27 de noviembre de 2020, 23:27:53
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Irène Némirovsky: Los perros y los lobos


Irène Némirovsky: Los perros y los lobos. Traducción de José Antonio Soriano Marco. Salamandra. Barcelona, 2011. 221 páginas. 15 €


Parece que Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942) presentía lo que iba a ocurrir en su vida. Parece que, consciente de la huida, escribiría novelas sobre cómo desprenderse de lo material, del amor, de la familia y continuar hacia delante. La autora, de origen ruso, y famosa por la publicación póstuma de Suite francesa, describe con precisión en esta novela el ambiente de las familias rusas de desigual condición que llegaron a París tras la revolución bolchevique. La protagonista es Ada Sinner, joven pintora que conoce en su infancia a Harry Sinner, pariente lejano de quien se enamora y a quien evoca en todas sus fantasías. La ensoñación se convierte en la única vía de escape para quien comprende rápidamente que no podrá salir del medio social en el que nació. No se dejará engañar por breves momentos de prosperidad económica ni por un relativo éxito profesional. Ella es consciente de que la confusión es solo aparente. Ella misma dice en la página 178: “¿para qué aferrarse a lo que hay que perder?”

Hay, por tanto, a lo largo de la novela, todo un espíritu de predestinación y fatalidad. Némirovsky conoce perfectamente el estamento social de los judíos asquenazíes provenientes de Kiev y de las diferencias que existen en ese grupo. Describe el oficio de corredor de comercio (al que se dedica el padre de Ada), el trato en los negocios, el estado ruinoso de las viviendas, las tonalidades de la luz, el paisaje de nieve y las noches de pogromos. Mientras todos los personajes que la rodean, su primo Ben, su tía Raissha, parecen ávidos por medrar y ascender en el escalafón social, solo Ada da la impresión de no quererlo. Su único interés reside en que Harry Sinner se fije en ella, y para eso no ceja en su empeño, a pesar de los consejos de Mimi, profesora de francés: “en la vida, tienes que ser como un acreedor generoso, no como un ávido usurero” (pág. 81). Las descripciones y la buena traducción del texto hacen que su lectura sea fácil y para ello ayudan las elipsis temporales, como si de una serie se tratase. Únicamente cabría comentar un deje romántico en algunas expresiones que añaden un exceso de irrealidad. Así, en la página 130, el dueño de una librería, dice, refiriéndose a Ada Sinner: “[…] Y también porque me lo pidió con mucha insistencia… nunca he visto emplear tanta fuerza de convicción a nadie… me fue imposible negarme”. Es un diálogo “demasiado romántico” que parece no concordar con el carácter frío de Ada y sí con el melifluo de Harry Sinner.


Por último, y a modo de anécdota, destacaría que en francés, idioma original de la novela, existe la expresión “entre chien et loup”, para referirse al final del día, momento en el que es difícil distinguir entre el día y la noche. Esta es la idea que atraviesa la obra, la de estar llena de personajes que se mueven entre dos mundos, que no acaban de decantarse en sus determinaciones ni se deciden a abandonar definitivamente su medio.

Por Mayte Ortega
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