20 de enero de 2020, 11:18:17
Opinion


Demasiado ruido en torno a ETA



Las víctimas del terrorismo daban ayer plantón al Gobierno al prohibírseles tomar la palabra en un acto en el que, en teoría, eran protagonistas. Esta actitud de los socialistas recordaba mucho la de los nacionalistas en la Cámara vasca, con sus continuos menosprecios hacia quienes habían perdido a sus seres queridos asesinados por ETA. Coincidía, además, con la admisión a trámite por parte del Constitucional del recurso de Sortu que le impidió participar en las últimas elecciones, y con el juicio a Arnaldo Otegui por intentar recomponer Batasuna. Todo un premio para quienes desean, ante todo, altavoces y repercusión.

En tiempos de José María Aznar se empezó a actuar contra el brazo político de ETA y la estrategia funcionó. Ilegalizando sus distintas marcas, cerrando su acceso a las instituciones y pasando la factura de los destrozos de la kale borroka, fue un comienzo prometedor que redundó en el debilitamiento de la banda. La Ley de Partidos fue también un instrumento importante que permitió ir aislando cada vez más a los violentos. Pero ni a un nutrido sector de la izquierda política y judicial ni, por descontado, al nacionalismo vasco en su conjunto parecía agradar la marcha de los acontecimientos.

Ahora, ETA está de nuevo en las instituciones y en las portadas. La voz de las víctimas vuelve a ser ignorada y los cargos electos de Bildu hacen de las suyas con total impunidad. Mientras, los que tienen algún cargo representativo -o simplemente, un negocio cara al público- y no son nacionalistas saben que ahora lo tienen mucho peor. Y a pesar de todo, Alfredo Pérez Rubalcaba opina que “las cosas en estos momentos están mucho mejor”. ¿Para quién?
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