28 de septiembre de 2021, 22:15:47
Opinión


Rubalcaba: Ruby Baby y el pabellón de mayores



El colegio del Pilar se yergue en medio del barrio de Salamanca de Madrid, como un pastel neogótico con cierta concesión a la modernidad racionalista en el pabellón de mayores. Las galerías, a ambos lados de la entrada principal del edificio antiguo, en el primer piso, iluminadas de día por amplias ventanas ojivales con cristales emplomados, están llenas de fotografías en blanco y negro en las que grupos de niños (y a partir de cierto año también de niñas) miran a la cámara con asombro, temor o picardía. Los niños de las fotos del colegio o del instituto siempre parecen de otra época, de otra moda, de otra dieta. Así somos, siempre, intrusos en este mundo desde otro, el de la niñez.

Entre esas fotos, asoman, entre muchas, las caras de Javier Solana, Juan Benet, Luis María Anson, Fernando Savater, José María Aznar, Luis Alberto de Cuenca y Alfredo Rubalcaba por citar algunos. También las de hijos de las dos familias de banqueros más ilustres e ilustradas del momento tardofranquista; y con ellas, las de hijos de títulos nobiliarios e hijos de porteros del barrio. Una mezcla algo postmoderna que sigue intrigando a muchos. ¿Qué tenía el Pilar? ¿Por qué en la transición algunos de los que han pasado por sus aulas adquirieron una relevancia gradual que acabó en demostración de peso específico? ¿Qué se cocía en sus aulas aparte de las mezclas más o menos explosivas que se calentaban en los mecheros bunsen?

Es posible que, desde fuera, algunos busquen la respuesta en las sotanas negras de algunos curas que se dedicaban a la educación de los más pequeños. Sin embargo, los que por allí merodeaban, saben que sotanas había pocas, y que el Pilar, de verdad, explotaba en el pabellón de mayores. Allí había, en cambio, profesores de filosofía que en vez de hacer examen hacían autoexamen, una prueba oral en la que el estudiante se ponía su propia nota; profesores de religión, sin sotana y con chirucas, que discutían dialéctica marxista para luego pasar el fin de semana en Orcasitas, haciendo labores precursoras de algunas de las actuales ong’s; profesores de historia que debatían las formas de gobierno que en breve se iban a venir encima; biblioteca, revista y cine-forum. Asíntotas en las pizarras que se acercaban a un ideal sin nunca llegar a tocarlo, pero que lo definían con una función, para que se supiera que el ideal existía. Y, sobre todo, había himno que se cantaba y lema, “La verdad os hará libres”. Había, por tanto, dos espíritus complementarios y no excluyentes: espíritu de cuerpo y espíritu de debate o discusión. Seguramente por estas dos cosas, era lo más parecido que ha habido en España a una Independent School británica, y el paso por sus aulas definía al que pasaba por ellas de forma más característica que el paso por ninguna de las universidades nacionales. Es cierto que había alternativas: la tradicional jesuítica y la más moderna del Colegio Estudio; la laica del Ramiro. Y algunas más. Pero El Pilar se alzaba en el centro, equidistante de todas ellas, lejanamente francés y vasco (lo que proporcionaba angulas a los mediopensionistas en más de una ocasión), con proyección jerezana y anhelo de liberalidad.

Por todo ello, uno de los intangibles de Rubalcaba es el haber sido pilarista. Otro, es haber sido el político español mejor tratado en los secretos de la diplomacia estadounidense desvelados por Wikileaks. Rubalcaba, Rubi Rubi, es, en palabras de la diplomacia norteamericana, inteligente, simpático y capaz. Es de los pocos que puede hablar en inglés con sus interlocutores foráneos, auténtica asignatura pendiente de los presidentes españoles, tan dados a entrometerse en los planes educativos pero tan poco dados a cumplirlos en su persona. El último intangible es la carga semántica de su nombre, Rubi o Ruby. Ahí está, en primer lugar, Ruby Baby, la canción de Steely Dan en la que decían,” I got a girl and Ruby is her name/ She don't love me, but I love her just the same/Ruby baby how I want you /Like a ghost I'm gonna haunt you /Ruby Ruby when will you be mine”. Como ven, el narrador anhela a Ruby y dice que va a perseguir a Ruby en forma de fantasma. Luego está “Rubi y los Casinos”, el grupo de la movida que cantaba “Yo tenía un novio que tocaba en un conjunto ‘beat’”. Tener un novio que tocaba en un conjunto ‘beat’ era una prueba de modernidad y desenfado, algo así como ir en bici a Sol el post 15m. Por último, está la obvia relación spinozesca con el rubí, con la piedra pulida que sirve de apoyo para mecanismos, para ejes.

¿Qué esconde, por tanto, Rubalcaba bajo su nombre? Un pilarista, primero; un seduce-anglosajones con cara oriental que quizá sirva tanto en el trato con Oriente Medio como con los chinos, después. (¿Se lo imaginan vestido de chino? Sin problema, ¿verdad?) Un ser perseguido por un fantasma (¿de Zapatero?); un “ex-beat” (¿Quién no lo vio bailar en el 15m?); un rubí pulido por un geómetra mental de los Países Bajos. Para ser postmoderno del todo, solo le falta que Santa Teresa hablara de él, aun de pasada, en “Las Moradas”. Si Borges viviera, quizá encontraba la cita de Santa Teresa sobre Ruby Baby en el jardín de los senderos que se bifurcan. La bifurcación ha empezado. Veamos adónde le lleva el pabellón de mayores, si es que ya existía en su tiempo, ese laboratorio del racionalismo. Todo ello y más le va a hacer falta para trascender a su partido y domar a su fantasma.
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