28 de enero de 2020, 12:52:38
Opinion


La derrota de ETA o su victoria

Ricardo Ruiz de la Serna


Esta semana el Estado democrático –es decir, España- ha logrado una victoria frente a los terroristas, sus amigos y sus simpatizantes, esto es, ETA y su entorno. La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha condenado por pertenencia a organización terrorista en grado de dirigentes a Arnaldo Otegui –aquel hombre de paz que celebraba José Luis Rodríguez Zapatero- y a Díez Usabiaga a sendas penas de diez años de prisión.

En las dos últimas legislaturas hemos asistido a varios intentos de cesión frente a ETA. Primero fue la negociación. ¿Se acuerdan? Debe de haber pocos recuerdos tan infames y tan tristes como aquel intento de engañar a los españoles escondiendo lo que, en realidad, era una claudicación frente a los terroristas. Entonces las togas debían mancharse con el polvo del camino; las huelgas de hambre de De Juana Chaos incluían sesión de fotos y sándwiches; y a los terroristas se les avisaba por teléfono para que huyesen antes de ser detenidos. Estas cosas sucedieron en España, aquí, en nuestra tierra. Un atentado con dos muertos era un accidente. A los terroristas siempre les lavaba la cara un político –había que negociar, había que entenderse…- como si se tratara de discusiones vecinales o del reparto de una herencia. Después llegaron las detenciones (¿se dan cuenta del horror de ese adverbio ¨después¨?) Mientras el Gobierno sacaba pecho, las comparecencias de Rubalcaba en el Congreso solían ir precedidas de noticias favorables en la lucha policial contra ETA.

La cuestión política era y es otra cosa.

Desde hace años, ETA ha ido avanzando en el terreno político. Los terroristas y sus amigos han ido ocupando el lenguaje político y el espacio público. El entramado social de los nacionalistas afines a ETA ha ido creciendo. Han vuelto las conmemoraciones y los homenajes a los terroristas. Ha seguido la extorsión a los empresarios (la carta, el mensajero, el cobrador… los personajes de un drama que en España ya dura décadas). El discurso de ETA ha ido penetrando en las palabras que usamos, en el modo de expresarnos cuando hablamos del País Vasco. Ya saben: la jerga de Otegui y sus secuaces: la solución democrática, el proceso, la izquierda abertzale… Se repite una y otra vez que todas las ideas pueden defenderse por vías democráticas como si eso no fuese el mínimo exigible pero no suficiente. Adolph Hitler llegó al poder con unas elecciones. En Chile sigue habiendo pinochetistas. Llegar al poder por medios democráticos no legitima a tiranos ni dictadores. Hay ideas abominables por muy demócratas que digan ser aquellos que las defienden y por democráticos que parezcan – y aun sean- sus métodos.

Así, poco a poco, ETA fue ganando por la vía política lo que iba perdiendo ante la Policía y la Guardia Civil. Gracias a diversas máscaras fue manteniendo su presencia en los Ayuntamientos directamente o a través de amigos o simpatizantes. Sigue habiendo muchos a quienes ETA les entristece pero no les repugna. Jugaban a favor de los terroristas las dificultades probatorias en el proceso penal, ciertas interpretaciones judiciales y una falta de voluntad política del Gobierno. Parecía que el precio por derrotar policialmente a la banda de asesinos fuese darles una victoria política que les permitiese estar en las instituciones. ¡Oh! No, a los asesinos no, pero sí a quienes asumían el fondo de su discurso mientras condenaban todas las formas de violencia como si fuese lo mismo un Estado democrático que una partida de desalmados con capucha.

Y en esas estamos. Sí, hay detenciones, pero las pretensiones independentistas, racistas, radicales, totalitarias, en suma, de la banda siguen teniendo tribuna en las instituciones vascas, es decir, en España.

Estoy seguro de que el Estado derrotará a los asesinos, a los secuestradores, a los extorsionadores. No me cabe duda de que ETA está contra las cuerdas desde el punto de vista policial pero seguirá matando hasta el último momento si es que lo necesita. Ahora bien, ¿qué hacer si las ideas de ETA, ese proyecto totalitario que los asesinos pretenden, ya han entrado en las instituciones y se quedan? La Ley de Partidos Políticos –hasta el momento- parece inútil en el nuevo panorama político vasco.

ETA ha jalonado con sangre nuestra Historia pero el Estado puede derrotarla. Ahora el nuevo desafío es cómo afrontar la presencia, en las instituciones, de aquellos que dicen ser pacíficos y condenar la violencia pero cuyo proyecto es la separación del País Vasco del resto de España. Sólo cabe una victoria total sobre los terroristas que comprenda no sólo sus métodos sino también sus ideas. Si no sabemos hacer frente a ese pulso; si fracasamos en la defensa de la libertad y la unidad de España no sólo frente a la violencia sino también frente a la mentira, la manipulación y la demagogia nacionalista en las instituciones, entonces ETA, sus amigos y sus aliados habrán ganado, al final, la partida.
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