22 de septiembre de 2021, 14:19:52
Opinión


Víctimas de la guerra de Afganistán



La muerte ayer de dos soldados españoles en Afganistán que formaban parte del contingente internacional allí destacado revela bien a las claras una realidad algo difuminada por los últimos acontecimientos. Dichos acontecimientos tienen que ver con la situación de provisionalidad que parece haberse adueñado de los países con tropas en la zona, una vez que Obama anunció que empezaría a retirar a las suyas. Tragedias como la de ayer vienen a recordarnos que, por más que se hable de retiradas y repliegues, aún queda mucho por hacer.

Si finalmente cumple lo que dice, la ministra Chacón acertaba ayer al decir que el atentado en cuestión no adelantaría la vuelta a casa de los soldados españoles. Hacerlo sería tanto como despreciar el sacrificio de todos aquellos que han dado la vida en pos de un objetivo común, cual es que el mundo sea algo más seguro. Para ello, es imprescindible entender que la batalla que se libra en Afganistán tiene carácter global, pues se libra contra un enemigo que no entiende de reglas ni de fronteras. Hasta que la situación este totalmente controlada, no puede bajarse la guardia un solo segundo. En Afganistán no estamos por capricho o imperialismo trasnochado, sino para defender la primera trinchera e impedir que se vuelva a convertir en base terrorista, desde donde se organicen atentados contra Nueva York, Madrid o Londres.

Y, desde luego, hay que seguir preparados para lo peor: en Afganistán hay una guerra. Sumamente cruenta, para más señas. Y nada convencional. De hecho, ninguna lo es ya. Aquellos conflictos bélicos al uso en que un ejército batallaba en campo abierto contra otro es ya un anacronismo. Hoy, el enemigo es otro. Rara vez va uniformado. Se mezcla entre la población civil con el triple objetivo de ganarla para su causa, mimetizarse entre ella para no se localizado o, en último caso, utilizarla como escudo humano. Afganistán es un buen ejemplo de ello. De ahí la importancia de llamar a las cosas por su nombre -guerra-, con todas sus consecuencias.
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