12 de mayo de 2021, 7:16:42
América

Después de 26 años


Rock in Rio vuelve a casa bajo un halo de nostalgia


Tras más de dos décadas de ausencia uno de los mayores festivales de música del mundo vuelve a la cuna que lo vio nacer. El Rock in Rio regresa a Brasil y a la ciudad que lo engendró y que para muchos no debió abandonar, con un cartel de artistas internacionales que ha generado récord en venta de entradas. Pero la euforia de su regreso no ha podido borrar la nostalgia que evoca este festival hacia sus primeras ediciones, en especial la de su debut en 1985.


Este viernes arrancó en Río de Janeiro el mítico festival Rock in Rio, aquel que en 1985 puso de nuevo a esta ciudad brasileña en el mapa, lejos de los tópicos del Carnaval, la samba y las playas de Copacabana a las que Barry Manilow le dedicó una canción. Bajo un cartel potente, condimentado con divas del pop actual como Rihanna, Katy Perry o Ke$ha; leyendas como Stevie Wonder o Elton John; e iconos como Metallica, Red Hot Chili Peppers o Lenny Kravitz, la capital de los Juegos Olímpicos de 2016, vuelve a encender los focos en el nombre del rock.

A veintiséis años de ausencia, el hijo pródigo regresa a casa para volver a sus orígenes y recuperar la esencia que ha hecho de Rock in Rio una de las citas musicales por excelencia, y que inevitablemente se fue perdiendo, tanto por los cambios de sede del festival como por la irregularidad en cuanto a su celebración.

Todo comenzó a mediados de la década de los ochenta en medio del furor de las melenas alborotadas y las licras de leopardo en tonos flúor, cuando el rock volvió a tomar un impulso gracias a una suerte de renacimiento, al que la música latinoamericana no era indiferente. En Brasil como en el resto de la región, comenzaron a abrirse paso bandas importantes como Os Paralamas do Sucesso y Sepultura, que con el tiempo cruzarían las fronteras para dejar huella dentro del Ska y el Trash Metal.



Ante el auge de nuevos talentos, al empresario brasileño Roberto Medina se le ocurrió la idea de crear un ambicioso proyecto en donde los artistas locales compartieran cartel con los grandes de la música de la época. La iniciativa pretendía impulsar el rock-pop brasileño con un festival de proyección internacional que tendría como sede una ciudad con encanto para atraer a las masas como Río de Janeiro.

El 11 de enero de 1985 las luces iluminaron por primera vez el escenario de Rock in Rio, con cabezas de cartel que harán de esta edición su mayor leyenda. En los nueve días que duró el festival, al rededor de 1,4 millones de personas fueron a ver a un AC/DC, Iron Maden, Ozzy Osbourne, Queen y Scorpions en su mayor esplendor, siendo la actuación de Freddy Mercury y Bruce Dickinson las más recordadas, junto a la de Yes bajo la inconfundible voz de Jon Anderson. A todos ellos se le sumó los sonidos de Gilberto Gil, Kid Abelha, Eduardo Dusek, y Paralamas.



Sin embargo, las expectativas superadas y el éxito que aglutinó la edición debut del festival no impidió que el segundo Rock in Río llegará con seis años de retraso.

El 18 de enero de 1991 el Estadio Maracaná acogió nueve jornadas de música con artistas de la talla de Billy Idol, Prince, George Michel y Judas Priest, a lado de bandas emblemáticas como Guns N’Roses, INX y Megadeth, a la que se les unió la leyenda local: Sepultura.

Una fórmula que hizo tan memorable esta segunda edición como su antecesora, garantizando el éxito de un evento que prometía nuevas convocatorias, las cuales tardarían una década en concretarse y que vendrían de la mano de la internacionalización del festival con su traslado a Lisboa y Madrid. Algo que debilitaría el nombre Rock in Rio como plataforma pero que a su vez ayudaría a darle más regularidad al evento.



Si bien los Rock in Rio celebrados fuera de sus fronteras han sido muy bien recibidos por la audiencia y los talentos del momento; los más puristas y leales al rock, como el músico brasileño Sérgio Augusto Bustamante, alias Serguei, que a sus 77 años es visto como una institución en Brasil; consideran que se “ha desfigurado” la esencia original del evento porque abunda más lo comercial que la buena música. En otras palabras, sus detractores piensan que el festival no hace honor a su nombre.

Para sus organizadores, el evento va de complacer a todos los púbicos y darle espacio a diversos géneros musicales, principalmente enfocados hacia el pop-rock, lo que ha incrementado la rentabilidad de Rock in Rio como franquicia, asegurando la continuidad del festival por muchas ediciones más, presumiendo de ostentar tres sedes.

A dos décadas de ausencia, Rock in Rio regresa a casa con la promesa de ofrecer un buen espectáculo a cargo de los mejores artistas de la industria, rodeado por la nostalgia que inspira el recuerdo de sus primeras ediciones, cuando abundaba el rock de un Ozzy Osbourne que invitaba a subirse a su “Crazy Train” y el de un joven Axl Rose que daba la bienvenida a la “jungla”.
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