23 de agosto de 2019, 21:55:16
Opinion


Japón y la energía nuclear



Ayer se conmemoraba en Japón el 66 aniversario de la bombas atómicas de Hiroshima y Nagashaki, cuya explosión costó la vida a 300.000 personas. El acto coincidía en el tiempo con las preocupantes informaciones sobre las fugas radioactivas en Fukushima, cuya situación, aún cuando controlada, dista mucho de estar resuelta. Así las cosas, es comprensible que las autoridades niponas manifiesten su intención de replantearse algunos aspectos de su política nuclear, pero siempre dentro de un orden. Y sin la demagogia con que algunos han querido emplear para contaminar un debate de lo más oportunista.

El terremoto –y maremoto- que causó los daños en la central de Fukishima fue el más devastador que se recuerda. De hecho, arrasó una tercera parte del país. Hasta ese momento, la seguridad nuclear en Japón era poco menos que modélica. Casi nadie contaba con un desastre natural de semejante magnitud; y es aquí donde sí tiene sentido que se revisen los protocolos: toda prevención es poca. Es aceptable -e incluso enriquecedor- un debate amplio en estos términos. Dicho lo cual, lo primero que tiene que reconocerse es que, incluso en esa situación extrema e inimaginable, las centrales han resistido, al punto que los muertos han sido causados por el temblor y no por la radioactividad. No lo es, sin embargo, introducir de manera torticera el factor de la bomba atómica, que nada tiene que ver: el principio físico es el mismo pero la ingeniería es completamente distinta. Que la energía nuclear entraña riesgos, qué duda cabe. Pero no mayores que otras fuentes de energía. La demagogia en este tipo de cuestiones está fuera de lugar.
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