27 de enero de 2021, 5:00:19
Opinión


Algo sabe la casta política del carácter español

David Felipe Arranz


Atravesamos la canícula en plena campaña de elecciones generales, sudor y fiestas de la Virgen. Los candidatos conocen bien el carácter de sus votantes y se ciñen el vuelo de la camisa a la cintura, enarbolan el populismo y se echan al ruedo veraniego. Saben que a los ojos del mundo somos un país de armas tomar, de requiebros primitivos y personas que se avellanan ante los poderosos, por lo tanto, no corren peligro alguno. Extraña condición la del bifronte hispánico, piensan, mucho ladrar y poco hacer; mucha queja sobre el vaso de vino, en la barra de mármol de la tasca, y aún son pocos los del 15-M.

De sobra saben que somos un pueblo de condena fácil y premio esquivo, que vierte doctrina y, con gesto pastoril y de arador, aplaude y consume las chanzas de los payasos mediáticos entre los que se ellos se incluyen, los de más éxito en esta carpa. Yace un astrólogo en el mismo lugar donde a todos pronosticaba que ganaría Juan en vez de Pedro… Guárdense vuesas mercedes, que jamás se acierta en el pronóstico. ¿Para qué las encuestas, si todo se dirimirá en el cara a cara de la tele?

Saben que la política, a la que nadie pedirá cuentas, es un circo más bien de tono uniforme de mentiras y putillas afrentosas. ¡Que nos traigan el chocolate y a correr por la calle, que hay que ir de compras! No nos importa que nos engañen los candidatos en Twitter ni que más de la mitad de ellos reduzca al mínimo su actividad en ese canal de comunicación (y en otros) con sus votantes una vez terminadas las elecciones, según el estudio Políticos 2.0: después de las elecciones de la empresa de publicidad Agencia 101.

Claro que saben que los líderes on line tienen mucho salero… y miles de seguidores. Ostentan sus señorías en la cosa digital esas lucientes calvas e hirsutas canas o las rubias y sedosas cabelleras, blanquísimas sonrisas, labios de propaganda, rostro de Poder y fincas que valen millones. Son nuestra vida y esperanza, para el Gobierno nacidos, son la noche oscura de nuestras amanecidas sin pan. No hay placer que se iguale a verlos en los medios, de villanos a caballeros, pecando de contado y malpagando “arrepentidos”, gentiles cabritos, tahúres de cuentos vanos que hablan de arreglar un país… que han puesto en almoneda. ¡España para quien la quiera! Que sus gobernantes la malbarataron y nadie les pidió cuentas.

Saben que en su ambición nuestra libertad se entierra, presa por creerse libre en ellos. ¿Nos representan? No, a fe mía, que de asco no los votara de los yerros y manchones que sobre las espaldas llevan, que han dejado desguarnecida a España, que ahora llora sus pecados de haberlos consentido tanto y a la que no conoce ni la madre que la parió, sólo espantada de verla entre ladrones. La crisis sacudió las faldas al Gobierno y descubrió más de lo que estaba previsto: la despensa estaba vacía. ¡Contrición, confesión! Los bancos se lo han llevado y ya ningún crédito nos dan. Pero a ellos qué más les da, si ya hicieron su fortuna y vanagloria con todo cuanto podían de las cajas agarrar.

¿Pues qué nos falta a nosotros? El juicio. ¿Pues qué no tienen ellos? Compostura. ¿Qué Gobierno merecemos, entonces? Un Ejecutivo gibado… y la ministra ignorante Alfea, que nunca hizo ni un tuit. ¡Oh campaña, quiero quejarme! “Pues querrás que se celebre / por verdad lo que no es; / dar plata por oro, Inés, / es vender gato por liebre”. Que si algo sabe la casta, es de astucias y quimeras. Y si de algo podemos preciarnos… ¡es de creérnoslas!

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