30 de marzo de 2020, 19:22:41
Opinion


Derroche en infraestructuras



La alta velocidad en Castilla-La Mancha ha sufrido un parón con visos de definitivo. Esta semana se clausuraba el trayecto de AVE Toledo-Cuenca-Albacete, a la vista de su escasa utilización: 16 pasajeros por día. Al exorbitante precio de cada kilómetro de alta velocidad -15 millones de euros- hay que sumar los costes de mantenimiento y operatividad, lo que convierte a este proyecto en uno de los más ruinosos de cuantos se han llevado a cabo en Castilla-La Mancha. Pero hay más. El aeropuerto de Ciudad Real parece una instalación fantasma aunque, casi como el de Castellón -en tres meses no ha recibido un solo vuelo-.

La lista de despropósitos es tan extensa como vergonzante. Y onerosa. Se quejaban esta semana los usuarios de la alta velocidad en Castilla-La Mancha de que se les retire un servicio anunciado a bombo y platillo en campaña electoral. Ya entonces, los estudios de viabilidad económica apuntaban en la dirección que finalmente se ha mostrado en toda su crudeza: no era viable. Y siendo verdad que los servicios públicos no han de medirse únicamente con criterios de rentabilidad económica, lo es también que han de respetarse unos mínimos de racionalidad que aquí han brillado por su ausencia. No todas las ciudades tienen capacidad para soportar un aeropuerto o un tren de alta velocidad. Lo peor es que ahora hay una serie de infraestructuras que han devorado cuantiosas partidas presupuestarias –que se han saldado en un incremento del déficit, con su corolario de paro- y a las que va a ser imposible extraerles rentabilidad alguna. Todo un aviso a navegantes de lo que no hay que hacer a partir de ahora.
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