. Al precio que está pagando en nuestro nombre, hay muchos (entre quienes me incluyo), que no queremos procesos de paz, sino que nos deje en paz de una puta vez. ¿Adelanto electoral? (…) Mañana ya me parece hasta tarde.

El problema lo tienen los socialistas en el predecible Debate sobre el Estado de lo que queda de la Nación, que no tienen claro si la indefendible defensa de la gestión zapatética la tiene que hacer José Luis o Alfredo, aunque acabaríamos antes si ambos al unísono se hicieran el harakiri; el problema también lo tiene Rajoy, que o practica el estrabismo para mirar a la vez a ambos interlocutores, o va a tener que decidirse por fijar la vista en la pelambrera adolescente de Bono; y el problema lo tenemos nosotros, que día que pasa albergamos menos esperanzas, rodeados como estamos de tanto inútiles. El problema del PSOE no es la bicefalia, ni el del PP el síndrome melonero, sino la falta de una cabeza pensante.

Si Mariano fuera astuto, cosa que también está por ver, le confiaría la elaboración del programa electoral del PP a Rubalcaba. ¿Quién mejor que Alfredo para dar con la composición química del antídoto capaz de desactivar la desastrosa herencia del PSOE?

Cierto que no está el patio para juegos de palabras. Pero mejor reírse que llorar. De hecho, me estoy viniendo arriba al solazarme con el posado en trikini de Anita Obregón. Se declara oficialmente abierta la temporada de verano. Que Dios nos coja confesados.
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