17 de febrero de 2020, 20:37:07
Opinion


Amy Winehouse, otro juguete roto



La muerte este pasado fin de semana de Amy Whitehouse en Londres acrecienta la nómina de “estrellas malditas” que sucumben a una fama mal digerida. Con apenas 27 años -la misma edad que Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendricks o Kurt Cobain- Amy Whitehouse se había consagrado como una de las voces más talentosas del soul actual. Pero la calidad de esa voz hacia el exterior se tornaba estridente de puertas adentro, con una vida personal marcada por las adicciones a drogas y alcohol; que fueron, en último término, las que acabaron con su vida.

Hay una sensación generalizada de lástima que bien podía haberse evitado si Amy Whitehouse se hubiese conducido de otra forma. Es precisamente esa la lección que debe perdurar en estos momentos: determinados personajes públicos, como Pau Gasol o Rafa Nadal en deportes, o los propios integrantes de Coldplay en el panorama musical, demuestran que con trabajo y talento se puede llegar lejos, sin necesidad de darse a los excesos o mercadear con tabloides sensacionalistas. Sin valores todo es más complicado. Y quizá con una escala adecuada de ellos, Amy Whiteouse hoy seguiría deleitándonos con su estupenda voz.
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