23 de marzo de 2019, 17:29:57
Opinion


El triángulo Israel-Turquía-EE.UU: ¿debería disculparse Israel?

Ely Karmon


Durante los últimos días, América ha presionado mucho, desde las más altas instancias, a Israel para que pida disculpas a Turquía por los nefastos resultados de la flotilla “humanitaria” internacional guiada el 20 de mayo de 2010 por la organización turca islamista IHH, en la que murieron nueve ciudadanos turcos mientras resistían violentamente a la operación de los marines israelíes para frenar el intento de infringir el bloqueo de Gaza.

El incidente ha dado lugar a una crisis sin precedentes en las relaciones entre Turquía e Israel y ha influido negativamente en la importante alianza regional de EE.UU. con los dos Estados no árabes.

Desde el principio de la crisis, la administración de Obama ha intentado mediar entre los dos gobiernos rivales, amparándose en la inminente publicación del informe Palmer de la ONU sobre el incidente, que seguramente dé legitimidad al bloqueo naval israelí de Gaza, y le pida que exprese sus condolencias por los trágicos resultados del incidente.

El gobierno de Erdogan está bastante presionado por los resultados de la comisión de investigación de la ONU e insiste en que Israel se disculpe públicamente y pague indemnizaciones a las víctimas turcas, pues de lo contrario amenaza con degradar las relaciones bilaterales y tomar otras medidas no especificadas.

El gobierno de Netanyahu ha optado por no ceder ante la presión americana y turca en lo relativo a pedir disculpas, así como posponer su postura definitiva al respecto hasta después de que se publique el informe de la ONU.

El gobierno israelí, o al menos parte de él, no está convencido de que las disculpas vayan a normalizar las relaciones y está preocupado de que la legitimidad que ello daría a la conducta turca pueda provocar que se tomen medidas jurídicas internacionales contra los políticos y los militares israelíes.

A nivel estratégico, la insistencia de EE.UU. en que Israel pida disculpas, en la esperanza de que así se restablezcan las buenas -o al menos correctas- relaciones entre sus dos importantes aliados, se debe a su inestable posición regional, ya que los resultados de la “Primavera Árabe” parecen encaminarse hacia un Oriente Medio antiamericano más islamista.

Además, después de que la intervención de Occidente en Libia provocara resultados operativos desiguales y reveses políticos internos para el presidente Obama, el gobierno de Erdogan parece ser el único interlocutor internacional capaz de afrontar el régimen de Assad, atrapado en la sangrienta represión de los sirios.

Un análisis más pausado de la situación y las futuras tendencias regionales no corroboran la optimista evaluación de la administración de Obama sobre los resultados que tendrían las disculpas de Israel a Turquía.

Desde el punto de vista israelí, aparte del ultimátum de Erdogan a Israel “para que se disculpe e indemnice”, existe la amenaza de que “si no levanta el embargo [de Gaza], no es posible que mejoren las relaciones entre Turquía e Israel”.

Esta condición sine qua non muestra claramente que Erdogan, que tiene previsto visitar Gaza en un futuro próximo, trabaja con ahínco para reforzar las relaciones turcas con Hamas, para darle al movimiento islamista un impulso internacional y, en definitiva, para afianzar uno de los principales obstáculos hacia un proceso de paz entre Israel y los palestinos.

Hace tan sólo dos semanas, Usama Hamdan, responsable de las relaciones internacionales de Hamas, declaró durante una conferencia internacional sobre la “resistencia” que tuvo lugar en El Cairo con el apoyo de la Hermandad Musulmana de Egipto: “El conflicto [palestino-israelí] no llegará a su fin hasta que Israel llegue a su fin… Nunca reconoceremos a Israel, y hoy aún digo más; [digo que] Israel ni siquiera existe en nuestro vocabulario político o intelectual.”

Y mientras Turquía ha condenado recientemente la decisión israelí de autorizar la construcción de más de 900 apartamentos en el Jerusalén oriental, su gobierno no condenó en ningún momento el mortal ataque terrorista de los palestinos del 18 de agosto en el sur de Israel.

Paradójicamente, ese mismo día, las fuerzas aéreas turcas bombardearon “60 objetivos predeterminados que pertenecían a la organización separatista [PKK]” en Iraq, y su artillería, empleándose “a fondo”, alcanzó a 168 objetivos adicionales.

La firme política de Turquía frente a la represión del régimen de Assad no es tanto una adaptación a las posiciones de Occidente y EE.UU. como el resultado del miedo a que la inestabilidad de Siria, la matanza de tantos suníes por el régimen alauita y el fuerte restablecimiento del problema kurdo y del terrorismo del PKK dentro de Turquía, puedan poner en riesgo los esfuerzos del gobierno del AKP por obtener la hegemonía regional y lograr el necesario desarrollo económico interior.

A largo plazo, Ankara está ya preparándose para un panorama en el que la Hermandad Musulmana pueda convertirse en el siguiente gobernante y potencial aliado en Siria (y en Egipto), como lo es Hamas en la actualidad. Esto mejoraría aún más el estatus regional de Turquía, si bien sobre una base más islamista, como competidor de la otra hegemonía islamista: Irán.

En el ámbito interno, Erdogan ha neutralizado casi por completo a los militares tras la dimisión de sus líderes y el arresto de docenas de oficiales de alta graduación, y ahora está trabajando para modificar la constitución e implantar un sistema presidencial, pasos que no auguran nada bueno para el régimen secular de Turquía.

Por esta razón, pedir disculpas a Turquía por el incidente de la flotilla quizá traiga la tranquilidad a corto plazo en las relaciones bilaterales con Israel, pero no una cooperación real de carácter estratégico entre los dos antiguos aliados; es más probable que dichas disculpas supongan un impulso para las credenciales islamistas del gobierno del AKP y su posición regional.

Egipto: otro problema con las disculpas
Cuando este artículo de opinión está a punto de publicarse, Israel afronta un nuevo “problema con las disculpas”.

El ataque criminal por parte de un gran grupo terrorista palestino, que desde Gaza penetró en el sur de Israel a través de la frontera egipcia Sinaí, disparó cohetes y armas automáticas y mató a seis civiles israelíes y a dos soldados, dio también por resultado la muerte de cinco soldados egipcios.

Todavía no está claro si los soldados egipcios fueron matados por fuego israelí o por los terroristas palestinos. Extrañamente, esos soldados no intervinieron para frenar el ataque terrorista que se estaba produciendo delante de sus narices, y los israelíes que escaparon al fuego infernal testificaron que los soldados o los terroristas disfrazados de soldados egipcios dispararon contra ellos.

El gobierno militar egipcio, bajo la presión popular alimentada por la Hermandad Musulmana, acusó a las fuerzas israelíes de haber matado a los guardias de seguridad egipcios durante los tiroteos con los palestinos, pidió que se disculparan inmediatamente y que se hiciera una investigación; además amenazó con llamar a consulta a su embajador.

Parece que el gobierno egipcio tampoco se quedó conforme con las declaraciones oficiales de Israel en las que decía que no controlaba la Península de Sinaí.

El gobierno egipcio, los numerosos políticos egipcios que intentan abrirse camino en las futuras y reñidas elecciones, que pedían represalias inmediatas contra Israel, y los medios de comunicación egipcios en su conjunto, no mencionaron los mortales resultados del ataque terrorista procedente de su territorio, conducta que evoca el “modelo turco”.

¿Y qué decir de los cinco ataques a los gasoductos de Sinaí, que no sólo abastecían a Israel, sino también a Jordania y Siria y que causaron enormes pérdidas económicas a Egipto? ¿Y de los ataques terroristas contra las fuerzas policiales egipcias en el norte de Sinaí? ¿Y de los tres batallones egipcios enviados a Sinaí para combatir a esos insurgentes en coordinación y con la aprobación del gobierno israelí?

El diario egipcio Al-Masry Al-Youm decía ayer que la junta directiva de seguridad del norte de Sinaí había desarrollado un plan para detectar a los infractores de la ley en coordinación con la junta directiva de seguridad del sur de Sinaí, Suez e Ismailia; que el ministro de interior Mansour al-Essawy ordenó enviar policías a los puntos de control que habían sido atacados durante los últimos días por grupos armados; que el jefe de la junta directiva de seguridad del norte de Sinaí anunció el estado de emergencia anticipándose a otros posibles ataques por proscritos que pudieran aprovechar la tensión que hay en la frontera para dirigirse a lugares e instituciones importantes; y que continuaban las represiones por sexto día consecutivo en Arish, donde las fuerzas de seguridad intentan erradicar a los elementos yihadistas. En este artículo tan detallado, ¡ni siquiera se hace mención al ataque palestino!

El gobierno israelí, en lugar de disculparse, ha declarado que lamenta la muerte de los soldados egipcios. Israel está claramente interesado por mantener vivo a cualquier precio el acuerdo de paz con Egipto. No es seguro que unas disculpas en toda regla vayan a frenar la creciente tendencia islamista y anti-israelita de Egipto.

Al menos tres de los autores de los ataques terroristas al sur de Israel eran ciudadanos egipcios de un grupo extremista islámico, según un informe de Al-Masry Al-Yaoum. Uno de ellos se había escapado de una prisión egipcia durante la revolución. Los terroristas palestinos de Gaza lanzaron este miércoles un cohete de corto alcance Kassam en Rafah, ciudad egipcia fronteriza con Sinaí. Es de suponer que están indignados por la cooperación de Egipto con Israel en la caza de los responsables del asalto terrorista de la semana pasada. El diario egipcio Al-Shorouk informa que el ejército egipcio planeó el cierre del túnel de contrabando que une la Franja de Gaza y Sinaí.
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