15 de octubre de 2019, 20:36:42
Economía

Entrevista


Ramón Tamames: “Hacen falta estímulos, sólo con la austeridad vamos a otra recesión inducida por el Gobierno”



Usted fue el primero al que le escuché que el mundo se encaminaba a una segunda recesión. En su libro se pregunta cómo y cuándo acabará la crisis.

Yo lo digo de dos formas, la crisis mundial es muy complicada e, indudablemente, se relaciona con los disparates de la política económica americana, en parte derivada del 11-S, que se celebró hace unos días por todas partes, pero solamente algunos señalaron que aquello fue el comienzo de la decadencia de Estados Unidos y que además las consecuencias económicas de las dos guerras en Iraq y Afganistán están siendo pavorosas. En resumen, el plano internacional es muy complicado y dual, porque hay países que están creciendo y otros que están en estancamiento, como España.

Nuestro problema, aparte de un stock de viviendas de reciente construcción sin vender que pesa como una losa y que nadie ha planteado seriamente cómo ir digiriéndolo, es que hemos dejado de ser competitivos. Tenemos una productividad muy baja, un sistema laboral muy anticuado, muy rígido y, por lo tanto, los capitales extranjeros tienen poco interés por España en estos momentos, se van a los países emergentes y los capitales propios, simbolizados en el Ibex 35, se van fuera porque no encuentran oportunidades de mercado en España. Creo que el problema fundamental es que la economía sea competitiva. Y eso significa un nuevo mercado laboral, un nuevo mercado financiero y fiscal, una política de austeridad combinada con incentivos para el crecimiento. Eso es lo que trato de explicar en mi libro.

Y eso es lo que le ha gustado tanto a Luis María Anson[Toma un recorte de la columna de Luis María Anson ‘Las cartas boca arriba’ del diario El Mundo del pasado domingo, 11 de septiembre, en la que el académico de la lengua dedica una de sus misivas al libro de Ramón Tamames y en la que repasa algunas de sus propuestas, como la de legislar estímulos para que 3.500.000 pymes incorporen a un empleado más, de forma que acabaría el problema del desempleo]

En resumidas cuentas, cuando se pregunta cuándo se acabará la crisis hay dos respuestas: una, cuando Dios quiera, que esa es la que esperaban los socialistas: un milagro, pero los milagros son poco frecuentes. La segunda contestación es que la crisis y el estancamiento seguirán mientras el modelo sea rígido e insostenible. Las reformas que yo propongo son para hacerlo flexible y sostenible.

Usted habla de que en España falta un proyecto de país...

Sí, aquí vamos a hacer el parche de cada día porque todo se está deteriorando, pero un proyecto de país no ha habido, porque en las épocas de bonanza todo se fiaba a la industria de la construcción y en esta época de estancamiento se va dando bandazos en función de lo que dice el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, la Unión Europea, el Banco Central y no hay una política que, escuchando a todos, tenga un proyecto propio. Ni la va a haber en lo que le queda a Zapatero, que está moribundo.

También alerta de un peligro de estanflación.

No es el peligro principal, que es el estancamiento puro y duro, pero si fuera asociado a la inflación sería todavía peor. El problema nuestro es que siempre tenemos una tasa de inflación superior a la del resto de los países de la zona europea. Pero el verdadero riesgo que tenemos es el crecimiento del paro.

Otra cosa muy interesante en su libro, porque está de plena actualidad, es que habla usted de las políticas keynesianas, que han sido las políticas que hasta ahora se han seguido para atajar la crisis. Pero empieza el debate: en Europa se está viendo que se imponen techos de endeudamiento en la Constitución, mientras que Obama en EEUU sigue insuflando dinero en la economía.

Ahí lo que refleja Obama es la circunstancia de que no pertenece a ningún club. EEUU es completamente autónomo e independiente, pero nosotros no. El presidente de EEUU puede hacer lo que quiera porque tiene el dólar, un privilegio extraordinario, lo que se llama el privilegio del señoreaje. Es el señor del dólar y puede pagar con unos papelitos que imprime a su antojo la Reserva Federal. Nosotros no podemos hacer eso. Estamos en un club que es el del euro, en el que lo que prima en estos momentos es la austeridad, pero con la austeridad sólo no vamos a resolver los problemas, porque lo que estamos haciendo es recortar gastos, recortar ingresos, cubrir los objetivos del déficit, si es que podemos, pero todo eso significa una nueva recesión inducida desde el propio Gobierno. Y la recuperación, ¿cuándo empieza? Bueno, según la teoría del milagro, cuando se reactive la economía internacional, que no lleva camino. Según la teoría del cambio de modelo, cuando el modelo esté en condiciones, cosa que no se está haciendo tampoco, Además, queda la cuestión de que España no se va a recuperar mientras no haya una política europea de recuperación. Lo que estamos es ajustando cuentas, pero para un nivel de pobreza importante. De empobrecimiento, quiero decir. Si queremos acabar con el paro o reducir el embalse de paro razonablemente hace falta otra política de incentivos. ¿Y cómo salen esos incentivos? Muy difícil con los recursos que tenemos y si no hay una inversión extranjera masiva. Pero ello sólo puede venir si tenemos un modelo competitivo.

Es el círculo vicioso que aparece en el libro, el hexágono: el estancamiento hay que abrirlo con inversión extranjera y no puede venir si España no es un modelo competitivo.

Y siguiendo con el límite de endeudamiento de la Constitución, ¿qué le parece a usted, que fue uno de los firmantes, que se toque la Carta Magna?

Es una reforma innecesaria, porque pocas semanas antes el Tribunal Constitucional le había reconocido a la Administración General del Estado, al Gobierno de la Nación, la posibilidad de establecer todos los techos que quiera, al gasto en general y a las comunidades autónomas en particular. Esto es tratar de demostrar que se hacen los deberes, pero una vez que se ha hecho y se ha cumplido con el ‘diktat’ alemán, eso, ¿para qué sirve? ¡Para nada!, porque al día siguiente los mercados estaban castigando a España con las peores primas de riesgo. Lo que hay es mucho teatro y mucha farsa, que sirve para poco.

Usted también dice que tiene que adelgazar la Administración.

Mucho. Tenemos una hipertrofia administrativa, cuando hicimos los Pactos de la Moncloa teníamos millón y medio de funcionarios. Hoy tenemos más del doble y en cambio la población ha crecido sólo un 20%. Tenemos un factor hiperburocratizado de cinco veces. Y eso no puede ser. Y además cuando tenemos mucha administración no solamente cuesta más todo, es que los funcionarios tienen que demostrar que son útiles y todos intervienen, y en vez de hacer una central nuclear en cinco años se necesitan catorce. Y en vez de hacer un puerto deportivo en tres años se necesitan siete, porque hay que pedir permisos a todos y se resisten porque tratan de demostrar que son interesantes y que lo que hacen es servir al país, cuando en realidad lo que están haciendo es una economía lenta, farragosa y poco competitiva.

En la eurozona, usted habla de 27 planes anticrisis. ¿Ve posible un Gobierno económico único?

En un libro mío sobre el comienzo de la crisis -este es el segundo y no descarto la posibilidad de un tercero- se dice que en vez de un plan único ha habido 27 y ahora que ha tocado lo más sensible, que es la moneda, se comienza a hablar de un plan único. La eurozona sí que ha tomado el toro por los cuernos, ahora sí se puede hablar de un programa conjunto europeo y de ahí surgen las figuras como la del Fondo Económico Europeo, que será efectivo el año 2013, aunque ya hay un fondo preparado provisional, seguramente un ‘superministro’ de Hacienda, por cuya comisión tendrán que pasar todos los presupuestos para ver si encajan con la disciplina del euro. Eso ya empieza a ser un plan europeo para la moneda. Pero implica que debemos ir a una fiscalidad europea común y a unos programas de gasto público también armonizados, es el corazón de la política, lo demás viene por añadidura o por extensión.

¿Y no supone una pérdida de soberanía?

No lo llame pérdida de soberanía. Es la visión pesimista. Es una puesta en común de la soberanía. Los que han perdido la soberanía son los daneses, que no quisieron entrar en la moneda única pero están asociados con un tipo de cambio fijo al euro, ya que no están en el banco central ni pueden opinar sobre el euro. La moneda danesa oscila con el euro y ahora también la suiza. La gente no se ha dado cuenta de lo importante que es que Suiza se haya vinculado al euro con un tipo de cambio fijo, de 0,82 euros por franco suizo. Eso ha sido una devaluación y lo que llamamos en jerga internacional un "pegging", es decir, una referencia fija al tipo de cambio basado en el euro. Es muy importante para acallar a los que hablan de la debilidad del euro, porque entre otras razones es como si el franco suizo estuviera dentro del euro, vamos a ver por cuánto tiempo.


Foto: Juan Pablo Tejedor

Dice en el libro que la política de los rescates no ha sido efectiva.

No, porque ha sido montada sobre la marcha sin un instituto fijo, como va a ser el del Fondo Monetario europeo desde el año 2013, improvisando, haciendo unas derramas sobre la marcha a ver cuánto tiene que poner cada uno para ayudar a Grecia o a Irlanda o a Portugal. Ahora, si no hubiera habido esos rescates, esos países hubieran ido fuera del euro y ahora estaríamos todavía peor. Seguramente hubiéramos sucumbido España, Italia y Francia. Y se habría quedado la zona euro con Alemania, Bélgica, Holanda y Dinamarca, lo que era la zona de influencia del Bundesbank, antes de crearse el euro.

Lo que no se puede ser en estos momentos es ser tan exigente como el señor Jürgen Stark (ex consejero alemán del BCE) que por miedo a la inflación no quiere que se emitan eurobonos y se puede cargar el dibujo europeo por eso. O sencillamente quedar la eurozona convertida en un remedo del marco alemán, que se llama euro, con Alemania y países colindantes. Los que he dicho antes más Austria, Eslovenia, Estonia, Dinamarca, Holanda y poco más. Sería una catástrofe para Alemania porque no hay que olvidar que Alemania exporta más de la mitad de su producción a la Unión Europea.

Es el histórico miedo alemán a la inflación…

Sí, por la memoria histórica de la república de Weimar, cuando una barra de pan valía 500.000 millones de marcos.

Usted habla de una relación bipolar China-EEUU, dice que en 2016 China va a superar el PIB de EEUU y en 2050 lo va a triplicar. ¿Cómo va a ser ese mundo?

(Se ríe) ¿Cómo va a ser ese mundo? Esa es la pregunta. Esa es la madre del cordero, porque si China es la fábrica del mundo significa que lo que hace no lo hacemos nosotros y la recuperación es muy difícil porque tiene abiertas sus puertas en todos los mercados: nos exporta 18.000 millones de euros y lo que nosotros le exportamos no llega a 3.000.

En la revista de Política Exterior he hecho un comentario al libro de Henry Kissinger ‘On China’, sobre China. Es un libro interesante: lo que propone Kissinger es lo que estamos planteando algunos desde hace años. Primero, que si China va adelante, y así va a ser, EEUU no puede interpretar eso como un ‘casus belli’, y que por tanto hay que encontrar un entendimiento entre ambos países, y ese entendimiento no es tan lejano, porque afortunadamente hay una simbiosis económica: China vende mucho a EEUU y EEUU consigue créditos de China. Es una transacción del mercado por la financiación. Y eso es una buena cosa. Cuando EEUU y Rusia estaban a matar durante la Guerra Fría, no había inversiones entre las dos potencias. Era la más absoluta separación. Ahora los potenciales adversarios están unidos en una misma estructura económica y eso es muy importante y muy bueno. Es lo que propone en cierto modo Kissinger: una comunidad del Pacífico con dos orillas: la de las Américas, con EEUU como foco principal; y la de China como ventana principal, al igual que hay una comunidad atlántica. No hay peligro de guerra entre Inglaterra y EEUU. Alemania también perdió dos guerras con EEUU.

Lo que plantea Kissinger es que la comunidad del Pacífico se siente sobre esas mismas bases. Y que empecemos a hablar de economía mundial más que de los países concretos.

Y, ¿usted cree que veremos terminar la supremacía del dólar, de ese señoreaje del que usted habla?

Tengo presentado en el Club de Roma, en la Unión Europea y también en el Tercer Foro Económico de Astaná una idea de unión monetaria mundial, que es algo inevitable, porque todo se globaliza. ¿Cómo no se van a globalizar los medios de pago? Hemos ido a un globalización integral en la Unión Europea con el euro. Se hizo de muy buena fe, con mucha sencillez y ahora vienen las complicaciones, que vamos a resolver y tendremos un euro basado en un Banco Central, un fondo monetario, y unas disciplinas de unión fiscal. Entonces el euro manda ya en 17 países europeos más catorce africanos, porque son en total 31 países. Que a la vuelta de diez años estará en 35 o 40 países. Y EEUU está de hecho en una docena larga porque las economías americanas y africanas están dolarizadas. Esas dos monedas se tienen que poner de acuerdo quizá con el yuan chino y el yen japonés en hacer como hicimos en el Tratado de Maastricht: una cesta de monedas que posteriormente se convierte en una moneda global, que la tendremos. Yo propongo el nombre de ‘cosmos’.
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