13 de abril de 2021, 0:15:32
Mundo

EL IMPARCIAL consulta a economistas, politólogos o expertos en terrorismo


Los expertos coinciden: nada ha vuelto a ser lo mismo después del 11-S


Este domingo se conmemoran diez años desde los brutales y trágicos atentados contra el World Trade Center de Nueva York, una fecha que muchos llevan grabada en la memoria como uno de los episodios más relevantes de la historia reciente. EL IMPARCIAL se ha acercado a la tragedia para intentar averiguar cómo ha cambiado el mundo desde entonces. Economistas, politólogos, expertos en terrorismo, activistas de los derechos humanos... Todos coinciden: nada volverá a ser igual después del 11S.


Martes, 11 de septiembre de 2001. 08.46 de la mañana en la costa este de Estados Unidos. El avión 11 de American Airlines, entonces en poder de un comando de terroristas de Al Qaeda, impacta contra la Torre Norte del World Trade Center (WTC). Durante las siguientes horas, los renglones más dramáticos de la historia reciente de EEUU se escribieron en el sur de Manhattan. Nueva York se sumía en una nube de polvo y de escombros, la Gran Manzana resultaba herida de muerte, la capital del mundo era atacada.

Al primer impacto le siguió otro en la Torre Sur del WTC, un ataque contra el Pentágono y el secuestro y posterior accidente de un cuarto aparato sobre los campos de Pennsylvania. En cuestión de apenas 77 minutos, los que transcurrieron entre el primer ataque y la caída del vuelo 93 de United Airlines, el mundo asistió a un hecho histórico que lo cambiaría de manera irremediable para siempre.



Un mundo en guerra
La llegada a la Casa Blanca de George W. Bush escasos ocho meses antes de los atentados supuso un cambio de política exterior respecto a la implementada por su predecesor en el cargo, Bill Clinton, más amigo del multilateralismo. Bush, ex gobernador de Texas y republicano convencido, era un gran defensor de la hegemonía absoluta de Estados Unidos en el mundo y el 11-S fue el acicate necesario para desarrollar una política militar en todo el globo.

Pocos días después de la caída de las dos Torres Gemelas, el ejército norteamericano bombardeaba Afganistán dando comienzo a la guerra que aún hoy sigue activa. Decenas de miles de millones invertidos, 1.760 soldados estadounidenses muertos (2.701 si se suma el resto de nacionalidades) y una coalición internacional, la ISAF, respaldada por la OTAN no han logrado asentar la democracia en el país asiático y EEUU empieza a cansarse de la inacabable lucha contra los talibanes.

En declaraciones a EL IMPARCIAL, James Levy, responsable del Partido Republicano en España, recuerda que "en toda la historia de Estados Unidos jamás hemos estado tanto tiempo en guerra, ya que, hasta el 11-S, el periodo bélico más prolongado fue la contienda de Independencia contra Gran Bretaña". En este sentido, Levy señala que "un periodo tan largo de guerra ha tenido un efecto muy corrosivo sobre la sociedad norteamericana".



Además de Afganistán, Bush también emprendió una guerra en Iraq bajo el falso pretexto de que el régimen del malogrado Sadam Hussein almacenaba armas de destrucción masiva y de que los vínculos con la organización Al Qaeda eran evidentes. De este modo, el gasto militar sólo de Estados Unidos se incrementó de manera exponencial. Mientras el presupuesto de Defensa para el curso 2000 fue de 311.000 millones de dólares, en 2002 ya era de 328.000 millones (un 5,4 por ciento más) y el año pasado sobrepasó los 663.000 millones (un 113 por ciento más).

Pero, aunque Estados Unidos haya demostrado a lo largo de esta década su supremacía armamentística, lo cierto es que sus ciudadanos no se sienten más seguros después de haber terminado con Sadam y con Osama bin Laden. "Los ataques de hace diez años pusieron de manifiesto la vulnerabilidad del pueblo estadounidense", reconoce Levy.

Al Qaeda ya no es lo que era
Por otro lado, el nuevo panorama que dibujó el 11 de septiembre de 2001 afectó a la naturaleza y a las formas de actuar de Bin Laden y sus adeptos. El saberse en la picota de Occidente hizo que la multinacional terrorista tuviera que mutar para sobrevivir.

En este sentido, Eric Frattini, escritor e investigador experto en la red islamista, afirma en declaraciones a este periódico que "Al Qaeda de hace diez años, que era una organización piramidal con un jefe supremo, Osama bin Laden, y un grupo de células controladas y estructuradas, ya no tiene nada que ver con la actual, que es más una idea, una franquicia, una marca que se ha extendido por el mundo para justificar el terrorismo y que, a la postre, es más difícil de combatir".

Esta afirmación es respaldada por Fernando Reinares, investigador del Real Instituto Elcano y experto en Seguridad y Defensa, que señala a EL IMPARCIAL que "antes del 11-S, hablar de terrorismo global era hablar de Bin Laden, pero ahora hay que mencionar a los socios de Al Qaeda (Al Shabab), a sus distintas células y ramificaciones (Al Qaeda del Magreb Islámico) y a los miles de seguidores que les imitan sin tener vínculo alguno".



Además, el nuevo terrorismo ha cambiado y con él las formas de combatirlo. "Ahora cualquiera puede montar una célula terrorista e imprimirle el sello de Al Qaeda, aunque no tenga relación real con la organización matriz", sostiene Frattini al tiempo que dibuja un perfil del nuevo terrorista: "es lo se que llama un ‘invisible’, una persona que hace una vida normal, que no levanta sospechas, que suele tener pasaporte occidental y que, en un momento dado, decide atentar".

Pero de la mano del nuevo terrorista han surgido nuevas estrategias para combatirlo. Los atentados de Nueva York y Washington implicaron la anexión de las medidas antiterroristas a las políticas de seguridad nacionales y "aunque décadas de Eta o del IRA no fueron suficientes para implementar una cooperación policial en la UE, el 11-S sí lo logró, ya que, a partir de esa fecha, se crearon, entre otras medidas, las euroórdenes de detención", afirma Reinares.

Choque de culturas, choque de derechos
Tras aquel martes trágico de hace diez años, la comunidad musulmana pasó a estar en el ojo del huracán. La caída del muro de Berlín y la victoria del capitalismo occidental sobre el comunismo soviético hizo que los expertos identificaran al conflicto interreligioso como el leit motiv de la nueva Guerra Fría. Más de 1.000 millones de personas, una quinta parte de la población mundial, se convirtieron en sospechosos, en colaboradores o en potenciales terroristas.

"Los atentados han perjudicado la visión que se tiene del mundo árabe, ya que se ha generado una serie de estereotipos que no se ciñen a la realidad y que le han hecho mucho daño a la comunidad musulmana", apunta a este periódico Luciano Zaccara, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en el mundo árabe.

El académico, una eminencia en asuntos iraníes, considera que los musulmanes en su conjunto han pagado los platos que rompieron unos pocos y que aún hoy persiste el recelo a la comunidad islámica, que no islamista. "Antes del 11-S, uno pensaba en un árabe y veía a un jeque con petróleo o a un hombre con turbante; ahora, y hasta las revueltas de esta primavera, musulmán equivale a terrorista, a radical, a talibán, a violento o a, como mínimo, sospechoso", añade.

Pero los problemas también se viven dentro de Estados Unidos y no se circunscriben sólo a los seguidores de Alá. James Levy afirma que "vivimos (los estadounidenses) en un estado policial, se ha sacrificado mucha libertad y mucha intimidad en favor de la seguridad y la guerra sólo ha sido una excusa para que determinados cuerpos estatales disfruten de poderes especiales". Una opinión que respalda Frattini, que cree que estas concesiones de la ciudadanía se han hecho "sabiendo que violan los derechos de las personas".



Otro frente que ha visto cómo el 11-S le afectaba de manera directa es el de los derechos humanos. Las guerras de Afganistán e Iraq dieron el pistoletazo de salida a un nuevo concepto bélico: la lucha contra el terror. Amparados en la búsqueda y captura de posibles sospechosos de planear o perpetrar ataques contra Occidente, numerosos servicios secretos de todo el mundo han puesto en práctica métodos de interrogatorio calificados como torturas por las ONGs.

"En nombre de la guerra contra el terrorismo se han producido violaciones de los derechos humanos que no nos esperábamos por parte de gobiernos democráticos, como el estadounidense y con la complicidad de algunos europeos", afirma a este periódico Eva Suárez, directora adjunta de la sección española de Amnistía Internacional (AI).

Además, Suárez cree que no se debe olvidar que "el 11-S dio paso a una década plagada de atentados en diferentes partes del globo (Indonesia, Kenia, India, Paquistán, España, Reino Unido, etc.) y abrió la puerta a una época plagada de terror y de ataques brutales contra la dignidad humana como han sido las guerras de Afganistán e Iraq, las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo, los vuelos secretos de la CIA, etc.".

La base estadounidense en suelo cubano ha sido uno de los iconos de esta batalla contra el terror. A pesar de que Barack Obama prometió el cierre de Guantánamo durante su campaña electoral, el penal sigue operativo después de que 800 presos de 42 países hayan pasado por sus celdas con un saldo trágico: siete presos han muerto en estos diez años (cinco suicidios, un caso de cáncer y una muerte pendiente de investigación).

Además, "el 11-S supuso una respuesta inadecuada y poco respetuosa con los derechos humanos de los gobiernos al terrorismo que ha puesto de manifiesto un falso conflicto entre las libertades individuales y la seguridad", afirma Suárez al tiempo que añade que "para AI, habrá más seguridad cuanta más gente vea reconocidos sus derechos en el mundo".

¿Está el 11-S detrás de la actual crisis financiera?
Antes de que las Torres Gemelas colapsaran tras los impactos, el World Trade Center representaba el liderazgo económico de Nueva York. La Gran Manzana era la capital del mundo y "que los ataques se produjeran justo allí no fue una casualidad", afirma a EL IMPARCIAL Gonzalo Gómez Bengoaetxea, investigador del IESE Business School.

Para evitar el desplome mundial de las bolsas, Wall Street, como medida de urgencia, decidió cerrar sus puertas. Pero esta decisión no logró taponar la herida financiera que Al Qaeda había infligido a la economía mundial. "El 11-S tuvo un efecto negativo en la confianza y en la percepción de los inversores y de los consumidores americanos, europeos y japoneses, principalmente, y afectó de una manera muy evidente a las perspectivas empresariales a escala mundial", reconoce Gómez Bengoaetxea.



Ante el riesgo de que la economía global quebrara, la administración Bush, al contrario de lo que suelen hacer los gobiernos republicanos, se vio obligada a intervenir en las cuentas de EEUU y a inyectar miles de millones de dólares en el sistema financiero. "Los ataques contra el WTC buscaban herir la economía de Estados Unidos y lo que realmente se quería a largo plazo era la quiebra del país, lo que ha provocado que el intervencionismo gubernamental haya ido creciendo al más puro estilo soviético y que EEUU esté casi quebrado y sólo se sostenga gracias a sus acreedores chinos y japoneses".

Más allá del temor generalizado, hay expertos que especulan con que el 11-S es el origen de la actual crisis financiera global y que la recesión que hoy viven Estados Unidos y Europa tuvo como germen aquel martes negro. "Hay que recordar que los atentados provocaron que la Reserva Federal y el Banco Central Europeo dieran comienzo a una etapa de tipos de interés bajos para evitar el estancamiento de la economía y que fue este el origen, aunque no la causa única, de algunas de las burbujas que nos han llevado en parte a la actual crisis", afirma el investigador del IESE.

De este modo, y como apuntan algunos historiadores, el 11-S, más que un hecho puntual, es un capítulo que ha trastocado casi todos los ámbitos de la vida a escala mundial. Algunos incluso creen que podría suponer el fin de la Edad Contemporánea.

Desde el aumento de la seguridad y el nuevo concepto de terrorismo, pasando por el ataque a los bolsillos de los consumidores, sus derechos y libertades y el cambio al multilateralismo en la política internacional, muchos frentes se han visto afectados por los atentados de 2001. Sólo la perspectiva del tiempo evaluará el verdadero peso de este trágico episodio en el desarrollo histórico de la humanidad.

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